Desentrañando la Historia de Arica

 


Título de la imagen: "Islas Mocha y Juan Fernández, punto de abastecimiento y
refugio favoritos de corsarios y filibusteros. Grabados en láminas de cobre de
Theodore de Bry (de Frankfort)".


 

 

 

Piratas y corsarios vinculados a Arica: filibusteros (segunda parte)

Después de Sharp el virreinato trató de fortalecer sus defensas. Entre otras medidas, se evacuó a las islas Mocha (entre Concepción y Valdivia) y Santa María (Concepción), frecuentemente utilizadas por los corsarios para abastecerse de provisiones. Pero nada se hizo con las islas Juan Fernández y éstas siguieron siendo un excelente refugio para los piratas.

A partir de esos años y hasta mediados del siglo XVIII, se intensifica y complica el pillaje marítimo de las costas de América del Sur, apareciendo numerosos piratas, bucaneros y más cosarios ingleses. Algunos de ellos, como el inglés William Dampier, actuaba a veces por cuenta propia y otras como corsario inglés.

Dampier fue un personaje muy activo. Después de un tiempo como mercader en el Golfo de Méjico y luego como maderero y bucanero, entre 1678 y 1691 realizó varias expediciones por los mares del sur. Tengo datos imprecisos que indican que en 1680 saqueó a Arica. En una expedición ulterior, se detuvo con sus tres barcos en Juan Fernández, donde se sublevó la tripulación de uno de ellos, bajo
el liderazgo de Alexander Selkirk. En castigo o por su propia voluntad (no está
claro), Selkirk es abandonado en la isla en 1704. Cinco años después, otra expedición en la cual el mismo Dampier iba como navegante de uno de los barcos,
lo rescató. Este es el personaje que inspiró la novela Robinson Crusoe de Daniel
Defoe.

El filibustero Swan atravesó el Estrecho y fue uno de los muchos que trataron apoderarse de Valdivia, en 1685. Posteriormente se unió a Edmond Davis, quien había navegado con Dampier, y "trabajaron" juntos por 18 meses.

Davis había llegado por el Estrecho con 120 hombres en una fragata ligera con 36 cañones. Saqueó puertos del norte del virreinato y fue formando una flota de barcos ágiles, con los que acumuló grandes riquezas entre 1684 y 1687, batiendo el récord de permanencia en la zona. Atacó a Arica en 1685. En 1686 ataca a La Serena sin éxito, se refugia en Juan Fernández y vuelve a repetir el intento. Permaneció demasiado tiempo en nuestras aguas para guardar todo su botín en sus
barcos, por lo que se piensa que escondió una parte en las costas peruanas y en la isla de Coco, frente a Panamá. En algún momento repartió parte de su botín en Juan Fernández, pero tuvo problemas con sus hombres, quienes consideraban que el reparto era injusto. Finalmente volvió a Inglaterra por el Cabo de Hornos.

En 1693, el filibustero Strong pasa por Arica, completando 16 ataques y/o amenazas de bandidos marítimos a nuestra ciudad. En su segunda expedición al Pacífico (1702), William Dampier tenía patente de corso inglés para atacar puertos y capturar el barco que transportaba el oro
desde Valdivia a el Callao. Circunnavegó el Cabo de Hornos y recaló en Juan Fernández, originando la historia de Robinson Crusoe.

Hubo otros ataques a las costas del virreinato del Perú, pero el más nocivo,  por los efectos que produjo en los españoles de Arica, fue la del corsario inglés John Clipperton.

Desde el episodio de Watling y Sharp, la población vivía atemorizada. El inicio del siglo XVIII marca la progresiva decadencia que habría de llevar a Arica a un estado paupérrimo. Sequías periódicas, recrudecimiento de la pandemia malárica, baja de la ley del mineral de Potosí, se suman a una severa epidemia de infección gastrointestinal en 1713, otra peste en 1715, otra epidemia
catastrófica en 1719 y al traslado de las Cajas Reales (Tesorería) a Tacna, para dejar a muy pocos españoles en Arica. Preferían vivir en Tacna, con aires más sanos y alejada del mar. La noticia de que Clipperton se dirigía a nuestra costa fue la última gota que derramó el vaso de nuestra miseria.

Reanudadas por enésima vez las hostilidades ango-hispánicas, John Clipperton aparece en el Pacífico en 1720, habiendo circunnavegado el Cabo de Hornos en una fragata ligera de 40 cañones. En 1721 estuvo tres días tratando de desembarcar en Arica, sin conseguirlo. Antes de irse, bombardeó a la mísera villa.

El resto de la historia de nuestra miseria colonial se resume en la crónica del 20-VII-2000. Hoy no nos afectan los piratas, corsarios y filibusteros, pero el centralismo nacional y regional nos tiene sumidos en una nueva gran crisis financiera. Si los primeros fueron una maldición de Pachacamac para castigar a los destructores del Mundo Andino, no entiendo cuál es su
intención al abrumarnos con lo segundo. Lo curioso es que todos esos males provienen del sur. Ya es hora de que Pachacamac cambie el rumbo...