CIRCUITO TURISTICO PRECORDILLERANO

Renato Aguirre Bianchi

No lo puedo comprender. Tanto se habla de que somos especiales y que hay que potenciar el turismo en Arica y tan poca gente sabe lo que realmente somos como identidad territorial y conoce lo que se podría hacer. El típico viaje a la laguna Chungará es pobre en temas culturales, pesado y a menudo desagradable. Hemos definido, en cambio, un circuito que se presta para el turismo de aventura con un mínimo de apoyo logístico y que, uno tras otro, va mostrando numerosos lugares que relatan nuestro interesante pasado.

Basta un vehículo 4x4 sin grandes pretensiones y un recorrido de poco más de 600km. El viaje entero puede hacerse en dos o más días, dependiendo de cuánto se quiere explorar. En cualquier parte del camino se puede pernoctar con seguridad, durmiendo en el vehículo o en carpa y hay alojamiento más formal en Belén y Codpa. En ningún momento se estará a más de 3.500m de altura o más de 90 minutos de caminata para volver al vehículo. También se pueden diseñar alternativas de un solo día, partiendo temprano en la mañana para volver al atardecer.

Pero es un requisito indispensable que el circuito se realice bajo la responsabilidad de empresas de turismo serias y que existan las instancias oficiales para fiscalizarlas debidamente, porque la "cultura" chilena es tal, que no puede arriesgarse nuestro patrimonio cultural facilitando el acceso a esos lugares sin el debido control. Hacerlo es condenarlos a una muerte rápida. Basta ver el desastre en que está la cantera de Cerro Chuño, donde los petroflifos más bellos fueron robados, canteándolos hasta con dinamita, los estúpidos rayados de los petroglifos de Ofragía, las que ya están apareciendo en Rosario y tantas otras muestras que demuestran que el público chileno no está preparado para disfrutar de los remanentes de su patrimonio cultural.

Por otra parte, de nada sirve ir a mirar amontonamientos de piedras si no se conoce su significado y la historia que cuentan. No hay en el ámbito fiscal ni en el privado información al respecto. Es decir, la explotación turística del recurso que expondremos necesita de una adecuada preparación de los responsables oficiales del turismo y patrimonio, una disposición y preparación que no existe en el ámbito privado y la concientización de los locales para que, al estilo de lo que ocurre en San Pedro de Atacama o en otros paises donde las comunidades indígenas explotan y protegen el turismo cultural, participen de los beneficios y responsabilidades. Ellos mismos están dañando en nuestra tierra a ese patrimonio, por desconocer su importancia. En el fondo, también se necesita educar como se debe a la comunidad. A los jóvenes prácticamente no se les enseña nada de la historia de Arica que no sean batallas, nombres y conflictos bélicos intrascendentes. Nuestros 10.000 años de historia están allí a la vista, pero Chile no está preparado para apreciarlo, y no tiene interés tampoco.

Sin embargo, hay alguna esperanza. Extraoficialmente he tenido alguna relación con un magno proyecto de la Corfo para definir nuevos circuitos turísticos. Tengo la esperanza que eso produzca resultados que cumplan con lo esbozado. Por ahora es pertinente describir nuestra riqueza, para reunir esfuerzos que nos ayuden a preservarla. No hacer este esfuerzo significa dejarla a merced de los vándalos que más temprano que tarde la descubrirán y destruirán, o de contratistas depredadores como los que hicieron pasar a la carretera por encima del Tambo de Zapahuira, o de los geomensores que hace sólo unos meses abusivamente pintarrajearon uno de los más peculiares petroglifos de Ofragía.

El viaje completo

Hagamos un viaje imaginario que resume miles de horas tratando de conocer la zona. Supongamos que un grupo de extranjeros quiere conocerlo todo, o casi, pero no intentaremos describir los pueblos, pues para eso están las guías de turismo más formales. A los viajeros les habremos previamente aportado alguna información escrita acerca de lo que van a conocer y el guía debe tener un claro conocimiento de nuestra compleja historia precolonial.

Partiremos bien temprano para internarnos por el valle de Lluta. Cerca de donde empiezan los geoglifos, visitaremos el complejo de colgas subterráneas de Huaylacán, a pocos metros de la carretera internacional. Son numerosos hoyos estabilizados por un revestimiento de piedra, que se utilizaban en el Período Tardío (incaico) como depósito de alimentos. Al frente había un poblado del Período anterior (Cultura Arica), pero hoy no quedan ni los restos.

Más o menos en el kilómetro 15, pediremos permiso para cruzar una chacra y visitar los petroglifos de Rosario y las rayas irrespetuosas de los contemporáneos, lo que resaltaremos para que los extranjeros conozcan mejor a los chilenos y sus "expresiones culturales". Luego subiremos un poco por la ladera sur del valle para visitar las ruinas de los tres poblados prehispánicos adyacentes con sus respectivos cementerios saqueados desde la época colonial y seguiremos un poco al este para explorar un ingenioso horno metalúrgico elaborado quien sabe cuándo con sólo los materiales que se encuentran en el lugar.

Nos volvemos a detener unos pocos kilómetros después, para remontar brevemente la ladera norte del valle y recorrer las ruinas incaicas de Mollepampa (centro administrativo imperial) y asombrarnos de la magnitud del desastre cultural provocado por los huaqueros de todas las épocas, quienes han esparcido una infinidad de huesos humanos que hoy se pulverizan poco a poco blanqueados por el sol.

Pasado Poconchile, renunciemos por ahora a visitar otras ruinas y de seguir hasta Chapisca, poco más allá de Molinos, donde hay interesantes petroglifos y más restos de asentamientos indígenas. Ascendamos en cambio la cuesta, siguiendo la carretera internacional y en poco más de una hora estaremos tomando un mate de coca en la pintoresca colonia de Maillku (Lat.18º25'S, Long.69º40'O). Si tenemos algunas horas disponibles entraremos a la Pampa del Muerto para visitar las apachetas y un par de aleros con pictografías de hace miles de años y en ese caso podemos pasar la noche acampando en los espacios que ofrecen en Maillku. Alexis y su esposa Andrea, los dueños del lugar, hacen lo posible por cuidar esos atractivos.

Muy poco más arriba tendremos que detenernos para visitar el pukara de Copaquilla (Lat.18º24'S,
Long.68º38'O) y muy pronto, el tambo de Zapahuira I (Lat.18º21'S, Long.69º37'O), con sus colgas incaicas atravesadas por la irreverente carretera, el poblado del tangani de Huaycuta y las dos chullpas (casas-tumbas) casi milenarias. A pocos kilómetros queda Zapahuira y podemos llevar el vehículo hasta casi el lado del tambo 2. Luego seguiríamos unos pocos kilómetros por la carretera, para desviarnos luego al oeste por el camino del aeródromo y visitar el poblado y pukara de Chapicollo. No intentaremos seguir por la carretera hacia el lago Chungará, pues las visitas se apunarían y perderíamos un día entero. Mejor nos devolvemos a Zapahuira y tomamos el camino de tierra que hacia el sur lleva a Ticnamar.

Ya habremos visto varios guanacos y pronto aparecerán llamas, bosquecillos de queñuas (Polylepis
tarapacana), una gran variedad de cactus, algunos con frutos comestibles más grandes que un gran puño (macza) y si tenemos suerte y hay neblina, de pronto se nos cruzará un pequeño rebaño de huemules o ciervos andinos (taruka). Poco antes de Chapiquiña (Lat.18°23'44'S, Long.69°32'O), pasaremos a saludar a la Sra. Lina en la hacienda Vilque y por el costado de su casa tomaremos la huella que hacia el poniente lleva a Laco Alto, donde hay ruinas de un interesante poblado del Período Intermedio Tardío (Cultura Arica). Sólo mostraremos de lejos a vecino pukara de Caillama, la mejor conservada de esas estructuras, con más una docena de chullpas de barro. No lo visitaremos pues se deterioraría con un tráfico turístico regular. Ya de vuelta a la casa de la Sra. Lina, aprovecharemos de pasear por tramos del Camino Inca que están a un costado de la ruta, antes de cruzar Chapiquiña. Entre ésta y Belén, nos desviaremos al poniente, entrando al valle de San Andrés para visitar el deshabitado pueblo de Pachama, el cual tiene una hermosa iglesia del siglo XVII, con coloridos frescos internos y externos del siglo XVIII.

Siguiendo hacia Belén (Lat.18°28'S, Long.69°31'O), aparece una increíble cantidad de andenerías o terrazas agrícolas pequeñas, esparcidas por todas partes. Vale la pena quedarse en Belén algunas horas y visitar las colinas adyacentes. Ya estará oscureciendo y hay unas poco graciosas cabañas para alojar en el pueblo, pero, para impregnarnos de cordillera, recomiendo continuar unos 10km y acampar en Tojo-tojone, contra el consejo de los locales, quienes le temen al lugar. Después de limpiar toda la basura de tarros, botellas y papeles que siempre vuelven a aparecer, acamparemos muy cerca de un alero, de entre los cientos que hay en el lugar, donde se encontró evidencias de la más antigua presencia humana en la sierra, de hace 9.500 años. Se puede recoger algo de leña, hacer una fogata, observar estrellas fugaces y satélites, contar relatos de fantasmas y esperar que algo, alguna cosa sobrenatural o extraterrestre, le ocurra a uno aunque sea una sola vez en su vida. Al irnos, nos llevaremos la basura que otros dejaron.

De madrugada, hay que devolverse unos pocos kilómetros para luego caminar menos de una hora hasta llegar al par de pukaras Incahullo-Huaihuarani. Su exploración demora unas 2 horas más y si Ud. es entusiasta se puede volver a Belén por el Camino "Inca".

Continuando, pasaremos Lupica de largo, pero nos detendremos en Saxamar (Lat.18°33'S, Long.69°30'O), para visitar el pukara homónimo. Eso ocupará otras tres horas de caminata y de cansados, estaremos muy contentos cuando lleguemos a Ticnamar (Lat.18°35'S, Long.069°30'O) y acampemos bajo un bosquecillo de eucaliptos y tal vez compremos un corderito para asarlo. Teóricamente la comunidad indígena de Ticnamar administraría y cuidaría un espacio adecuado para camping. El pueblo actual no concuerda con la belleza del paraje, pero lo que queda del pueblo antiguo es digno de una visita, especialmente por la belleza exterior de su iglesia y campanario (siglo XVII o XVIII). Hasta podríamos regalarnos un día extra para recorrer a pie los múltiples atractivos del vecindario inmediato de Ticnamar. De no ser así, al tercer día nos espera una jornada
larga.

Luego saldremos en dirección a Timar, entrando a un terreno plano que se llama pampa de Oxaya. Antes de desviarse hacia el oeste para empezar a bajar por la quebrada de Ipilla, hay que virar al este y continuar unos pocos kilómetros para llegar a Mullipungo (coordenadas omitidas para evitar destrozos) y visitar sus cuevas con pictografías y la trampa para burros salvajes. Casi nadie sabe cómo llegar a ellas porque hay un enredo de quebradillas; gracias a eso las pinturas no han sido tapadas con el típico "aquí estuvo el Mario con la Lucía". De allí vale la pena seguir menos de 15km hacia el este hasta Timalchaca (Lat.18º41'S, Long.69º25'O) para conocer a la pastora aymara de quien más se ha escrito en Chile: doña Rosa Rosalía Castro y a su tierna nietecita, Nicole.

De vuelta a la entrada de la quebrada de Ipilla, antes de salir de la pampa de Oxaya, hay una colina hacia el oeste que muestra unas estructuras similares a las del poblado preincaico del Cerro Sombrero en Azapa: no pierda tiempo explorándolas pues son trincheras de un no tan antiguo ejercicio militar.

Antes de entrar a la quebrada, una advertencia. Hasta ahora los tramos de desplazamiento a bordo del vehículo han sido muy cortos, pero hacia adelante el camino es largo, sinuoso, al principio interesante por los múltiples corrales y aleros pircados (paskanas), pero pronto se hace tedioso, atravesando dos valles, dejando atrás a los restos de un campamento militar, hasta llegar a Tímar. Al comienzo aparece la segunda gran trampa para burros (Lat.18º40'S, Long.69º33'O). Explorarla demora más de dos horas, de manera que no nos detendremos.

Tímar (Lat. 18°45'S, Long.69°41'O) es un pequeño poblado de una calle enclavado en un estrecho valle, con una gran antena satelital a la entrada y una gran iglesia al fondo, detrás de la cual hay un hermoso pequeño cementerio y luego una serie de apretadas chacras famosas por la calidad de sus frutos. No hay reliquias arqueológicas que yo conozca.

Ya estaremos cansados, deseando haber llegado a Codpa. En un punto intermedio, se atraviesa la Quebrada de Apanza. No es mala idea combatir la flojera y detenerse para explorar los "canchones" y refugios de los antiguos agricultores y revisar una waka (lugar sagrado y/o ceremonial) en un zanjón cercano, con interesantes petroglifos. Ya pronto llegaremos al valle de Codpa, entrando por Ofragía (Lat.18°50'S, Long.69°47'O). Pasaremos de largo por ahora para descansar en la cómoda Hostería de Codpa (Lat.18°50'0, Long.69°45'O).

De mañanita iremos a Guañacagua y tal vez sigamos hasta Chitita para saludar a mi amigo y guía José Mamani y señora y volveremos cargados de guayabas. Todavía tenemos tiempo antes de almorzar para retroceder los 5 km hasta Ofragía y explorar sus petroglifos y los de Cerro Blanco. Eso no puede pasarse por alto y tampoco podemos perdernos la oportunidad de volver a mostrar a nuestros visitantes cómo los chilenos deterioramos sistemáticamente los remanentes de nuestro pasado: hay evidencia de sobra para eso.

Un chapuzón en la piscina y un ligero almuerzo en la Hostería, antes de seguir al sur. Por ahora no
exploraremos el camino de los altos que lleva a Vila-Vila e Incauta, porque es un trayecto que exige por lo menos un día completo. Aceptemos entonces no visitar los poblados y pukaras del lugar para tener oportunidad de cruzar hacia el valle Camarones por un camino estrecho y en regular estado.

El primer lugar de interés que encontraremos entre el valle de Codpa (Chaca) y el de Camarones es
impresionante: Pachica (Lat.18°55', Long.69°37'), con una antigua iglesia que antes tenía hermosos frescos murales y que no hace mucho fueron "restaurados" con buenas intenciones pero en forma ingenua, destruyendo buena parte de su encanto. Su torre campanario está medio derrumbada, lo que servirá para recalcar que ni siquiera a las autoridades les interesa el lugar. Esta vez sí que me aseguraré de comprar un par de esas gigantescas trenzas de ajos. De allí seguiremos la ruta de Pedro de Valdivia y llegaremos a Esquiña (Lat.18°55'S, Long.69°37'O) y vale la pena seguir un poco más arriba para conocer Illapata (Lat.18º57'S, Long.69º30'O).

Luego, volver a Pachica y acampar en las ruinas del Pachica colonial. Tal vez algún fantasma nos cuente dónde ocultaron los antiguos las interminables láminas de plata con que pagaban sus necesidades.

Al día siguiente, si la Municipalidad de Camarones no ha conseguido mantener el camino transitable y sin barreras, volvemos al camino de Codpa y retornamos temprano a Arica. En caso contrario, bajaremos hasta Guancarane y sus petroglifos, Taltape y luego Camarones. Para no andar apurados, no es mala idea acampar en Taltape, al lado del gran cubo de piedra con un sol tallado, cerca de un cementerio indígena saqueado, buen escenario para volver a contar cuentos de aparecidos antes de irse a dormir. Esa tarde, quienes gusten de caminar y explorar, podrán bajar un poco más allá del Viejo Cuartel, reliquia de la Guerra del 79, para visitar la quebrada de Humallani, la cual está llena de "canchones" y el pukara que está en la cumbre del cerro que forma el ángulo oriental de la desembocadura de la quebrada, dominando la vista de ésta y del valle.

Al día siguiente habrá tiempo de sobra para llegar antes del anochecer a Arica, habiendo recorrido en pocos días casi toda la historia de Arica en un paquete de turismo de aventura seguro, de bajo costo y de una riqueza difícil de conseguir en el resto del planeta. Claro es que si no se sabe o no se tiene cómo instruir a nuestros acompañantes para que entiendan lo que están viendo, llegarán diciendo que sólo vieron un montón de piedras y unas iglesias en ruinas. Como "regalo" de los chilenos, habremos bajado varias cajas de basura "civilizada" que hemos ido recogiendo durante el viaje.

¿Será por eso que perdura la triste fórmula "Turismo(Arica)=Morro+Chungará"?.

Una alternativa de un día, sin pernoctar en la sierra

Habría que partir temprano, casi al alba, para visitar parte de lo descrito para el valle de Lluta. Nos saltaríamos los poblados de Rosario y Mollepampa. Ya en la pampa de Zapahuira, también dejaríamos de lado a los aleros de Pampa del Muerto y al pukara de Chapicollo, pero sí dedicaríamos algún tiempo a los Tambos de Zapahuira. Desde allí seguiríamos el camino de tierra que lleva a Chapiquiña, caminaríamos un rato por el Camino Inca y luego pasaríamos por Pachama. Para lo mejor del viaje, dejaríamos los vehículos al sur de Belén, para visitar a pie el hermoso pukara de Incahullo-Huaihuarani.

Luego nos detendríamos un rato en Tojo-Tojone para ver dónde residían algunos de nuestros más primitivos ancestros y enseguida seguiríamos a Ticnamar para visitar la iglesia y el pueblo antiguo. Al subir a la pampa de Oxaya, aprovecharíamos de detenernos para tener una impresionante vista de la quebrada de Oxa y del Cerro Marqués, residencia del Diablo. Volveríamos a Arica por la quebrada de Ipilla, veríamos una de las trampas de burros y luego atravesaríamos los 60km de árida pampa para llegar a la Carretera Panamericana donde están las Presencias Tutelares, las que visitaríamos brevemente.

Sin haber hecho un tremendo esfuerzo físico, llegaríamos llenos de entusiasmo y enriquecidos por una experiencia que pocos ariqueños conocen. En un día, tendríamos oportunidad de visitar y conversar acerca de una buena parte de nuestra historia prehispánica.

En lo logístico, necesitaríamos sólo algunas bebidas, un par de naranjas y algunos emparedados...

Si quiere descubrir un mundo donde las aventuras físicas e intelectuales no se han agotado aún, acompáñeme pues a explorar la identidad, historia y el territorio de la Arica de verdad. Para hacerlo posiblke, involúcrese en el esfuerzo por conseguir que se resuelvan las causas de nuestra actitud destructiva. Denuncie a los depredadores, critique públicamente a las autoridades que no resguardan y restauran nuestro patrimonio e inculque en sus hijos y pares una actitud de respeto a la Pachamama y a sus adornos prehispánicos. En definitiva, interésese por el pasado prehispánico de Arica: verá que es mucho más rico e interesante que las historias de guerras...