Visiones de la Arica Profunda

Ticnamar 6: Charcollo, cerámica e identidad serrana  

 

El cerro Charcollo domina, por su altura, su color negruzco y por ser como la "antesala" del cerro Tangani, la parte media de la quebrada de Oxa, entre Mullipungo y Ticnamar. Charcollo evoca baches en la comprensión de la evolución cultural de Arica, pues hay allí un cementerio donde se encuentran trozos de una cerámica de confección tosca, con una decoración de burdas líneas y puntos en rojo, que sólo excepcionalmente se encuentra en los sitios arqueológicos de la parte media o baja de los valles. Eso ya es curioso, porque en el Período Intermedio Tardío (unos cuatro siglos entre el dominio del Tiwanaku y el incaico ulterior), la Cultura Arica muestra, desde más o menos el siglo XI, una evolución de estilos de cerámica sucesivos (San Miguel, Pocoma y Gentilar) que no son excluyentes, sino que persisten hasta asociarse a los estilos que vienen del altiplano (genéricamente, "negro sobre rojo") cuando allá arriba también pasaban por la etapa de señoríos regionales en la que se ubica la Cultura Arica (Chilpe, 1300 d.C.) y durante el Período Tardío, incaico (Saxamar). Sin embargo, aún en esa época, siglo XV, persistía el estilo ariqueño pese a la influencia incaica. Cerámica ariqueña, costera, se encuentra junto a la altiplánica en muchos de los sitios que hemos descrito, como Huaihuarani para poner un ejemplo bien concreto.

Sin embargo, la cerámica Charcollo es casi exclusivamente un hallazgo serrano, como si la quebrada de Oxa no hubiera hecho aportes a la interacción altiplánico-costera que trascendieran mas allá de la precordillera. Eso es lo curioso. Aunque la antigüedad de esa cerámica ha sido fechada por termoluminiscencia entre los años 1160 y 1475, fechas vecinas a la aparición del estilo San Miguel, Pocoma, Gentilar en arica y la introducción del estilo Chilpe en el altiplano. Se ha propuesto que la población que trabajó en el valle de Oxa proviene del Período Medio (antes del siglo X), o bien es el resultado de las primeras migraciones de poblaciones altiplánicas a consecuencias del colapso del Tiwuanaku y antes de que se establecieran los Señoríos Regionales. Aunque un experto me confesó que se escribe poco de Charcollo porque se sabe poco, parece que estaríamos hablando de la primera cerámica ariqueña propia de la sierra, significando algo así como la primera manifestación más o menos auténtica del ariqueñismo serrano. Sin duda soy el menos indicado para plantear una hipótesis de esta naturaleza y me limito a repetir lo que me han dicho, pero eso no invalida mi curiosidad por saber un poco más de esa gente que parece haber sido tan especial. Por eso quise visitar el cementerio de Charcollo, pero, para mi sorpresa, los lugareños no sabían de su existencia y sólo lo encontramos en una porfiada caminata siguiendo imprecisas informaciones extraídas de la literatura.

Pero sospecho que los párrafos anteriores no son muy comprensibles para el lector porque no hay instancias eficientes para aprender acerca de la evolución de la cerámica ariqueña. Dediquemos unas líneas al tema.

La cerámica aparece, en todo el mundo, con la sedentariedad, urbanización e intensa carga laboral que trae la introducción de la agricultura, y Arica no es una excepción. Hace unos 3.000 años, nuestra población costera (chinchorro), con una indefinible influencia altiplánica y/o del sur del Perú actual, inicia la etapa agrícola en las fases denominadas Azapa y poco después en Faldas del Morro y El Laucho. Además de la incorporación de una metalurgia elemental, se empiezan a fabricar ceramios utilitarios primitivos, no decorados, en forma de calabazas. Estos siguen siendo primitivos y carentes de decoración durante la Fase Alto Ramírez, del Intermedio Temprano e intensa influencia altiplánica, la primera gestión ariqueña hacia una consistente economía agropecuaria. Siguen por lo menos 5 siglos en los cuales la evidencia arqueológica es muy pobre y/o no muestra progresos, hasta que a fines del siglo IV aparecen en nuestros valles los cabuzas, de origen altiplánico y anteriores a la etapa expansiva de Tiwanaku, quienes introducen la cerámica decorada en Arica (líneas negras sobre un fondo rojo). Luego viene el Tiwanaku clásico (Período Intermedio Medio) y empieza (tal vez) a manifestarse el germen del ariqueñismo en el siglo VIII con la Fase Las Maytas, con una cerámica artísticamente emparentada con la de Chiribaya de Ilo. El colapso del Tiwanaku permite la emergencia de la Cultura Arica del Intermedio Tardío en el siglo XI, siendo tal vez Charcollo su manifestación serrana. Obviamente, su "estilo", por lo menos a juzgar por la cerámica, no se limitó a la quebrada de Oxa, sino que tamnién se hace presente en otros sitios serranos vecinos, como Huaihuarani (cerca de Belén) y Laco Alto y Caillama, cerca de Chapiquiña.

Sigue siendo enredada mi explicación, porque Arica es así: confluencia e interacción de etnias de distintos nichos ecológicos, crisol de culturas peculiares e integración que involucra gente, altitudes y etapas culturales a través del tiempo. En un momento dado aquí coexisten elementos de todas esas dimensiones. Por eso Arica es tan especial a nivel planetario. Por eso no nos comprenden los chilenos...

Pues llegamos al cementerio de Charcollo. Parte de él ha sido "perturbado" utilizando las piedras de los nichos funerarios para construir unos corrales, pero quedan decenas de tumbas, consistentes en un recinto cilíndrico semi-subterráneo de paredes elaboradas por pircas de piedras y techadas por piedras planas extraídas de una cantera ubicada en una quebradilla cercana. Generalmente agrupadas en complejos de 4 o más tumbas, con una estrecha puerta a ras del suelo con dintel de piedra plana y que mira hacia el oriente, todas han sido vaciadas. Hay algunas tumbas individuales, más grandes, que no tienen puertas y otras también grandes rodeadas de otras más pequeñas. Esta sutil diferencia de estilos se hace más evidente cuando, tras fotografiar decenas de trozos de cerámica primitiva, se nos aparecen trocitos de pasta más sofisticada y decoración multicolor bien elaborada en líneas rectas, curvas y círculos con colores rojo, amarillo y negro, propia de los asentamientos de la Cultura Arica del Intermedio Tardío cerca de la costa. También encontré algunos trozos de cerámica altiplánica preincaica (Chilpe) e incaica (Saxamar). Aquí llegó la influencia de la costa y también la del altiplano, pero la propia de Oxa no trascendió a la costa. ¿Porqué, si lo habitual en Arica es que todo coexista?.

La respuesta a esta interrogante es, por ahora, menos importante que el interés con el que mis amigos ticnameños Oscar y Bernabé, que dudaban de la existencia del sitio, exploran respetuosamente el lugar y elaboran sus propias conclusiones. ¿Cómo es que los chilenos hemos conseguido desligar de su pasado a los dueños originales de este territorio?. Pero nuestra gestión conjunta hace que el entusiasmo por comprender lo que sucedió crezca con fuerza. He aquí el tenor del intercambio de ideas en el terreno:

Al otro lado de la quebrada de Oxa, hacia el oeste, en una explanada a unos 50-100 metros del talweg ("fondo" o "piso") del valle, identificamos las ruinas de un poblado que suponemos que es donde vivían los que dejaban sus muertos en el cerro Charcollo. Un centenar de recintos circulares delimitados por pircas de piedras amontonadas con poco esmero y sin argamasa, dotadas de los tres típicos estilos de batanes (morteros): circulares, ovoides y rectangulares y con escasa cerámica primitiva --a lo más con decoración de líneas rojas burdas sobre la superficie rugosa de la greda-- parece confirmar nuestra suposición. Pero siempre habrá interrogantes: ¿porqué hay cerámica más sofisticada en el cementerio?. Suponemos que por el afán de ofrendar a los muertos lo más "fino", "importado" de la costa y/o porque poblaciones más evolucionadas ocuparon con posterioridad el cementerio (¿chullpas redondas, sin puerta aparente?). Hay algunos pocos cistos funerarios semisubterráneos entre el poblado y la quebrada, pero cuando don Oscar intenta acortar camino por donde menos uno lo hubiera pensado, tal vez por darse el gusto de pasar cerca de su potrero de Putu Putu, se enreda en una serie de quebradillas y de pronto hace un hallazgo espectacular, insospechado pese a haber pasado su niñez pastoreando en la zona: cuatro chullpas rectangulares casi idénticas, una al lado de la otra pero separadas entre sí, con su eje mayor (4m) orientado al sur, con cámara de techo formado por rocas planas y todas provistas en su interior de tres pequeños nichos cuadrados, los que evocan vagamente a las "hornacinas" incaicas pero a ras del suelo. La cámara techada, de 210x90cm y unos 120cm de alto, se abre ampliamente hacia un "patio" sin techo, el cual tiene una puerta lateral que mira al oriente. No hay más, nada más en los alrededores. Aunque no soy ningún experto, he recorrido harto territorio precordillerano y  nunca había visto algo así. Decidimos no mostrar las fotos ni revelar las coordenadas para evitar destrozos y reservar la información para los expertos que se comprometan a no pintarrajear las chullpas con sus blancos números identificadores.

Nos quedamos con ganas de averiguar más, pero no nos corresponde explorar el subsuelo porque las excavaciones deben ser hechas por los expertos. En cambio, y ciertamente con más fuerza, la plana cima del Tangani, donde hay peculiares restos de ocupación prehispánica, nos llama con insistencia. Uno de nosotros explora sus laderas y define una vía para abordar la cima, a la vez que encuentra un recinto funerario diferente de los cuatro tipos que ya hemos encontrado en Charcollo. ¿Qué enredo étnico hubo en la zona?. ¿Hay alguien que pueda informar a los ticnameños acerca del pasado de su territorio?. Este pertenece a los "indios" (calificativo que hoy se exhibe con orgullo) y nadie ha autorizado a ningún estrato intelectual o académico de q'aras (individuo extraño a lo que es aymara) para que lo guarde para sí.

Estamos impacientes por explorar el imponente cerro, y tal vez un poco intimidados por su majestuosa alzada. No nos perderíamos la aventura, pues para eso fuimos a Huacane (crónica anterior) a agasajar a la Pachamama y a los dioses y achachilas de Ticnamar. Los dioses andinos tienen su genio, pero son comprensibles: si uno los trata bien, los adula, les hace ofrendas y respeta su dominio y a los habitantes de éste, seguro que te ayudan. Que eso es verdad, se los demostraré con el relato de nuestro ascenso al Jach'a Tangani...