Desentrañando la Historia de Arica

Momificación en el Complejo Chinchorro

En el libro “Culturas de Arica” publicado en 1985 por la Universidad de Tarapacá, ciertamente la más importante fuente de información arqueológica y etnológica que dispone la comunidad ariqueña, se afirma que la momificación en el Complejo Chinchorro se inició hace 8.000 años. De ser así, precederían en 2 a 3.000 años a las primeras momias egipcias. Este récord de antigüedad tuvo un modesto efecto en el extranjero pero acaloró las mentes de algunos conciudadanos de juicios ligeros: eso tendría que significar —argumentaban— que Arica fue cuna de una avanzada "civilización" de asombrosa sabiduría.

Lamento destruir esa ingenua extrapolación de los hechos. En primer lugar, esa antigüedad está exagerada por posibles errores en la datación de los restos. Las primeras momias aparecen en la desembocadura del valle Camarones hace unos 7.000 años, por cierto aún antes que las egipcias. Los chinchorros siguen ostentando el récord en materia de momificación, pero no eran más que unos salvajes ingeniosos, sin otra organización social que la de grupúsculos (posiblemente hostiles) de pocas decenas de personas semidesnudas (un taparrabos de totora y una cinta para el pelo; ojotas y camisas absolutamente desconocidas) que vivían dándose puñetazos, hábiles fabricantes de utensilios de pesca, viviendo en agujeros en la arena rodeados de moscas, infestados por parásitos propios de una higiene deplorable y con una inmensa mortalidad infantil producto de la inmundicia de su entorno habitacional. Eso es precisamente lo que los hace tan peculiares, pues las momias de Egipto provienen de una sociedad bien estructurada y son siempre restos mortuorios de individuos de elite, mientras que las del Chinchorro provienen de cazadores-recolectores primitivos sin una clara estratificación social.


¿Cómo entonces se explica su antigüedad?. Fácil: ellos tuvieron la suerte de llegar a Arica, uno de los más favorables nichos planetarios para el asentamiento de humanos primitivos. Cuando hace 7.000 años buena parte de la humanidad era nómade por desconocimiento de la agricultura y debía cambiar continuamente de hábitat pues las actividades cazadoras-recolectoras agotaban el recurso alimentario, los chinchorros se instalaban en un lugar de clima excepcional, sin animales feroces, insectos venenosos y etnias enemigas y acariciado por un mar con una biomasa muy superior a la del promedio del planeta. No había que ser culto (saber de agricultura) para hacerse sedentario, pues el recurso marítimo era inagotable para una población que crecía con lentitud por la elevada mortalidad producto de la ausencia de conceptos básicos de higiene.


Los chinchorros desarrollaron una ingeniosa tecnología de pesca y caza de animales marinos. Entre sus presas estaban los lenguados, jureles y similares, lisa, caballa, corvinas, pejeperros, lobos de mar y delfines. Entre los moluscos, preferían a los locos y choros antes que a las lapas, machas y almejas. También tuvieron el envidiable privilegio de disfrutar de los camarones de agua dulce de nuestros valles, aparentemente uno de sus manjares favoritos. Max Uhle informa el hallazgo de la momia de feto enterrada “a bordo” de la réplica en miniatura de una embarcación de totora provista de ¿una vela? del mismo material, aunque tal vez sea demasiado temprano para aceptar sin más argumentos que esta forma de propulsión haya aparecido tan precozmente.


Sedentariedad y recurso alimentario fácil de obtener significa tiempo libre. Cuando hacía mucho que los chinos comenzaran su gestión agrícola y que en el Oriente Próximo se hubiera domesticado a las ovejas y a las cabras, los chinchorros no hacían más que pescar, mariscar y a veces tratar de cazar vizcachas, algún auquénido o un venado andino (taruka), para lo cual debían introducirse en los valles. Satisfecha el hambre con relativa facilidad y sin la exigente demanda de tiempo que impone la agricultura, tenían tiempo disponible para el complejo proceso de momificación que parece haberse iniciado en la desembocadura del valle Camarones.


La información arqueológica del Chinchorro parte con gente que utilizaba un método primitivo para momificar lactantes y fetos, el que luego se hizo muy complejo y aplicaron a mujeres adultas (con menos frecuencia a varones) en un proceso que debió ocupar muchos días de trabajo. Tal vez la única evidencia arqueológica de grupos que estuvieran "aprendiendo" a momificar sea la de Camarones.


¿Porqué tomarse tantas molestias con los cadáveres durante miles de años?. El Hombre de Acha que antecedió a los chinchorros en más de 3.000 años no fue momificado en forma artificial, aunque recibió un entierro formal y premeditado, lo cual revela ya una preocupación por el destino de los muertos. Sin embargo, Colagero Santoro y Vivien Standen hacen notar que hay antecedentes “precursores”. En el sitio Acha-3 de Arica, anterior a los cementerios de Camarones, no encontraron momias artificiales, pero sí prácticas funerarias que se parecen a las de Chinchorro: entierros múltiples con cadáveres en posición extendida, uno al lado del otro y cubiertos por cueros de animales y esteras de totora. De ello deducen que el proceso de momificación artificial al que nos referimos es una invención local, no importada de otras latitudes.


Pero parece que los chinchorros estaban a miles de años de inventar el concepto del alma o el del más allá y es posible que para ellos las momias fueran algo así como agentes mágicos, las utilizaran por algún tiempo y aprovecharan su entierro ulterior como una gestión política para esbozar un sentido de territorialidad o unidad de la banda ("esta tierra es mía pues aquí yacen mis momias"). Debe aclararse que no todos los cadáveres eran momificados: muchos eran simplemente enterrados y de ellos sólo queda el esqueleto.


Las momias han sido encontradas en fosas comunes (absolutamente excepcional en el ámbito andino), estiradas en decúbito dorsal (también excepcional a partir de Faldas del Morro) y algunas con señales de haber sido "retocadas" varias veces, lo que indica que se les usó de alguna manera, tal vez como "muñecos mágicos", por años antes de concederles el reposo eterno. Muy recientemente se detectaron cortes óseos que sugieren que en algún momento y por lo menos con algunas de las momias, se realizaron prácticas caníbales, posiblemente ceremoniales.


Pasada la “etapa de aprendizaje”, las primeras momias subsecuentes eran las que más costaba hacer, las que los expertos de hoy denominan "momias de preparación complicada", resultando algo así como un muñeco armado a partir de los huesos, recubierto por piel y estabilizado por palos que reemplazaban o reforzaban a los huesos. Las más antiguas eran negras, porque el cuerpo se cubría con manganeso y sobre la cara se ponía una máscara de arcilla pintada con el mismo material. Se faenaban los cadáveres retirando y conservando la piel. Los músculos, vísceras y otras partes blandas eran desechadas. Las piernas y los brazos eran separados del cuerpo y se abría el cráneo para extraer el encéfalo. Las manos y los pies, demasiado complicados, se dejaban desecar sin disección. Los huesos se pelaban completamente. Luego se ensamblaba el esqueleto y se le estabilizaba con maderos y amarras y las cavidades se rellenaban con arcilla, ceniza, arena, plumas, cuero de auquénido, vegetales, sangre de lobo de mar, huevos de aves y otros materiales. En seguida se colocaba el cráneo y la mandíbula en su lugar, bien amarrados al conjunto y se cubría todo con lo que hubiera quedado de piel del cadáver o con cuero de lobo de mar, se le instalaba una peluca o se colocaba el mismo pelo del muerto y se le hacía una máscara facial de arcilla de color negro.


Con el tiempo, hace unos 4.500 años, se refinó la técnica y aparecieron las momias rojas, llamadas así porque el cuerpo se pintaba con ocre rojo, aunque la mascarilla facial seguía siendo negra. Ya no se desarticulaban las extremidades ni se descarnaban los huesos sino que se vaciaban los órganos a través de una laparotomía y toracotomía dignas de un cirujano, se cortaba la cabeza para retirar el encéfalo, los músculos se extraían a través de incisiones en la región inguinal, rodillas y hombros y la carcasa que quedaba se secaba con brasas y luego se rellenaba de vegetales, barro, lana y se armaba todo con palos introducidos a través de las incisiones, para darle rigidez a la forma humana. Entonces se suturaban las incisiones con cabellos, se le ponía una peluca hecha del mismo pelo del muerto, se le hacía una máscara facial y se cubrían los órganos sexuales con cobertores de cuero y/o minifalda de lana o fibra vegetal. Hay una variedad en la cual la piel se retiraba completamente en tiras que al final se reponían como quien venda un cuerpo entero. Hay diversas variaciones del proceso, pero en general las momias de preparación complicada recibían un tratamiento interno (evisceración, secado al fuego o brasas, relleno con material ajeno) y externo (descuerado y reposición de la piel) y eran reforzadas con calor por adentro.


Después de las momias rojas se abandonó el procesamiento del cadáver y su uso como “muñeco”. Simplemente se dejaban desecar, se cubrían con una capa de barro y lo enterraban. Hace unos 3.500 años los muertos ya eran enterrados envueltos en una capa de lana de auquénido, con un complicado turbante como adorno cefálico. Sin duda, ya la muerte había adquirido un significado diferente.


Los chinchorros eran excelentes pescadores, maestros en la fabricación de momias y tal vez primitivos navegantes, pero afirmar que eran tan inteligentes y que contaban con una organización social tan sofisticada y poderosa que pudieron construir embarcaciones mayores de totora e irse de paseo al Japón, como hace años lo sugirió un aventurero gestor de una poco convincente expedición que tuvo un fuerte apoyo oficial, implica una urgente necesidad de proveerse de una brújula cultural.


El destino final de la gente del Chinchorro sólo puede suponerse. Se dice que los que continuaron el modo de vida del Arcaico pasaron a ser los primitivos Changos que encontraron los españoles en las costas del norte de Chile y que adquieren importancia durante el comienzo de la explotación del salitre en el siglo XIX, pues en sus balsas de cuero de lobo infladas transportaban el cargamento a los barcos. Pero no es descabellado suponer que algunos incorporaron la agricultura, protagonizaron el profundo cambio social y cultural consecuente (Período Formativo) y tal vez, en último término, originan la línea evolutiva de la Cultura Arica. Lo último es una mera especulación.