Visiones de la Arica Profunda

Pukara de Laco Alto  

 

Poco antes de llegar a Chapiquiña cuando se viene del Norte, hay un bajo donde se puede apreciar y recorrer un tramo relativamente bien conservado del Camino Inca. Un poco antes, hacia el Oeste, una especie de torrecilla circular me llamó la atención, así como un caserón al Este del camino, el cual parece muy grande para estar en las afueras del pueblo. Después supe que esa era la Hacienda Vilca, cuya matriarca viuda, doña Lina, pasó a ser una de las amistades que me gusta visitar en la sierra.

La torrecilla mencionada resultó ser un puesto de vigilancia que controlaba una fundición de minerales de nadie sabe qué años, de la cual quedan las ruinas, la escoria, crisoles burreros y muleros (más grandes) para formar lingotes y que, algunos semi-enterrados, se utilizan para amarrar animales.

Eso estaba mostrando a unos amigos periodistas, cuando llegó una camioneta proveniente de la casona y un hombrote grande que luego resultó ser muy cordial, nos increpó por entrar a su propiedad privada, no delimitada por cierto. Un par de frases bastó para que brotara su andina amabilidad y nos invitara a la casona, donde conocimos a la familia, nos dieron datos de las flores del lugar y nos contaron historias. Ellos me incitaron a visitar Laco Alto, lugar que conocía sólo a través de breves menciones en revistas especializadas y cuyo acceso yo no sabía si era transitable en algo que no fuera el tractor de la familia Quispe que habita el lugar. El camino parte al Oeste, precisamente rozando la casona de la abuela Lina.

Un día que pasaba por allí y me detuve a entregarle a doña Lina esas galletas tan especiales que hace mi señora, decidí partir a Laco cuando estaba anocheciendo. El camino es estrecho pero transitable con cautela para un 4x4. De cuando en cuando hay unos pocos ranchos y ya era oscuro cuando se me acabó el camino tras 15-18km de recorrido y a unos 3.100m de altura. En lo alto de un cerro vecino, una tenue luz sugería que allí vivía el Sr. Quispe y hacia el Norte, el río encajonado por paredes verticales de cierta profundidad. No atreviéndome a enfrentar a los perros que ladraban, esperé allí el amanecer.

Al salir el sol, lo primero que hizo fue iluminar precisamente las ruinas de Laco Alto (Lat.18º23'48", Long.69º35'14"O), en la ladera oriental de un cerro al otro lado del río. En la terraza fluvial que está entre ambos, hay un par de chozas no habitadas y corrales de construcción contemporánea, pero a medida que se asciende se pasa entre recintos casi circulares (preincaicos) delimitados por pircas de dos hiladas de piedras con una capa intermedia de piedrecillas. Primero se pasa por una zona que tiene corrales y luego casas y colgas (recintos para almacenar alimentos), luego una zona netamente residencial y en la cima del cerro y en la parte alta de su vertiente occidental, excavaciones verticales relativamente poco profundas y pircas y montículos pequeños de piedra que forman un conjunto que sólo serviría para acciones ceremoniales.

En la base del cerro, acercándose al río, hay antiguas andenerías y más allá algunas chuspas (casas-tumba) que los lugareños denominan "casas de gentiles". Un muchacho de la zona, hablándome de ellas, se preguntaba cuán chicos debían haber sido los gentiles (antiguos habitantes) para haber cabido dentro de estas casitas...

Relatado así, Laco Alto es sólo un poblado más del Intermedio Tardío. Los pocos restos de cerámica reconocibles en el suelo son del estilo Chilpe (negro sobre rojo), indicando que los habitantes fueron altiplánicos preincaicos con poca interacción con los agricultores (coles) ariqueños. Todo parece calzar con lo poco que un lego puede saber de estas cosas pero, al volver a la Hacienda, ahora con luz natural, encontré una estructura que contribuyó a aumentar mi admiración por los logros de las pequeñas comunidades andinas.

En Lat.18º23'S, Long.69º34'O, a 2.300m en vuelo de pájaro rumbo estenordeste desde Laco Alto, hay una marka (cúmulo de piedras utilizado para marcar un punto geográfico) bien conservada al lado del camino y al otro lado, un peñón rocoso de unos 20m de altura. Entre ambos, acercándose al peñón, evidencias de antiguas andenerías en muy mal estado, además de estar destruidas en un sector por la bajada del agua de las lluvias. Vecinos a estas estructuras, recintos circulares con pircas de una hilada que debieron ser corrales y otros de mejor factura que sin duda sirvieron de base a recintos habitacionales de paredes y techos de vegetales. En general el lugar es más pequeño y parece de arquitectura más primitiva que Laco Alto, pero no del todo pues hay colgas chicas con paredes selladas por argamasa de barro.

Esto pudo haber sido un asentamiento secundario, pero sirve para demostrar la fuerza laboral de la comunidad, por lo que sigue: los andenes se hacen más cortos hasta llegar a la misma base del peñón y a sus lados quedan esbozos del daño que povocaron las aguas de lluvia al bajar por la ladera. Detrás del peñón sigue un cerro sin estructuras de interés, pero a media altura, donde la piedra empieza a ofrecer al conjunto una cara lisa de corte vertical, hay una pirca de cinco a siete corridas verticales de piedra y se adivina un acceso que asciende por ambos lados del peñón.

Pues la pirca, que parecería delimitar un recinto, desde arriba demuestra servir sólo para estabilizar a una estrecha y poco profunda canaleta por la que apenas se puede pasar de lado y pegado a la pared rocosa. No hace más que llevar con dificultad de uno al otro lado del peñón, pudiendo un humano hacerlo con entera facilidad a los pies de éste o por el cerro de atrás. Desde lejos, es claro que es un trecho de un angosto y muy largo canal de irrigación  para el riego de las hoy deterioradas adenerías, similares a los que he visto ingeniosamente implementados en paredes rocosas en Belén, Calaunza y otros lugares. Las fotos pueden verse en la carpeta  "Artículos y sus Fotos"=>"Fotos de los Artículos"=>"Laco-Pachama-Saxamar" de http://briefcase.yahoo.com/lautaro.

Si las piedras hablaran...

Pero este lugar tiene para mí un interés particular. A 1.200m hacia el sur está uno de los más hermosos pukaras de la sierra, Caillama, con casi una veintena de chullpas (casas-tumbas de dignatarios altiplánicos) de barro. Creo que hacia el sur y subiendo unos cuantos cerros y atravesando algunos barrancos, ese sería un buen punto de partida para iniciar de madrugada una caminata, si consigo un acompañante pues no es prudendente cruzar en solitario la sierra deshabitada, para intentar encontrar el tangani (cerro de cumbre plana) ubicado "unas tres horas a caballo aguas abajo del poblado de Chapiquiña", el cual sé que está un poco al suroeste del sitio que acabo de describir, aunque no conozco su ubicación exacta. Según Hans Niemayer, sus aleros y paredes planas están atiborradas de pictografías y petroglifos. Cuando las encuente, las compartiré con Uds.

Nunca terminaré de conocer cabalmente a nuestra sierra prealtiplánica.