La Estrella de Arica, 9-VI-2000
 

Desentrañando la Historia de Arica

El conocimiento es como el dinero: para que sirva debe circular" (Luis L’Amour).

Arica y San Pedro de Atacama: ¿Cómo y porqué difieren?

En la crónica del 18 de junio pasado describimos brevemente las relaciones de Arica con las etnias altiplánicas. Desde el inicio de la ocupación del altiplano, sus habitantes iniciaron la ocupación de Arica, cuando el territorio de San Pedro ya estaba poblado. Cien siglos después, la riqueza arqueológica de Arica es apenas conocida por unos pocos iniciados, mientras que San Pedro es un polo de atracción internacional que genera un envidiable flujo turístico. Arica tiene una costa privilegiada, está cerca de otros fértiles valles y hacia su interior hay territorios relativamente fértiles (el corredor que existe entre la Sierra Huaylillas y la Cordillera de los Andes, donde está Chapiquiña, Belén, Saxamar, etc) y más allá está el extremo sur de la culturalmente prolífica región circum-Titicaca. En cambio, San Pedro está ubicado en el "corredor" serrano que queda entre la Cordillera de Domeyko y los Andes, pero éste es un salar, al Oriente hay sólo montañas no habitales y al Poniente más montañas y un gran desierto. Lo único no desértico vecino al salar es el río Loa, ubicado al Nor-Oeste.

Ofreceremos una apretada (y en consecuencia criticable) síntesis del desarrollo cultural de ambos lugares y que cada cual busque su propia explicación a la diferencia de popularidad.

Período Arcaico (cazadores-recolectores habitualmente nómades, con una textilería ausente o muy rudimentaria, sin conocimiento de la agricultura, cerámica y metalurgia).

La zona de San Pedro (río Loa, cerca de Toconao y cerca de Calama) fue habitada antes que Arica (más de 11.000 años, contra los 9.500 años del Hombre de Acha). Geográficamente desconectados con el Titicaca, adoptaron el estilo de vida transhumante (siguiendo a los rebaños de auquénidos) que describimos para los altiplánicos en la crónica del 11 de junio, en vez de involucrarse irreversiblemente con la costa como lo hicieran los chinchorranos. Pero diferencia de los altiplánicos, los atacameños dependían de un nicho ecológico formado por oasis y pequeños ríos, en contraste con la ecología altiplánica, por lo que su evolución cultural no es la misma, aunque sigue patrones similares. Desde allí se contactaban con el noroeste argentino actual, la costa, el valle del río Loa y el altiplano, mientras los ariqueños de la época (Chinchorro) tenían un rango de motilidad mucho menor.

Los atacameños destacan por el énfasis en la industria lítica (puntas de proyectiles e instrumentos de piedra), indispensable para su actividad cazadora, mucho más sacrificada que la recolección de recursos marinos. Obviamente, el fenómeno cultural Chinchorro estuvo ausente en San Pedro, pero ellos también tuvieron un (modesto) ejemplo de semi-sedentariedad preagrícola inducida por la abundancia del recurso alimentario (de camélidos, aves y roedores en vez de peces y mariscos), hace poco menos de 5.000 años, en la Quebrada de Tulán.

Hace unos 5.000 años los altiplánicos domesticaron a los auquénidos, instaurando luego un régimen de enriquecedoras caravanas que los contactaban con mucha mayor facilidad con Arica y el sur del actual Perú que con el lejano San Pedro. Pero por entonces también en San Pedro (Puripica) y en Chiu Chiu hay evidencias de incipiente domesticación de vicuñas y guanacos y cuando ya las llamas se usaban como bestias de carga, establecieron sus propias rutas de intercambio, orientadas principalmente a la zona de Jujuy y alrededores.

Hace 3.500 años la ganadería de llamas era la principal actividad de los atacameños, mientras en Arica los chinchorranos no mostraban ningún progreso consistente tras 4.000 años de permanencia y los altiplánicos comenzaban a vislumbrar la posibilidad de utilizar nuestros valles.

Período Formativo (consolidación de la agricultura, con sus consecuencias socio-culturales: comunidades más estables y numerosas que exigen ciertas reglas de comportamiento, desarrollo de la cerámica, textilería e inicio de la metalurgia).

Hace unos 3.000 años, la influencia altiplánica hace aparecer a los primeros agricultores de Arica y se adquiere una progresiva sofisticación que culmina con la fase Alto Ramírez, protagonizada por una etnia altiplánica que se deformaba artificialmente el cráneo (costumbre ya antigua entre los chinchorranos), utilizaba gorros en forma de hongos y enterraba a sus muertos en los túmulos funerarios que todos supuestamente conocemos. En San Pedro la agricultura aparece más o menos en la misma época (también adoptando la costumbre de deformar los cráneos) y el formativo culmina con la(s) aldea(s) de Tulor, hoy enterrada(s) bajo la arena por el avance de la duna y caracterizada(s) por "casas" formadas por habitaciones circulares de barro. Aunque cultivaban más o menos los mismos productos, se habían iniciado en la metalurgia y estaban a un nivel de desarrollo cultural similar al nuestro, estas etnias ya diferían notoriamente en algunas de sus costumbres. Las semillas de algarrobo y de chañar, por ejemplo, constituyeron siempre una importante fuente de alimentos en San Pedro.

Tiwanaku y Desarrollo Regional: Cultura Atacameña y Cultura Arica. Hace unos 2.500 años las comunidades sedentarias atacameñas inician una evolución cultural peculiar (Cultura Atacameña, hacta con idioma propio, el Kunza), mientras en Arica íbamos entrando aceleradamente a un ámbito cultural dominado por las etnias altiplánicas y languidecía el complejo cultural del Chinchorro.

Algunos siglos después, Arica y sus valles son controlados completamente por el Tiwanaku, etnia que había llegado a controlar a las vecinas en el Titicaca y cuya organización influencia también a los atacameños, pero con algunas variantes. Las etnias encargadas del control de Arica eran más aficionadas al trago (abundancia de K’eros, vasos ceremoniales para la chica) que a los halucinógenos provenientes de las selvas orientales que apetecían los encargados de San Pedro (tablillas y pipetas, mucho más abundantes y muchísimo más finamente elaboradas). Acá se usaban gorros de 4 puntas (cabuza), completamente diferentes (pero no más inútiles para el sol) que los gorros atacameños.

Cuando colapsa el Tiwanaku, hace 1.000 años, aparece la Cultura Arica, pero ya hacía 3 siglos que la Cultura Atacameña estaba consolidada en base al estilo de señoríos locales que nosotros también adoptamos.

Período de dominación Inca. Controlar a San Pedro, encerrado por la hostilidad de la geología circundante, era más fácil que controlar a Arica, sus valles y sierra. Aquí los Incas pusieron a los altiplánicos como intermediarios y aparentemete empezaron a implementar a Zapahuira como centro administrativo. En San Pedro construyeron un pequeño centro administrativo vecino al pukará de Quitor, Catarpe, desde donde controlaban a los señores regionales residentes en el pukará y a quienes permitieron mantener su jerarquía y poder sobre la población local, siempre y cuando cumplieran con los tributos.

Concluyendo. En Arica, los chinchorranos se farrearon 5.000 años sin experimentar progresos significativos, permitiendo a los altiplánicos decidir el destino de nuestro territorio hasta la llegada de los españoles. En San Pedro, los atacameños hicieron en la puna salada lo que los altiplánicos en la puna seca: tomaron con naturalidad las riendas de su destino y negociaron con habilidad sus riquezas y excedentes. ¿Será posible que los hippies que hoy controlan tan eficientemente la actividad turística de San Pedro nos estén dando una lección de cómo la historia vuelve a repetirse? ¿Vamos a seguir siendo chinchorranos cultural y administrativamente adormecidos por la bondad de nuestra tierra o vamos a recapacitar, tomar el toro por las astas y definir de una vez, por la razón o lo que tenga que ser, el destino que Arica se merece?. Tal vez no seamos capaces de actuar con protagonismo y mi hermano tenga razón cuando afirma que "la Historia es el Futuro que no fue". Si así es, nunca hubo futuro para Arica...