Visiones de la Arica Profunda

 

Ticnamar 4. La iglesia antigua y una breve recopilación de anécdotas.   

 

En 1948 se inició un ciclo de lluvias torrenciales durante el "invierno boliviano" (el verano en el resto del hemisferio sur) que terminó llevándose a la mayor parte de Ticnamar viejo en una crecida del río el 19 de marzo de 1959, el día de San José, curiosamente el encargado de las lluvias. Desde antes los lugareños hacían romerías a Timalchaca (ver crónica) acompañando a niñitos "puros e inocentes" de cortos años, quienes presentaban a la famosa Virgen local muñecos de niños ricamente engalanados para pedir su protección. En 1955 Ticnamar tenía 44 casas, con unos 280 habitantes que explotaban no más de 140 hectáreas. Por años las crecidas estivales del río fueron achicando al pueblo y algunos vecinos se empezaron a trasladar un poco hacia las faldas del Co. Santuario, pero el desastre de 1959 los hizo decidir cambiar de ubicación al poblado. Por algún tiempo estuvo en discusión si lo instalaban en Caillima, en lo alto entre la caja del río Ticnamar y la quebrada de más al norte, Tumaya, pero al final un par de próceres se instalaron en el lugar actual ("Tacna"), mientras los que se quedaron en las faldas del Co. Calvario observaban con prudencia el devenir de esos pioneros "tacneños",  don Julio Yucra y don Arturo Mamani, hasta que se unieron a ellos.

Afortunadamente se salvó la hermosa iglesia, restauración de la original del siglo XVII o XVIII, con su nave principal y las dos capillas laterales casi ocultas bajo inmensos árboles. Su atrio, húmedo y sombreado, contribuye a crear una atmósfera que sugiere antiguos secretos. Tiene una hermosa portada de 1884, con dos columnas salomónicas y un borde superior con flores talladas en una piedra local que se parece al sillar arequipeño. Aún conserva su techo de paja brava sobre una armazón de estera y caña, en contraste con el horrible techo de planchas de zinc de otras iglesias de la zona. Cerca está su esposo, Mallku Torre y detrás de ella, un hermoso y pequeño cementerio, seguramente minimizado por el desastre de 1959.

La iglesia la puede ver en las fotos disponibles en este URL. Para llegar a ella hay que internarse unos 200m por el ancho lecho del río pues lo que queda del pueblo antiguo no es transitable por existir pequeñas terrazas agrícolas en explotación y un rancho en ruina tras otro, sin una calle definida. Otra alternativa es pasar entre el pueblo y el Co. Calvario, pero resulta un poco cansador para los visitantes sedentarios. El pueblo antiguo se extiende desde la iglesia hacia el oeste, casi hasta la confluencia de la quebrada de Oxa con el río Ticnamar. Hacia el nordeste está el pueblo nuevo y el camino a Saxamar que llega finalmente a empalmar con la carretera internacional en Zapahuira. Hacia el noroeste, el camino que sube a la pampa de Oxaya y lleva a Arica o a Timar y Codpa. Justamente al inicio de éste, separado por los dos cauces de río del pueblo actual, hay varios espacios ideales para acampar a la vera de bosquecillos de eucaliptos o pinos.

Aunque en la crónica anterior advertimos que los andinos contemporáneos tienen en Bolivia organizaciones agresivas, la gente en Ticnamar es buena, tranquila y amable, haciendo del lugar lo mejor que conozco para pasar un lindo fin de semana campestre con la familia. Hasta se puede comprar a bajo costo un corderito de los que están pastando en las colinas, pedir que lo faenen allí mismo y hacer un inolvidable asado en un paraje precioso. A unos 3.000msnm, casi no se siente la altura.

Al día siguiente, habiendo ya visitado el pueblo antiguo, encamínese sin prisa por la quebrada de Oxa hacia el Sur. El lecho del río tiene bolones y arena firme y se puede caminar sin mojarse aunque esté bajando el río. Por todas partes crecen chilcas, unos arbustos sin gracia y yaros, arbustos con una flor que parece un pequeño copihue violeta y unos pequeños frutos naranja. De cuando en cuando, un pequeño predio de alfalfa, con sus hermosas flores azules. Si ya ha llovido, cerca de los arbustos, de cuando en cuando aparece una protuberancia que fractura la superficie lisa del suelo de arena húmeda: ha encontrado un amañoco...

Tengo que agradecer a don Mauricio Jiménez, Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Tarapacá, por ayudarme a encontrar información acerca de esta extraña planta. Es una hierba subterránea que carece de clorofila y consigue vivir parasitando la raíz de otra planta. Pertenece a la familia de las Balanoforáceas, con especies que se distribuyen en regiones tropicales o subtropicales. Una estructura como papa parasita a la raíz del huésped y de ella nace una inflorescencia que parece una piña y que se dirige a la superficie portando muchísimas pequeñas flores, de las más chicas que se conocen. Estas terminarán produciendo un fruto (que no he visto) que es como una pequeña nuez. En nuestra zona parasita a la chilca y al yaro, por lo menos. El conjunto es la tríada raíz de arbusto, papa de tamaño mediano y la inflorescencia, la cual parece una piña chica con ¿hojas? pequeñas desde las cuales se esparcen unos gránulos de intenso color rosado. La "piña" o inflorescencia se une a la papa por un cuello ancho, fácil de fracturar y antes los lugareños se conformaban con ésta para comerla, pero hoy se tiende a sacar también la papa, no comestible pero con supuestas propiedades medicinales. Lo que se come es el interior blanco de la inflorescencia, de consistencia fibrosa con alto contenido de agua algo dulce y sabor a pera desabrida. En el valle de Copaquilla me dijieron que la que crece del yaro es más sabrosa.

Supongo que nuestro amañoco es la Juelia subterranea, pero eso no tiene importancia para nuestro relato. En otras partes se denomina sicha, pora o maíz del monte. El finado don José Lecaros, nacido en 1891 en Pica y quien participó en las últimas caravanas que proveían a las salitreras desde Argentina, le llamaba "amañuco" y decía que los guanacos lo desenterraban con sus patas y lo comían para proveerse de agua. Le aconsejo ver las fotos en el URL ya mencionado.

La primera vez que encontramos un amañoco, abrimos una cerveza y "ch'alltamos" por el cerro Charcollo, el que merece ser el mallko de la quebrada de Oxa (cerro que alberga al espíritu tutelar del lugar) y a quien le habíamos pedido que nos mostrara sus gracias y por supuesto, ch'alltamos también por el temible Marqués para que no nos tratara mal. Silenciosamente, me atreví a ofrecerle una visita con tal que no permitiera que los ticnameños continuaran el proceso suicida de fraccionamiento de su identidad (léase pasado y territorio) (ver crónica anterior). Tal vez el Marqués nos ayude si vamos a visitarlo como delegación. Del diablo que allí mora no se preocupen, porque ya está muy viejo y pasado de moda...

Ticnamar tiene aún mucho que contarnos, entre sitios que me muestran los lugareños y reliquias arqueológicas que ellos desconocían y que han descubierto con entusiasmo acompañándome y/o guiándome en mis vagabundeos. Lugareños con cierta brecha en la comprensión de su pasado y un extraño intruso que lo ha hurgado en libros, se han ido convirtiendo en un "equipo" que potencia fuertemente la capacidad para comprender el lugar. ¿No decía yo que la Arica rural es una eterna aventura?.