¿Que clase de desarrollo queremos para Arica?

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por Tomás Bradanovic
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Viviendo cerca de la playa y con intensa actividad en Internet desde hace años, me ha tocado conocer y conversar con muchos extranjeros que han llegado o piensan venir a nuestra ciudad, en verdad casi todos los días recibo alguna consulta u opinión de gente que nos mira desde fuera y me he dado cuenta de cuan equivocadas están algunas de nuestras ideas sobe el futuro de Arica, especialmente en lo que se refiere a su potencial desarrollo turístico.

Siempre tuve una idea vaga de que algo andaba mal, finalmente se me aclaró el panorama cuando unos amigos alemanes me mostraron espantados un folleto en cuya portada aparecían las playas de Chinchorro y las Machas llenas de edificios al estilo de la Avenida del Mar en La Serena. ¡Esto es una completa estupidez! decían mis amigos, ¡ustedes que tienen una de las últimas playas vírgenes en una ciudad y pretenden llenarla de espantosos edificios!.

En principio pensé que se trataba de esos comentarios tipo Greenpeace, pero conversando con otros amigos que si saben de mundo y tendencias me confirmaban lo mismo. El problema es que como buenos chilenos pretendemos  tener éxito copiando a los que ya han sido exitosos, tal como  esos comerciantes que  copian al  que le ha ido bien  justo cuando  empieza a decaer el negocio. Las playas lllenas de edificios al estilo Miami o Acapulco son cosas del pasado, el mundo está repleto de ellas, además que siempre seremos una mala copia ¿o es que queremos llegar a una especie de "Miami de los pobres" como pretende ser Iquique? Ojalá que no, si algo nos diferencia con ventaja de Iquique es que -más por casualidad afortunada que por conciencia- somos una ciudad mucho más coherente y habitable.

Viajar ilustra y hace poco me tocó ir manejando hasta Santiago, en el camino pude comprobar de lo desastroso y triste que puede ser vivir en ciudades mineras o faenadoras de pesca, los que reclaman para que se desafecten nuestros parques nacionales para la explotación minera,
antes de proponer tamaña barbaridad debiesen ir a vivir a Chañaral o Calama por un par de años,  ¿o es que ya se olvidaron del "impacto social" que tuvo la empresa minera Promel en Arica? ¿o de la pestilencia de las pesqueras que nos acompañó durante años en décadas pasadas?.

El problema es que incluso gente que toma decisiones, con educación formal y todo resultan ser increíblemente ignorantes y provincianos cuando piensan en el futuro. Varios años atrás  me conversaba un funcionario público que -si fuera por el- demolería todo el casco viejo de la cuidad para reconstruir un centro "moderno". Esa clase de menosprecio por lo que somos, esa negación de lo nuestro es el mayor peligro que enfrentamos.

Lo que algunos ven como "peladero interminable" es nuestro desierto, tanto o más fascinante que el Sahara,  las "casas viejas" son nuestro patrimonio, las únicas que dan carácter a la ciudad, sin ellas seríamos una ciudad tan insípida como un cuartel o un campamento minero. Al  pintarlas  mediante ese extraordinario proyecto salió a relucir todo el encanto y la personalidad  de lo ariqueño. Vamos a ver ahora si hay voluntad para conservarlas.

Si en algo estamos en tremenda desventaja con países desarrollados es en la sub valoración de lo nuestro, la constante negación de lo que somos. El borde costero de Miami Beach en los setentas estaba lleno de construcciones ruinosas  parecidas a las que se construyeron en Chillán después del terremoto, pues bien, allá las restauraron, las pintaron de colores pastel y hoy son el famoso barrio "Art Deco" uno de los lugares
más distintivos de la ciudad. Toda una lección de lo que debiesemos hacer con nuestras casas de época. La ariqueña Lilian Terreros que vive en Baltimore, contaba que allá hacen de cualquier tontera un museo, en Arica en cambio, con una riqueza arqueológica de clase mundial tenemos un minúsculo museo ubicado en la punta del cerro con bodegas repletas de piezas que jamás serán exhibidas. Es la constante negación de lo que somos y la manía de querer parecer lo que nunca hemos sido lo que ha mal guiado muchas de nuestras ilusiones de desarrollo. ¿Es qe queremos ser al Acapulco de los pobres? o peor todavía ¿el Iquique de los pobres?.

Partamos por amar lo que tenemos. Primero que nada el inmenso desierto y luego el altiplano, si alguien menosprecia el desierto o el altiplano mejor que se vaya para otra parte. Tenemos una ciudad de escala humana, con el tamaño justo para no despersonalizarnos, si alguien sueña con ciudades enormes que se vaya, Arica no es su lugar. Tenemos lindas playas, no son paraísos tropicales ni nada de eso, solo un par de bonitos balnearios y una gran playa semi virgen, si alguien prefiere vivir en Cancún o Acapulco, fuera, que se vaya. Prácticamente no hay edificaciones en altura en Arica  y esa es una enorme ventaja, en muchos lugares tuísticos de gran valor en el mundo no se permiten construcciones más altas que un árbol, para el que sueña con rascacielos que se vaya a Nueva York o a Chicago. Tampoco tenemos todavía -a Dios gracias- ningún mall y los pocos supermercados no han logrado doblarle la mano a los pequeños almacenes, gracias a eso se ha conservado la vida de barrio. Para los adictos al mall que se vayan a Santiago allá tienen hartos de esos engendros.

Así como en Europa se inventó la slow food en contraposición a la comida rápida y en Italia varias ciudades que privilegian la calidad de vida, la personalidad y respeto por el patrimonio se llaman orgullosamente Citta Slow, nosotros los ariqueños debemos ciudar lo que es nuestra mayor riqueza; la excelente calidad de vida, la personalidad. Debemos mantener con orgullo nuestras costumbres, cuidar y restaurar las viejas casas y rincones de la ciudad, evitar que la Isla del Alacrán pierda su personalidad como ha ocurrido con tantas plazas luego de ser remodeladas (lo que en chileno significa estandarizadas con la horrible Plaza de Armas de Santiago).
 
Dentro de tantos medios de comunicación que se manejan en la ciudad, incluyendo un canal de televisión, más allá de la usual propaganda burda no veo los contenidos que destaquen el amor por lo ariqueño,  no veo documentales de nuestro desierto o los pueblos del altiplano, menos de nuestras muchas costumbres, tradiciones y rarezas. En realidad es muy poco lo que se dedica a mostrar todo lo bueno e interesante que tenemos ¿será porque nosotros mismos no lo apreciamos? ¿será por eso que tantos viven con un ojo puesto en Santiago o en el extranjero?

En fin, para pensar en el desarrollo futuro hay que partir por reconocer y querer lo que somos, cuidar lo que tenemos. El peor peligro que enfrentamos es que estos negadores y malos copiadores se salgan con la suya y perdamos el carácter y el encanto de nuestra pequeña ciudad, y que terminemos convertidos en la mala copia de una mala copia.

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