Visiones de la Arica Profunda

Petroglifos (I). Atentados contra la cultura  

Los antiguos ocupantes de Arica y la sierra vecina nos legaron una rica colección de obras de arte inmortalizadas en forma de pinturas en cuevas y aleros (pictografías), cerros (geoglifos) e imágenes sobre rocas (petroglifos). Pinturas rupestres y petroglifos se encuentran con frecuencia en otras partes del mundo no andino, pero los geoglifos, con algunas excepciones, son propios de la zona costera del centro-oeste sudamericano. Más que una expresión meramente artística, puede suponerse que el arte rupestre de los andinos tenía un objetivo ceremonial. Su estudio, en pañales en cuanto a fechas y significado, podría ayudarnos a comprender sus creencias y prioridades ante la inexorabilidad de la naturaleza, ante la cual ellos exponían tal vez esperanzas, ofrendaban tributos y gestionaban ceremonias que los occidentales podríamos calificar como mágicas, pero que para ellos eran tal vez una manera de comunicarse con los espíritus y elementos (para nosotros inanimados) que para ellos tenían una identidad consciente y eran capaces de influir sobre los humanos (cursos de agua, cerros y otros elementos de su cosmos). Las pictogafías y petroglifos son más o menos explícitos y realistas, pero muchos petroglifos son indescifrables, identificando un lenguaje simbólico que no comprendemos completamente.

Pese a la espectacularidad de los geoglifos, la mayoría fáciles de observar en el ámbito territorial en el cual nos movemos, pienso que los petroglifos transmiten un mensaje más complejo, a la vez que se ubican en lugares donde pocas veces transitan los turistas o los ciudadanos ariqueños. Dedicaremos algunas crónicas a ellos, en gran parte para suplicar que sean respetados.
Muchos de ellos han sido robados
o dañados por adultos identificables, pero a medida que se facilita el acceso a las "exposiciones", jóvenes que no hemos educado en términos de respeto hacia nuestro bagaje cultural, van dañándolos más y más grabando sus nombres en los paneles

 

y/o haciendo burdas reproducciones. Debemos asumir que la culpa es nuestra, por la etnocéntrica y limitada educación que el país les imparte. Debemos asumir también que hemos tenido una blanda actitud frente a los adultos que por motivaciones egoístas, religiosas,
políticas
o por simple ignorancia (geomensores que marcaron petroglifos de Ofragía para facilitar su culturalmente intrascendente gestión),
atentan contra los extraordinarios remanentes de nuestro pasado.
En esta primera crónica expongo con tristeza algunos de esos atentados, para tratar de motivar a los ariqueños a que adopten una decidida actitud de protección y se atrevan a detener y denunciar los atentados. En las crónicas siguientes trataré de explicar, desde mi limitada perspectiva, la riqueza que encierran los petroglifos. A falta de datos concretos, muchas de mis interpretaciones son discutibles, pero provienen del conocimiento personal de un par de miles de imágenes --algunas no descritas-- que he captado desde Miculla al interior de Tacna hasta la profundidad del valle de Camarones.