Desentrañando la Historia de Arica

Corsarios extranjeros: Thomas Cavendish



En las crónicas anteriores explicamos que Francis Drake y nuestro héroe Lord Cochrane fueron el primer y el último corsario que "trabajaron" en nuestras costas, y cómo Thomas Cavendish, tratando de emular la gestión de Drake, se vinculó con la tragedia de Nombre de Jesús y Puerto Hambre en el Estrecho de Magallanes, poco después de que Sarmiento intentara "cerrar con candado" esa vía de acceso que permitía a los europeos llegar a nuestro mar.

Thomas Cavendish era un aristócrata inglés que despilfarró la herencia familiar. Buscando nuevos ingresos, compró un barco y con él participó en el intento de colonizar Virginia, en Norteamérica. Luego, con 123 hombres y otros dos barcos pequeños, zarpó de Londres ocho años después de Drake, dispuesto a repetir la hazaña de éste. Atravesó el Estrecho de Magallanes, con los incidentes que relatamos en la crónica anterior, y llegó al Pacífico en febrero de 1587.

Cuando llegó a Valparaíso, el puerto estaba cubierto por neblina, por lo que desembarcó en Quinteros, donde tuvo un enfrentamiento con los españoles y debió zarpar dejando atrás a varios muertos y prisioneros. Cuando llegó a Arica, no se atrevió a desembarcar: sólo capturó a un par de barcos, los que destruyó cuando se le negó el rescate que había solicitado. Arica era ya un puerto importante. Desde 1574 el embarque de la plata de Bolivia para llevarla a Panamá debía realizarse obligatoriamente en Arica, y desde 1580, un año después de la excursión de Drake, el nuestro era el puerto de entrada obligatorio del mercurio que se necesitaba para procesarla. El mismo año de la "visita" de Cavendish, se instalaron aquí las Cajas Reales (Tesorería).

Siguiendo al norte, no se atrevió a atacar a Pisco ni al Callao, pues los españoles ya estaban mejor preparados. Continuó hacia el norte y a la altura de Trujillo capturó algunos barcos cargados con víveres. En una isla vecina a Guayaquil, reparó sus barcos, saqueó poblados y debió enfrentarse con los españoles, perdiendo más de veinte hombres. De allí se devolvió a Payta (frente a Piura, en el Perú actual), la que saqueó e incendió. Pese a que lo buscaban dos barcos peruanos, pudo continuar hacia Norteamérica y desde allí navegar a las Filipinas y terminar, con casi tanto botín como el de Drake, dando la vuelta al mundo, con gran beneplácito de la reina Isabel.

Su mayor hazaña fue la captura del galeón español Santa Ana, cerca de Acapulco, en noviembre de 1587. Como Drake, la presencia de Cavendish en nuestras costas duró sólo unos pocos meses.

El episodio del Santa Ana nos sirve para explicar un poco más el derrotero del despojo de las colonias españolas. La plata y el oro peruano eran embarcados desde Arica y el Callao a Panamá, transportados por tierra a través de la estrecha franja de tierra y luego embarcados en el Atlántico para llevarlos a la "Madre Patria". Manila, en las Filipinas, era otro enclave estratégico para los españoles y unos 15 años antes de Cavendish, el puerto, uno de los más ricos del mundo de entonces, había sido preparado para controlar los ataques de portugueses y piratas chinos. Allí llegaba la plata de Méjico, embarcada en Acapulco en torpes naves de 2.000 toneladas (la nave más grande de Cavendish desplazaba sólo 140 toneladas) que hacían una fácil travesía rumbo oeste gracias a los vientos favorales. Una vez al año, volvía la nave con dificultad a Acapulco, pues los vientos y corrientes obligaban a ascender muy al norte antes de encontrar condiciones favorables para llegar a puerto, navegando cerca de la costa.

El Santa Ana, no artillado, navegaba a Acapulco con un tesoro en oro, perlas, joyas de Burma, marfil de la India, sedas y telas finas y especies, cuando fue cañoneado por el joven Cavendish, de sólo 27 años de edad. Thomas tenía fama de galante y, aunque había dejado botados a los colonos de Nombre de Jesús en el Estrecho de Magallanes, esta vez desembarcó a la tripulación del Santa Ana y al terminar de saquearlo entregó a su comandante la bitácora del barco, con su firma al pie de los detalles del botín.

Nótese que la conección española con Manila era tan importante que el tráfico descrito se mantuvo por 250 años, hasta cuando Méjico estaba en plena revolución en 1815, marcando el récord de las aventuras financieras coloniales de Europa.

Cavendish fue el segundo navegante inglés que circunnavegó el planeta, volviendo a Inglaterra pocos días después de la derrota de la Armada Invencible española, en la cual Drake jugó un rol de importancia. No tardó de despilfarrar su nueva fortuna y trató de reeditar su hazaña en 1592, pero no pudo atravesar el Estrecho, abandonó a los otros barcos de su expedición para volver a Inglaterra y falleció en el viaje.

El éxito de las expediciones de Drake y Cavendish estimuló la ambición de otros corsarios, cuyas andanzas resumiremos en las crónicas que siguen.