Visiones de la Arica Profunda

Ticnamar 7: el cerro Jach'a Tangani

 

Kimsa Viracocha Tangani, los tres señores cerros planos, son sin duda una de las más conspicuas características geológicas de Ticnamar. Tangani es el nombre que recibe en aymara un cerro de cima plana (meseta) y de murallas extremadamente abruptas, casi verticales. Aunque no faltan los necios, ignorantes o desequilibrados que dicen que son producto de una titánica empresa de los "incas", los cuales, por lo demás, apenas se hicieron presente en nuestro territorio, los tangani son lo que geológicamente se designa como "cerros testigos" y los de Ticnamar lo demuestran con claridad. La cima plana está a la altura de la pampa vecina (Oxaya) y los cerros no son formaciones emergentes sino restos ("testigos") de la altitud de esa planice original, ulteriormente excavada por las distintas fuerzas de la formidable dinámica geológica.

 

En Ticnamar resaltan tres de esos cerros, los que sobresalen unos 300m del talweg ("piso" o "fondo") de los valles circundantes. El más conspicuo está hacia el sur y protege al pueblo del helado viento vespertino que baja de Timalchaca y de las malas intenciones del "Tío" (el mísmísimo Diablo) que vive en el cerro Marqués. Se llama "cielo" o "calvario" pues en su borde sptentrional tiene dos hermosos calvarios o templetes, amén de un par de cruces sobre pedestales, pero nada más. Un poco al Sudeste, otro tangani de platafoma más pequeña (alguien dice que se llama Warjata) que se utilizaba antes para realizar las "costumbres" (ceremonias paganas) para cuando escaseaban las lluvias. Hacia el sur, casi como si la hermosa quebrada de Oxa jugara el rol de les Champs Elisées cuando enfilan hacia el Arco de Triunfo, está el "Tangani" propiamente tal, a falta de un mejor nombre.

 

La pérdida de la identidad autóctona que hemos generado los chilenos es tal, que ni don Noé Zubieta Tarque, uno de los "antiguos" del lugar, quien sobresale por sí mismo, por su trayectoria y por su condición de aymara-parlante, puede dar un nombre diferencial a cada uno de ellos. Como el adjetivo jach'a (grande, alto, poderoso) flota en el ambiente cuando se habla de los tangani, me atrevo a adjudicárselo a este cerro, vecino del Charcollo, pues es el más impresionante, difícil de escalar y guardián de secretos indescifrables. Desde su cima queda claro que si el Diablo del Marqués quisiera atacar a Ticnamar, pimero tendría que vérselas con este cerro antes de enfrentar al más piadoso Calvario.

 

Por eso, por ser el "jach'a" fuimos a Huacane (Ticnamar 29) a rendirle tributo, pedirle permiso y rogar la proteccion y/o no intromisión de otros poderes que regulan el destino de los humanos. Sin duda eso complació no sólo al Tangani sino que a toda la gama de entidades sobrenaturales. La Pachamama se esmeró por mostrarnos sus adornos y a la vuelta nos entregaría con generosidad ilimitada todos los amañocos que quisimos para saciar la sed de 5 horas de inestable caminata. No es habitual ver tantos animales en un solo día. Aparte de los habituales guanacos y vizcachas de la quebrada de Ipilla, en cuanto enfrentamos el bamboleante trayecto de nuestro vehículo por el lecho del río Oxa en direccón a Charcollo, un chingue hizo gala de su perfume, un hermoso y bien nutrido zorro exhibió con orgullo su hermosa cola a un centenar de metros de nosotros, una culebra nos dejó pasar por sobre ella sin arrancarse y más tarde una bandada de unos 30-40 bulliciosos loritos de vientre amarillo y dorso verde protagonizaron un espectáculo aéreo sobre el vehículo, aliviando las penas físicas de un expedicionario que se había fundido. Terminábamos el ritual de la paw'a de las hojas de coca y la ch'alla de alcohol en una especie de plaza ceremonial en la cima del Jach'a Tangani, cuando 3 cóndores pasaron a poca altura sobre nosotros, sin duda observándonos en una gestión profesional.

 

Si uno escarba en la leyenda, los cóndores, "kunturi o mallku", son los mensajeros que comunican a los señores cerros poderosos entre sí ("apu "collos" en aymara  o tayta "orco" en quechua). Sin duda habíamos quedado bien ante esos poderes con nuestra gestión ante el viril "huacón" de Tumaya (crónica anterior) y nuestra ya relatada experiencia con el Co. Charcollo y entonces éstos decidieron enviar a los cóndores para que se nos facilitase el camino y para velar  por nuestra seguridad. Eso nos lo contó la Pachamama en la cima del tangani con un suave temblor, al terminar de ch'alltar y justo antes de la aparición de los cóndores. En los Andes, todo es altar y hasta los más escépticos doblegamos nuestro orgullo agnóstico ante el maravilloso equilibrio del akaj pacha, la dimensión que los poderes superiores han creado para los humanos y animales a través de la interacción los opuestos complementarios (Mundo Andino, Cosmovisión).

 

Relatar los pormenores de la expedición sería repetir la descripción de chullpas, sitios rituales y ruinas de poblados y corrales en las laderas, más o menos al estilo de las crónicas precedentes pero en una versión más primitiva. No hay arte rupestre en el Jach'a Tangani. Toda la meseta, tal vez un par de hetáreas, está cubierta de ruinas de recintos delimitados por pircas primitivas de piedras sin agamasa, con todos los tipos de morteros (batanes) y cerámica rudimentaria, algunos trozos propios de la Cultura Arica de los valles bajos y  bastante cerámica altiplánica preincaica del Período Intermedio Tardío (Chilpe). No encotré (tal vez porque no busqué lo suficiente) evidencia de ocupación durante el Período Tardío (incaico), como el par de trocitos de cerámica Saxamar del cementerio de Charcollo, a menos de 2km del lugar.

 

No sé y ahora ni me importa mucho quiénes ocuparon el lugar. Lo que aprendí en ese viaje es que los dioses andinos existen. No se trata de esas entidades infalibles que siempre tienen la razón y obligan a una eterna lucha entre lo fasto y lo nefasto, sino de presencias perceptibles a través de la inmensidad de los espacios, la magnitud de las formaciones geológicas, el equilibrio entre éstas y las formas de vida y el respeto que los humanos iniciados profesan por su entorno, sin esfuerzo, penas del infierno ni promesas celestiales. Para quien nunca ha tenido experiencias místicas, vislumbrar en Los Andes a Gaia, la deidad planetaria suprema, expresada a través de las vías de la cosmovisión andina, marca un compromiso ineludible: lo andino, en estado agónico, debe conservarse con mayor énfasis que la "reserva genética" de los ambientalistas, porque es una forma de vida tan diferente a la nuestra que minimiza la indigesta gestión del post-modernismo. Gaia es capaz de regenerarse, repararse a sí misma y eliminar lo que la amenaza, por lo que los humanos que profitamos de ella debemos respetarla para evitar que nos destruya para resguardar su eternidad.

 

Eso lo comprendí en la cumbre del Jach'a Tangani y los libros ya me habían explicado el pensamiento andino. Creo que coinciden.

 

Como expresión decadente del Mundo Andino que quisiera resurgir, te ruego, Ticnamar, que no te rindas ni te fracciones: te necesitamos...