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Nota. La elección de la foto que muestra a la huaca de marras me tuvo en dudas por algunos días, pero al fin pensé que lo que pretendo es escribir las cosas como son y no como le gustaría a algunos que fueran. No es mi ánimo hacer una broma de mal gusto ni ofender a nadie: los andinos generaron esta situación sin la maldad que impera en la conciencia de los "civilizados" y no tengo ningún derecho a ocultar la evidencia geológica de un hallazgo etno-histórico del cual he tenido el privilegio de haber sido advertido por los descendientes de quienes hace tantísimos siglos se comunicaban en este lugar con los seres superiores. No fui llevado allí con comentarios burlescos ni con picardía: debíamos hacer una ofrenda y ese era el lugar para hacerla. Ojalá lo entiendan así, porque necesitaremos la ayuda de los achachilas: el próximo domingo (21-IV-2002) ascenderemos el Tangani a pie y eso no es algo que muchos hayan hecho. Por favor, no perturben mis buenas relaciones con los dioses andinos tomando la foto para la chacota.

 


Visiones de la Arica Profunda

"Todo es pareja en el mundo y lo que va solo anda mal y es mala seña" (Jesús Urbano Rojas, prestigiado artesano "santero" quechua, ex-comerciante caravanero)

Ticnamar 5: Huacas, Chukila e Illapa

 

Huaca (se escribe waka) es un lugar sagrado, masculino, donde se realizan ritos para comunicarse con lo superior a lo humano. Siendo masculino, lo femenino debe estar cerca: un puquio u ojo de agua, un flujo de agua o por lo menos dibujos de vulvas y/o auquénidos preñados. Como explica con más detalle Urbano en el libro "Santero y Caminante" escrito por Pablo Macera, describiendo con profundidad la cosmovisión de un ñampurej ("caminante") quechua de mediados del siglo XX, lo viril tiene que tener esposa y eso tiene que ser bien evidente.

Una vez, con don Oscar y don Bernabé Mena, de la directiva de la Comunidad Indígena Aymara de Ticnamar, decidimos conveniente empezar el día con un ritual (ch'uwaña), porque, aunque los lugareños que habíamos consultado no lo conocían, iríamos por segunda vez a buscar el cementerio del cerro Charcollo, el que yo porfiaba que debía estar en cierto lugar por información recogida en una publicación.

Decir cerro Charcollo es una redundancia, pues "collo" (se escribe qullu) significa cerro. Pues allí hay, aunque los ticnameños no lo sabían, restos de una ocupación que es más o menos contemporánea con la Fase San Miguel de la Cultura Arica (900-1000 años atrás) y que ha sido poco estudiada. Podría representar la manifestación serrana de la Cultura Arica (la cual es esencialmente costera y de los valles bajos), pero su cerámica es burda, con escasa y descuidada decoración, aunque pudiera ser la primera cerámica serrana propiamente tal. Aunque un lugareño nos aportó información muy interesante que sugiere, en el vecindario de la quebrada de Oxa, la presencia de restos de una población costera de hace unos 600 años (sorpresa que queda por confirmarse), el mero hecho de que no reconocieran el sitio de Charcollo estimulaba mi porfiada determinación de llevar a mis amigos a una pesada caminata que nos haría perder el día si resultaba estéril.

Además, se nos había integrado Luis Seguel, un caucásico culto e inteligente que había vivido años en Putre y que ahora se había incorporado a la aventura del descubrimiento de nuestro abandonado patrimonio. Por añadidura, ya se había decidido que muy pronto exploraríamos la meseta del cerro Tangani, subiendo a pie para mejor revisar cada roca y recoveco, sabiendo que allí hay restos arqueológicos ("gentilares") muy especiales pero poco conocidos. Se nos dice que entre el Charcollo y el Tangani hay más "gentilares". Suficientes motivos para rendir culto y pedir protección y comprensión a los dioses y espíritus en Huacane ("lugar de la huaca"), donde existe una peculiar formación geológica, sumamente masculina, de unos 15 metros de alto, al lado del río y de murallas rocosas que escurren agua, el elemento femenino.

La estructura geológica del lugar, un suelo rocoso algo rosado, duro pero relativamente frágil, que termina hacia el río en un corte brusco que revela que por debajo hay más de 10 metros de barro compactado con piedras de superficie lisa y bordes redondos, habla de un aluvión de colosales proporciones, tal vez seguido, miles de años después, por densas nubes de gases volcánicos que bajaron desde las alturas de los nacientes Andes y que luego se solidificaron formando ese suelo rocoso de lo alto, de menos de 1 metro de espesor, lo que se llama (supongo) una ignimbrita. Confieso una profunda ignorancia geológica, pero me impresiona la violenta magnitud de la génesis de la superficie planetaria de nuestra cordillera, la que deja evidencias tan fácilmente perceptibles que uno se atreve a sacar conclusiones. Basta mirar un poco más allá de la polvorienta ciudad que es Arica para impresionarse por la riqueza de sus formaciones geológicas. Sin duda nos hemos establecido en uno de los lugares del planeta donde éste muestra con entusiasmo la incansable evolución de su superficie. Ojalá hubiera un geólogo que se sintiera llamado a explicar a los legos lo que es nuestro territorio...

Pues bien, aunque don Oscar no es yatiri (shamán y hombre sabio que domina la liturgia pagana) y aún sin una inkuña (especie de pequeña manta de lana multicolor, de 30x30cm, que sirve como "mantel" para las ceremonias), se había asegurado de llevar hojas de coca, cocoroco (alcohol de caña de 90º), incienso y su similar, copal. En el alto, muy cerca del extremo distal de la masculina formación geológica, prendimos fuego a una tola (típico arbusto aromático de la zona), pawteamos hojas de coca (quedo debiendo la explicación del término) y ch'alltamos (esparcimos) alcohol para satisfacer a los dioses de cada cual, pedir la ayuda del cerro Charcollo, la clemencia del temible Marqués y la no intromisión de dioses menores que podrían arruinar nuestro proyecto. Luego quemamos incienso que don Oscar sopló hacia todos los puntos cardinales para complacer a los dioses celestiales y en seguida agregó copal, destinado a la Pachamama.

Inspirados por nuestro tributo a lo sobrenatural, fuimos a visitar a la Sra. Telma, quien ciertamente ha tenido un intenso contacto con uno de los dioses. La cordial, inteligente y auténticamente ticnameña hermana de don Oscar, a los 12 años fue agredida por el dios Illapa, o sea, alcanzada por un rayo. Entre sopaipillas con harina de trigo y maíz, ch'arki de las llamas de Rosa Castro de Timalchaca (ver crónica), peras, manzanas y frutillas de su "chimba" (huerto) y alabanzas al "mote" (maíz desgranado y cocido) y "jimpi" o "pan de gallo" (maíz desgranado, cocido y luego tostado), nos contó su historia. Telma nos facinó y decidimos que si Charcollo lleva tantos años esperando un estudio profundo, bien podría esperar por un par de horas la visita de nosotros, intrusos no académicos pero motivados por el afán de resuscitar nuestro rico pasado.

Telma nunca había participado en la awatiña (pastoreo) de los corderos hasta ese día, 17 de marzo de 1959. Pues esa vez fue autorizada para llevar, con otros jóvenes, el ganado hacia el "camino grande" que lleva a Bolivia. Ya en el campo, se estaba preparando con una amiga para comer la merienda, en su caso "jimpi" que acarreaba en una especie de mantel blanco amarrado como faja en la cintura, cuando el dios "Chukila" (trueno) se hizo presente con prepotencia y luego una fuerte lluvia ("jallu") hizo correr a las muchachas hacia el poblado. Sin recordar cómo, Illapa (dios responsable de los rayos, "subproducto" de Tunupa tras la imposición católica que quiso hacer de éste una especie de apóstol), la atacó sin piedad cristiana y perdió el conocimiento, a la vez que su amiga perdía la vida. Telma recuerda despertar de una especie de sueño y clamar la ayuda de su primo Orlando, hermano de mi amigo Bernabé. Ella estaba ciega y Orlando Mena no pudo levantarla, así es que corrió al pueblo a pedir ayuda y seis jinetes la rescataron horas después, no sin la oposición de un personaje que insistía en no involucrarse para no interferir con la gestión judicial. De alguna manera, el alcalde ariqueño de entonces, don Adolfo Arenas, se encargó personalmente de llevar a la niña al hospital Juan Noé, donde llegó ciega y sin poder caminar.

La ceguera pasó en 3 meses y demoró 6 en volver a caminar. Mientras tanto, "gateaba" como una guagua ("wawa"). Hoy es una mujer sumamente agradable, sin sequelas intelectuales, que ha perdido la visión del ojo derecho pero que ha ganado un don: dice que puede anticipar ciertos eventos, como temblores y cosas que sucederán, aunque nunca nada relacionado con muertes. En lo que me consta, prepara un buen ch'arki de llama y podría estar horas conversando con ella...

Nos costó dejar su casa, pero debíamos terminar de una vez por todas con la gestión del Charcollo. Tema para la próxima crónica. Y pensar que aún nos queda el Tangani, el gentilar donde los muertos son enterrados en una gran vasija de cerámica, los calvarios y posibles petroglifos del cerro Cielo o Calvario y, entre tantas otras aventuras, cruzar a lomo de macho el Marqués para tratar de agarrar al Diablo por la cola. Cuesta dejar de lado a Ticnamar...