Mundo Andino: Crisol de Arica

Sincretismo religioso. Séptima Parte

Pachacamac

Visto en forma simplista, con Tunupa plagiado por los incas, la poca consistencia de Viracocha y la obvia falacia del Sol como dios, quedaba abierta la posibilidad para que otro personaje asumiera el rol de deidad superlativa. Pachacamac casi pasó a ser el dios más importante: se lo impidió, tal vez, el que los conquistadores se sentían bien cuando les llamaban Viracochas y a la importancia que le dieron al Sol por la riqueza en oro destinada a su culto. Además, siendo una deidad costera, le faltó tiempo para trascender en los altos. En el altiplano aymara o quechua-parlante de hoy no se le conoce, pero sí fue un favorito de las últimas dinastías incaicas prehispánicas.

 

Su nombre podría significar “Creador de Todas las Cosas” pues viene de pacha --tiempo, espacio, totalidad-- y camani –yo creo (del verbo crear). Pero cama también significa animar, dar vida y en quechua, alma, poro eso es que Garcilaso de la Vega, aunque no sea una referencia confiable, lo define como “aquel que hace al Universo lo que el alma hace al cuerpo”. Algunos cronistas lo asimilan lisa y llanamente a Viracocha, pero aparece a veces como hijo de Viracocha y también dicen que el mundo lo formó y pobló Viracocha, pero lo puso a punto Pachacamac. La última es una buena manera de conciliar a ambas deidades pues Viracocha terminó por irse a lugares desconocidos por vía marítima y sus fieles nunca lo conocieron muy bien.

 

La localidad de Pachacamac queda cerca de la costa, a una treintena de kilómetros a vuelo de pájaro desde Lima. Desde antes de la dominación incaica existía allí un templo con un oráculo de mucho prestigio. El mismo Tupac Yupanqui habría estado ayunando allí durante 40 días y construyó un nuevo templo vecino al antiguo, dedicado al sol. Con el prestigio del oráculo, el lugar adquirió mucha importancia y riqueza, por lo que Francisco Pizarro, mientras aún estaba en Cajamarca, envió a su hermano Hernando a saquearlo, pero los sacerdotes se le adelantaron y ocultaron la mayor parte del tesoro.

 

El templo y construcciones accesorias como el monasterio, ocupaban una colina artificial. Venciendo la resistencia de los sacerdotes, los españoles, ayudados por un inesperado temblor de la tierra, lograron entrar al oscuro santuario, maloliente por los restos de los animales y tal vez humanos sacrificados y se encontraron con el ídolo, de figura monstruosa pero cara humana, el cual destruyeron y en su lugar plantaron una cruz.  Según algunos cronistas, los sacerdotes, llamados uno, eran sodomitas. Cabe señalar que, si bien los incas parecían ejercer una cierta homofobia, la sodomía ritual o religiosa no era excepcional en las regiones costeras.

 

Cómo se estableció un sincretismo con el dios Sol y luego con Viracocha es algo que ignoramos, pero el hecho es que pasó a ser una importante divinidad costera, inusualmente aceptada y venerada por los incas. El mismo Titu Atauchi ejecutó al español Cuéllar en el mismo garrote en que mataron a su hermano Atahualpa, porque lo “manda Pachacamac” y el gran general Challcuchima, uno de los dos pilares del ejército de Atahualpa, murió poco después como hombre de honor en la hoguera, tras haber rechazado el bautismo, sin más debilidad que el nombre de Pachacamac dibujado en sus labios.

 

Un mito relata que antes existió un dios malhumorado, Con, que castigó a la humanidad, haciendo a la tierra estéril y transformándolos en bestias, lo cual fue luego revertido por Pachacamac. Otra leyenda dice que el varón de la primera pareja de humanos se murió de hambre y que el sol se aprovechó de la viudez de la mujer y le engendró un hijo. Pachacamac, celoso, mató al bastardo, pero aprovechó sus dientes para crear el maíz, los huesos para la yuca y quién sabe qué más. Pese a lo anterior y a estar vinculado con los terremotos, Pachacamac era un dios atractivo y bueno, tanto, que enseñó a los humanos el gusto por las artes.

 

Su poder no podía dejar de molestar a los Conquistadores. Pedro Cierza de León, cronista habitualmente serio e inclinado a describir las costumbres de los originales con más dedicación que otros contemporáneos, trata muy mal a Pachacamac en su obra La Crónica del Perú, escrita en 1550. Escribe, en una prosa que modifiqué para facilitar la lectura, “..este malvado demonio Pachacama, al ver que ha perdido su crédito y autoridad y que ha perdido a muchos seguidores, le dice a los más viejos que el Dios que los cristianos predican y él son la misma cosa y con engaños procura estorbar para que no sean bautizados”. De no haber sido tan poderoso, no le hubieran dado categoría de un ente del ámbito de la realidad y no lo hubieran atacado tanto.

 

Hay un par de historias suyas vinculadas con Arica. Una de ellas cuenta que había dos hermosas mellizas que desvelaban a Sajama, Tacora, Guallatiri y a otros poderosos jerarcas. Sajama raptó a una de ellas y Tacora lo enfrentó, pero Sajama le acuchilló el vientre dejándole una llaga purulenta (la veta de azufre del volcán). Sigue una larga lucha entre ambos, involucrando al Illimani, hermano de Sajama, hasta que Pachacamac los convierte a todos en volcanes. Las mellizas son los Payachatas. Guallatiri sigue enamorado de ellas y si uno las mira mucho se enoja y lanza fumarolas por su cráter. Eso me consta y también que Sajama sigue siendo soberbio y que el vientre de Tacora sigue supurando...