Habla el autor:

El doctor Renato Aguirre Bianchi, Cirujano, Médico Director de la Clínica Lautaro de Arica, empresario, cronista e historiador es un buen ejemplo de cómo la ciudad de Arica atrae a mucha gente que finalmente la prefiere como lugar para vivir antes que las oportunidades y comodidades de los grandes centros urbanos.

Las crónicas publicadas en esta web son solo parte del numeroso material escrito y gráfico que el autor ha ido recolectando a través de los años y muestran de manera entretenida, documentada y muy personal el resultado de sus excursiones e investigaciones, constituyen un material indispensable de leer para todos aquellos que se interesen por comprender a fondo nuestra idiosincrasia e identidad.

P. Doctor, primero que todo ¿cómo es que llegó a Arica y por qué decidió permanecer en la ciudad?.

R. Conocí a Arica casi por casualidad en 1967 y al año siguiente volví como voluntario en una investigación del Departamento de Acción Social de la Universidad de Chile y durante dos meses tuve la oportunidad de recorrer todos sus rincones y pocos lugares de la sierra. Poco después inicié mis años de especialización, ya impresionado por el Dr. Juan Lombardi de Iquique, cuya capacitación, producto de una sólida actividad quirúrgica provinciana, me pareció imposible de conseguir en Santiago. Los encantos de Arica, el olor a aventura que la  impregna, el sueño de emular a ese prócer de la cirugía provinciana y el convencimiento de que aquí se daban las condiciones ideales para crecer como persona y ejercer el estilo de cirugía personificada que me habían inculcado como deber e ideal, me señaló el rumbo a seguir, convencido de que sería una aventura para toda una vida.

P. Luego de tantos años de recorrer e investigar en nuestra historia y costumbres ¿qué cosas definiría usted como las más características de la identidad ariqueña?

R. Primero debo destacar la artificial “chilenidad” de la vida cotidiana de gran parte de su población urbana, gente que vive aquí como si Arica fuera un aislado barrio pobre de un Chile homogéneo, gris, centralista, incapaz de definir una identidad consistente sin esconderse detrás de una bandera. Ese es el aspecto que más me irrita pues implica una actitud casi servil frente a la deslavada idiosincracia santiaguina que ya describió Benjamín Subercaseaux en la década de los '40. Allí encuentro la raíz de la mediocridad que percibo en la Arica que primero aparece ante los visitantes.

Sin embargo, sin desdeñar un sano sentimiento patriótico, veo en Arica condiciones que debieran originar una “variante” andina de la chilenidad, una autenticidad regional que debiera enriquecer a Chile pero que desde principios del siglo pasado se trata de asfixiar, ocultar en forma deliberada o ignorar, para que languidezca y muera. Los efectos de ese esfuerzo de quienes han manejado el poder en Chile, suelen anularse a ratos cuando la geología, nuestra propia y singular historia no guerrera y la pluralidad étnica y socio-cultural afloran por alguna circunstancia y liberan por algún instante a nuestras peculiaridades. Si escarbamos un poco, brota con fuerza nuestra condición de chilenos diferentes, sentimiento que muchos vuelven a esconder como si fuera un pecado pero que demuestran la enorme energía regionalista que podría llegar a liberarse para bien de todos los chilenos. Ese potencial  impregna a Arica en forma poco perceptible para quienes sólo conocen sus calles y tiendas y me gusta pensar que algún día brotará con la fuerza, el orgullo y el entusiasmo con que cantamos la estrofa “siempre Arica hasta morir” de nuestro Himno. Vieja, polvorienta, superficialmente mediocre, nuestra Patria Chica tiene guardada una inmensa energía capaz de generar una manera diferente, no apocada, auténtica y autóctona de ser chileno, sin los tonos grises que prevalecen hasta hoy.

P. ¿Es cierto o solo un mito urbano que la calidad de vida en nuestra ciudad es superior a la de otros lugares? ¿Qué explica que mucha gente prefiera quedarse a vivir acá en lugar de emigrar a otras partes donde podría ganar más dinero?

R. ¿Superior calidad de vida?: sin duda, a menos que ésta se defina por lo que se aparenta en cuanto a vestiduras y posesiones, la posibilidad de esconderse en una multitud anónima y el temor a desnudar nuestra individualidad marcando cada gestión personal con un sello indeleble que nos identifica. No vale la pena ocupar más espacio detallando las ventajas en cuando a vida familiar, desarrollo personal, profesional y artístico (somos tan materialmente pobres que hay un inmenso espacio para crecer y crear), interacción horizontal en el espacio y vertical en el tiempo con otras costumbres, etnias, naciones, historia, etc. Y ni siquiera he mencionado el clima, el ambiente propicio para los deportes, las grandes extensiones de estructuras geológicas propicias para aventuras, etc. ¿Se necesitan más argumentos para explicar porqué los individuos no grises se transforman en entusiastas ariqueños?. ¿Ganar más dinero, fama, poder? ¿Para qué si eso sólo sirve para conseguir felicidad allí donde ésta escasea?. Por otra parte, nuestra calidad de vida es pobrísima si lo que buscamos es vivir como santiaguinos...

P. ¿Cree usted  que se aprovecha en su integridad el potencial turístico de las provincias de Arica y Parinacota? ¿hay un enfoque correcto, en su opinión, en el tema?

R. Categóricamente, No. El clima es benigno pero el cielo es gris; las playas son agradables pero sucias y no pueden competir con las que atraen a los turistas; el viaje al lago Chungará es apasionante pero sólo si se conoce nuestra historia humana y geológica. Sólo a través de un viaje bien programado en lo cultural y prolongado en el tiempo conseguiríamos que la Pachamama nos contara sus secretos y se acercaran los espíritus tutelares andinos y las ánimas de nuestros antecesores prehispánicos para relatarnos su historia. Vender pasajes al altiplano sin lo anterior es vender soroche, mareo, cefalea, algunos paisajes hermosos y un mero “yo estuve allí”. En las crónicas adjuntas propongo esbozos de alternativas que intentan aproximarse al inmenso potencial turístico de Arica. Este se define en nuestros valles, sierra y cordillera, se condimenta con nuestra condición andina y nuestro pasado prehispánico y maravilla a los extranjeros con los que he tenido el privilegio de hurgar en la Arica Profunda.

P. ¿Cuáles son, a su juicio, las virtudes y defectos más característicos de nuestra ciudad?

R. Además de lo expuesto, nuestro gran defecto es la falta de conciencia andina. La gran virtud de Arica es que, si sus habitantes urbanos no fuéramos tan indolentes y no gastáramos nuestras vidas mirando hacia el Sur y si los aymaras superaran la pérdida de identidad étnica consistente con su pasado, reaparecería el inusual atractivo y la inmensa capacidad productiva de nuestra Patria Chica, en el pasado importante para la consolidación de un mundo tan peculiar y trascendente como el del Tiwanaku.

P. ¿Cree usted que existe conocimiento entre los propios ariqueños de la riqueza histórica y cultural de nuestro pasado? ¿qué se podría hacer para difundir mejor este conocimiento y hacer de cada ariqueño un conocedor cabal de la ciudad y su historia?

R. Mucha menos gente de lo que sería “normal” en Europa o en los Estados Unidos tiene conocimientos elementales de nuestra historia, etnias, flora, fauna y geología. Quienes comprenden a Arica debieran involucrarse con mayor dedicación a conseguir lo que Ud. propone y oponerse a la designación de autoridades desprovistas de ese conocimiento.

Hay dos ámbitos donde se necesita mucho trabajo cultural autóctono: el de los habitantes urbanos y nuestros aymaras. Organizaciones estatales, académicas e indígenas debieran evaluar retrospectivamente su gestión en este sentido y diseñar proyectos para el futuro inmediato. La comunidad entera debiera exigir espacios en el ámbito escolar para agregar a la educación de nuestra juventud el contexto de una colorida singularidad del ethos chilensis en vez de aplicarle insípidas capas grisáceas de la inexistente homogeneidad etno-cultural de Chile. Hay que trabajar por un Chile grande, orgulloso no sólo de sus gestiones bélicas; conocedor de una historia que llega mucho más allá de los líos políticos republicanos; que sepa coexistir en un contexto multiétnico respetuoso, aún cuando pueda ser tenso; que sea una Nación y no una Capital gigantesca rodeada de “provincias” serviles. La “República Independiente de Arica” nunca ha existido ni debería ser más que una expresión simbólica de nuestra vocación andina, pero mucho menos puede ser un pariente pobre que ni figura en algunos mapas utilizados por nuestro país para promocionarse en el extranjero.

El origen de la palabra Arica puede tener muchas proposiciones, pero lo que siempre tuvo en el “diccionario” socio-cultural es el significado de “lugar donde la integración alcanza elevados niveles de eficiencia”. Con o sin tensiones, así fue hasta que a principios del siglo pasado se le chilenizó, con razón pero con miopía. Es hora de que Arica despierte y se integre, de igual a igual y vestida con sus propios colores, a la aventura de ser chilena. Para conseguirlo, hay que ayudar a que el resto del país comprenda lo que País significa...

P. Finalmente ¿cuál es su visión de la ciudad de Arica en unos quince años más?

R. Hace quince años hubiera respondido que estaríamos insertos en un contexto de chilenidad con las características que ya señalé, pues creía que era imposible mantener la situación que hoy sigue afectándonos. Perdí el optimismo pero no la esperanza ni el ánimo por contribuir al cambio, pues hubiera querido un espacio en Arica para mis hijos, en vez de verlos muy lejos añorando a su tierra.

Concretando, la respuesta es, Arica Durmiendo si no tomamos las riendas de nuestro destino, neutralizamos los intereses centralistas y seguimos desconociendo nuestro pasado.

La respuesta es también Arica Despierta, más chilena que nunca, si la Municipalidad sigue atrayendo a gente como Ud. para llegar al público local y foráneo, si la reciente obra de Cecilia Huespe trasciende y se sigue traduciendo el significado de la palabra Arica al Arte, si se le otorga espacio a nuestros educadores en el ámbito rural y el urbano, si las agencias de turismo amplían el horizonte de su gestión, si el financiamiento de las organizaciones indígenas no sigue promocionando la división en vez de la complementación, si los medios de comunicación intensifican su creciente interés por lo autóctono, si exigimos autoridades con la autonomía necesaria para discentir del centralismo y que sepan lo que es ser ariqueño, si le imponemos un uniforme gris a la mediocridad importada desde otras latitudes para que resalte con fuerza nuestro colorido...