Desentrañando la Historia de Arica




 

 

"Las américas en los tiempos de Sharp" Mapa holandés de
1690. Nótese que California aparece como una isla

 

 

 

 

 

Piratas y corsarios vinculados a Arica: filibusteros (primera parte)

La era de los corsarios en la costa del Pacífico de América la iniciaron los ingleses (Drake en 1578, Cavendish en 1587 y Hawkins en 1594). Tras el término de la guerra entre España e Inglaterra, los conflictos de la primera con los Países Bajos hacen aparecer a los corsarios nórdicos (desde van Noort en 1600 hasta Brouwer y Herckmans en 1643). Todos ellos llegaron desde el sur, cruzando el Estrecho de Magallanes.

Pero desde mucho antes, el tráfico comercial español por el mar del Caribe sufría la amenaza de piratas comunes y filibusteros. El mismo Drake había pirateado en la zona antes de hacerse merecedor de la expedición al Pacífico que ordenó la Corona. Los conflictos entre España e Inglaterra se repitieron después de Hawkins y los corsarios ingleses siguieron actuando en las Antillas y algunos volverían al Pacífico. En 1669, John Narborough, comisionado por el Almirantazgo, cruzó el Estrecho con la intención de apoderarse de Valdivia, pero se devolvió intimidado por las defensas de la ciudad.

En 1671, el inglés Henry Morgan, líder de los filibusteros de Jamaica, desembarca con más de 1.000 hombres en el istmo de Panamá, ataca Portobelo y se interna tierra adentro para saquear e incendiar la ciudad de Panamá. Ese era el estilo de los filibusteros o bucaneros, empeñados en atacar los intereses de España. Aunque atacaban barcos, buena parte de su actividad consistía en
utilizar embarcaciones rápidas para desembarcar y atacar por tierra a las posesiones españolas.

Poco antes había terminado uno de los iterativos conflictos entre Inglaterra y España, por lo que su gestión no cabía en el concepto de corso. Morgan fue enviado como prisionero a Londres, donde igual se le recibió como héroe, se le nombró Caballero y en1674 volvió a Jamaica como Gobernador británico, para luchar precisamente contra los filibusteros.

Pero Morgan había abierto una nueva puerta para ingresar al Pacífico, y en 1680, filibusteros al mando de Bartolomé Sharp atravesaron el istmo, se apoderaron de barcos españoles y navegaron hacia nuestras costas, por primera vez desde el norte.

El 5 de noviembre de 1680, Sharp y sus 140 hombres aparecen en La Lisera, muy poco al sur del Morro, antes denominada caleta Chacota. Esa vez no atacaron a Arica, sino que saquearon e incendiaron a La Serena. Luego huyeron a la Isla Juan Fernández, refugio favorito de los depredadores del mar desde la expedición de L'Hermite. Allí se planifica la más espectacular de las aventuras ariqueñas contra los delincuentes marítimos.

La tripulación no estaba contenta con el desempeño de Sharp en La Serena, por lo que fue destituido y tomó el mando Juan Watling y, contra la opinión de Sharp, decidieron asaltar Arica. Sharp habría dicho a los sublevados: "Caballeros, os pongo por testigos de que mis manos están limpias de la sangre que se acaba de derramar. Permita Dios que no tengamos que pagarla caramente el día que vayamos sobre Arica".

Habiendo desembarcado en La Lisera, el domingo 9 de febrero de 1681 Watling, al mando de 92 hombres, trepó el faldeo sur del Morro, redujo a los vigías y a las 8 de la mañana se dejó caer sobre Arica, que por aquel entonces sólo tenía tres calles.

Creyendo haber tomado la ciudad con sólo tres muertos y dos heridos, los piratas se llevaron tamaña sorpresa cuando se hizo notar la improvisada defensa que los ariqueños hicieron al atrincherarse en el Fuerte en vez de huir. La resistencia fue obra de una milicia comandada por el Maestre de Campo, don Gaspar de Oviedo, quien vivía donde ahora está el Mercado Central. Al decir de uno de los atacantes, "Viéndonos dueños de la parte baja de la población, donde están las Cajas Reales, enviamos un parlamentario al Fuerte, intimándole rendición. Los sitiados lo reciben a balazos. Ocupamos las azoteas de ciertas casas que dominan al Fuerte y desde allí damos cuenta de buen número de sus defensores, pero ocurre que no tardaríamos en vernos rodeados. En esos críticos momentos son muertos, entre otros, el comandante Watling y dos contramaestres.

El enemigo, envalentonado, comienza a barrernos calle tras calle, en dirección a la playa. En aquellos amargos instantes, nos damos cuenta de que se ha cumplido a la letra la profecía del capitán Sharp..., a quien rogamos encarecidamente que se haga cargo de nuestras filas y nos lleve a salvamento. Muchos ruegos tenemos que emplear para que el pundonoroso jefe se avenga a escucharnos: tan hondo es su resentimiento por el desaire que le inferimos posponiéndolo por otro jefe". 

Sharp ordena la retirada después de siete horas de lucha, dejando 23 ariqueños y 28 piratas muertos en el campo de batalla. Diecinueve bandidos fueron capturados vivos, 17 de ellos que fueron ahorcados y le perdonó la vida a dos, por ser cirujanos.

Fuera del legítimo orgullo por tan valiente gestión, los ariqueños se vieron favorecidos por el incremento de la guarnición a 100 hombres y la duplicación de la paga a los soldados españoles, porque lo que es a los negros y mulatos se les siguieron pagando los dos míseros reales.

Un mes después, un terremoto destruyó la ciudad una vez más, junto con el famoso Fuerte, una vez más...