Visiones de la Arica Profunda


El valle de Copaquilla, segunda parte  



En la crónica anterior describimos someramente al valle de Copaquilla, las quebradas que lo originan y la amabilidad de su patriarca, Isaac Vicente. Su propiedad está en la parte alta del valle e incluye las laderas que delimitan el angosto talweg (fondo) a los pies del pukara homónimo. Siendo éste un recinto puramente defensivo, sus ocupantes debieron utilizar al valle para vivir en tiempos de paz, procurar su sustento y honrar a sus difuntos.

No tengo datos acerca de cuándo comenzó la ocupación del valle, pero hay restos que relatan parte de la historia, por lo menos en lo que respecta a su apogeo prehispánico. La propiedad de Isaac es como un triángulo cuyo vértice se origina donde termina la abrupta quebrada y cuyas laderas, hacia el pukara al oeste y la del lado opuesto, conservan un abundante material arqueológico.

Si uno cruza el pukara del alto en dirección al valle, puede descender por una pendiente inclinada pero transitable. Se encontrará una larga pirca que pudo tener fines defensivos y/o servir para delimitar el espacio al ganado de camélidos y, más abajo, un centenar de recintos habitacionales de los cuales no quedan más que las bajas pircas que los delimitan y trozos de cerámica.  Inmediatamente al sur del poblado está el cementerio, constituido por diversos tipos de tumbas. Desde luego, resalta la chullpa (casa-tumba que albergaba los restos de un personaje altiplánico de alcurnia) adornada por un número pintado en blanco por los contemporáneos, construida con bloques de piedra unidas con barro, la cual domina el valle desde una altura y posición privilegiadas. Cerca hay otras dos chullpas más deterioradas, construidas en barro con paja y lajas de piedra que estabilizan la estructura. En la ladera opuesta hay otras tres chullpas similares, todas cuadrangulares.

Eso ya nos aporta algunos indicios. El lugar tiene que haber sido importante para los señoríos vecinos al Titicaca, supongo que durante el dominio incaico que se inicia en el siglo XV. Nótese que los incas cedieron el control de las tierras ariqueñas a sus vasallos aymaras. Seis chullpas señoriales en un lugar tan reducido es lo que permite suponer que éste era un centro de importancia administrativa. Lo que despierta mi curiosidad es que una de ellas, la que mostramos, está construida con materiales diferentes a las demás, las cuales son más semejantes --por lo menos en cuanto al material utilizado-- a las dos que existen en el vecino Tambo de Zapahuira, un claro ejemplo de centro administrativo incaico (ver crónica).

En varias crónicas hemos descrito distintos tipos de chullpas cuadrangulares, pero "casi" todas tienen un detalle en común: la estrecha puerta mira casi siempre al oriente, desde donde sale el sol, lo que se relaciona con las ideas de los aymaras acerca del mas allá. Hay detalles que permiten a los expertos identificar, a través de las chullpas, a la etnia aymara circuntiticaca delegada por los incas para controlar nuestras tierras. Las de sus "regalones" lupaca, a quienes fueron asignados los valles de Moquegua, Sama, Caplina (Tacna) y Lluta, son redondas, por lo que podemos suponer que éstos no fueron los encargados de Copaquilla. Sus vecinos pacajes, ocupando territorios al sur del lago, fueron los primeros que controlaron Azapa y su precordillera, pero en su territorio hay diversos tipos de chullpas. Como ejemplo para demostrar la complejidad de un tema que no domino, expongo el objeto del "casi" mencionado.

En el centro administrativo incaico de Incahullo que controlaba al poblado de Huaihuarani en la zona de Belén, está la más imponente chullpa que conozco. Esta es cuadrangular pero muestra cierta influencia incaica en la estructura semielaborada de sus paredes de piedra (de superficie lisa en el exterior y no elaborada en la cámara mortuoria). Lo peculiar de ésta es que su puerta mira hacia el poniente, vaya uno a saber porqué. Según el arqueólogo finlandés Kesseli Risto, quien ha estudiado con detalle los chullpares del altiplano boliviano, ésta se parece a las de Sevaruyo, al sur del lago Poopó. Hasta donde llegan mis limitados conocimientos, éste es territorio de los quillacas, emparentados con los lupacas y vecinos de los carangas que controlaban nuestra sierra cuando llegaron los españoles.

A todo este enredo agréguese unas peculiares chullpas que encontramos cerca de Ticnamar, frente al cementerio de Charcollo, enteramente diferentes a las otras que conozco y cuya puerta mira al oriente, y el lector podrá comprender que no pretendo resolver el misterio de la diversidad de las chullpas ariqueñas, sino expresar mi frustración ante la falta de información consistente acerca de nuestro rico patrimonio andino. Espero con ansias la publicación de los estudios del Sr. Risto y lo invito a visitarnos para evaluar nuestras reliquias. Resalto cuán curioso me resulta esperar noticias de Finlandia...

Volviendo a Copaquilla, queda por señalar que, tanto en las ruinas del poblado y el cementerio al pie del pukara como en el de la ladera opuesta, hay otros tipos de recintos funerarios que no tengo espacio para describir. Los trozos de cerámica que encontré son principalmente de origen altiplánico: estilo Chilpe, propio de las etnias altiplánicas preincaicas pero que no desaparece tras en control del Tawantinsuyo incaico, con algunos trozos de estilo Saxamar (altiplánico de la época de los incas). Como es habitual y concordante con la coexistencia de múltiples etnias propia de nuestro pasado, hay también cerámica de la Cultura Arica de los valles bajos y medios: San Miguel y su etapa ulterior pero no excluyente, Gentilar, además de algunos fragmentos de burda decoración que pudieran corresponder al estilo "ariqueño serrano" Charcollo.

Copaquilla, para este intruso no ilustrado, es un resumen de lo que pasó en nuestro territorio poco antes de la llegada de los españoles. Las dudas, imprecisiones y errores que contiene este relato se deben más a carencias de fuentes de información que a falta de interés por comprender a nuestra Patria Chica. Creo que eso describe a Arica: un territorio con un pasado riquísimo que no entusiasma a nuestros coterráneos porque no tenemos más alternativas que mirar y quedarnos con las ganas de saber más. No dudo que la información existe, pero está fuera de nuestro alcance. No es justo...