Desentrañando la Historia de Arica

Corsarios extranjeros: Richard Hawkins, el último gran corsario inglés



En las crónicas anteriores explicamos que Francis Drake (1579) y nuestro héroe Lord Cochrane (1819-1822) fueron el primer y el último corsario que "trabajaron" en nuestra área y que Thomas Cavendish trató de emular la gestión de Drake, atacó nuestras costas en 1587 y fue el segundo británico en circunnavegar el planeta.

El éxito de las expediciones de Drake y Cavendish estimuló la ambición de la Corona inglesa y luego de los corsarios nórdicos, cuyas andanzas resumiremos en las crónicas que siguen.

Sir Richard Hawkins fue el tercer y último gran corsario inglés que conocimos. Era hijo único del destacado marino inglés (almirante) John Hawkins, quien fuera pariente y compañero de las correrías negreras que dieron a Drake su fama previa a la expedición corsaria en nuestras aguas, luego héroe de los combates contra la Armada Invencible española que quiso apoderarse de Inglaterra y quien finalmente fallece, al igual que Drake, en la expedición que ambos organizaron para hostilizar a los españoles en el Mar del Caribe (1595).

Desde muy temprana edad, Richard siguió los pasos de su padre, sirvió a las órdenes de Drake en la expedición de éste a las Indias Occidentales en 1585-1586, comandó el Swallow contra la Armada Invencible en 1588, sirvió a su padre en una expedición fallida a Portugal en 1590 y ese mismo año éste le consigue la comisión de volver a atacar nuestras costas, reservando la quinta parte del botín para la reina Isabel de Inglaterra. Aunque su relación con Arica fue efímera y su expedición un fracaso, su británica caballerosidad obligó a los españoles a tratar de emularla y sus aventuras nos sirven para comprender mejor la gestión de los corsarios ingleses y después dimensionar la crueldad de los holandeses.

Conseguida su comisión, Richard, ocupado en los eventos de la época y al retornar de su gestión contra la Armada Invencible, tardó ocho años en construir su barco, el Dainty, de 300-400 toneladas. Retardado por otros avatares, zarpó de Plymouth en 1593, trece años después de haber sido comisionado, con otras dos embarcaciones de 100 y 60 toneladas y una tripulación de unos 200 hombres. Después de cruzar Cabo Verde, su tripulación se reduce a causa del escorbuto (deficiencia de vitamina C, típica de las aventuras marítimas de la época, que descuidaban la provisión de verduras). En Brasil, los portugueses le rechazan una solicitud de refugio provisorio y zarpa al sur. A la cuadra del Río de la Plata, una tormenta permite que su embarcación menor lo abandone para retornar a Inglaterra. Otro de sus barcos se incendió, de manera que el Dainty se enfrentó solitario al Estrecho de Magallanes a fines de enero de 1594. En abril, ancló en la Isla Mocha, siendo el sexto expedicionario en cruzar el Estrecho.

En su trayecto hacia el norte, en Valparaíso se apoderó de cuatro barcos con provisiones y madera y un quinto que portaba algo de oro. Como lo había hecho con otras embarcaciones en su trayecto, respetó las vidas de los marinos y, hasta donde puede concebirse de un corsario, la propiedad privada. En esa oportunidad, su tripulación reducida a unos 75 hombres, debió trabajar intensamente durante una semana saqueando los barcos capturados, mientras el gobernador de "Chili" esperaba en tierra con 300 infantes y jinetes a que se descuidaran o trataran de desembarcar. Tal vez de allí partió la noticia de la "visita" británica a Lima, siete años después de la de Cavendish. Allá mandaba como virrey el segundo Marqués de Cañete, nuestro engreído García Hurtado de Mendoza, quien a los 21 años, en 1555, había sido enviado a reemplazar a Valdivia como Gobernador de Chile, con un poderoso ejército armado por papito, el entonces virrey don Andrés. García despachó seis barcos de guerra con 2.000 hombres (muchos jovenzuelos de alcurnia, transformados en estropajos humanos por el mareo) para perseguir a Hawkins, bajo las órdenes de todo un caballero, su cuñado Beltrán de Castro y de la Cueva. Entretanto, Hawkins llegó a Arica, donde se apoderó de algunos barcos pequeños que sólo portaban el producto de la pesca. Se le escapó un barco de mayor calado.

Seguimos en 1594 cuando, en Chilca, a unos 60km al sur de Lima, se encontró con los barcos del Virrey, pero los esquivó en una hábil maniobra marinera, manteniéndose a barlovento. Los limeños retornaron al Perú, muertos de vergüenza y criticados por todos como "pisa_verdes" debiluchos, ineptos y pusilánimes. Hawkins se preparaba a abandonar las costas de Perú y Ecuador, cuando reapareció la nueva flota de de Castro, con ocho barcos y 1.300 hombres. Frente a la bahía de Atacames, al noroeste de Quito, los  pocos hombres de Hawkins se defendieron ardorosamente durante tres días y sus noches. Sangrando, con seis heridas en el cuerpo, una en el cuello y otra que le seccionó los tendones axilares, y sus oficiales malheridos o muertos, Richard continuó la lucha hasta que don Beltrán le ofreció, jurando por Dios Todopoderoso, la rendición en términos de "buena guerra" (hoy por ti, mañana por mí), asegurándoles la vida y el retorno a Inglaterra. Para simbolizar sus intenciones, don Beltrán se sacó un guante y lo envió a Hawkins. Este y sus oficiales discutieron largamente si don Beltrán empeñaba la palabra del Rey de España o sólo la del Virrey. Con sus velas desgarradas, sin mástiles, las bombas de achique destruidas, 14 impactos bajo la línea de flotación, más de tres metros de agua en la sentina, a punto de hundirse y con la tripulación diezmada o herida, el Dainty se rinde. Don Beltrán acomoda al anémico Hawkins en su propia cabina, 40 heridos ingleses y un mayor número de españoles son atendidos por los cirujanos de Hawkins (los colegas españoles eran menos eficientes) y Richard es recibido por la crema social de Lima con admiración por su valentía, e instalado en una cómoda mansión del mismo de Castro.

Pero, la Inquisición  lo requiere y aprisiona. La palabra de don Beltrán violada, éste pide instrucciones al Rey, cuya respuesta libera a Richard de las nefastas garras religiosas. Tres años después de su captura y pese a las protestas de de Castro, Hawkins es enviado a España, donde permanece en prisión por varios años, siendo liberado en 1602 en resguardo del honor hispánico ("¿Cómo conseguir la rendición de los enemigos si España no respeta la palabra de sus hombres de armas?"). Igual se pagó un millonario rescate...

Al año siguiente, Inglaterra lo nombra Caballero. Su padre, amigo y protector había fallecido años antes. Arruinado, recibe un cargo público de la Reina, es elegido como miembro del Parlamento, fracasa en la organización de una aventura a las Islas Salomón y se desempeña como vice-almirante de una flota de 20 barcos destinada a defender a Devonshire de los piratas de Nigeria. Muere de algún tipo de "ataque" de salud en 1622.

Tras la muerte de Isabel I (1602), termina la dinastía Tudor en Inglaterra, la guerra entre ésta y España y desaparecen por mucho tiempo los corsarios ingleses de nuestro mar. Pero la intolerancia religiosa española y la intención de aumentar los impuestos había creado fuertes conflictos en los Países Bajos, parte del imperio español, y sólo cuatro años después aparecen los crueles corsarios nórdicos y posteriormente los piratas y filibusteros. Ya estamos en el apogeo de la riqueza argéntica de Potosí y ellos desencadenan la peor crisis financiera y demográfica de Arica.