Desentrañando la Historia de Arica

Corsarios extranjeros: Sir Francis Drake



Se necesita mucho espacio para describir la gestión de Francis Drake. Cuando apareció por nuestras costas, España, que había recibido a América como regalo del Papa, llevaba varias décadas explotando con tranquilidad nuestras riquezas. Aunque no tenía una patente de corso oficial pues Inglaterra no estaba aún en guerra con España, Drake produjo un fuerte impacto en el virreinato del Perú e inició la serie de corsarios que habrían de modificar trascendentalmente el futuro de Arica.

Llegó aquí, muy de paso y sin desembarcar, en enero de 1579, en la mejor época que tuvo la Arica colonial desde que se fundó en 1541.Cinco años antes, en 1574, el eficiente, activo, malhumorado y solterón virrey Toledo, había decretado que el tráfico de la plata de Potosí debía realizarse obligatoriamente por nuestro puerto. Más que lo que obtuvo como botín, Drake inició el profundo deterioro de Arica pues su ejemplo fue seguido por otros corsarios ingleses, filibusteros y luego los corsarios holandeses, forzando a los españoles a preferir a Tacna como residencia, hasta que ésta pasó a ser sede de la administración de la región a principios del siglo XVIII. Pese al daño que produjo, en su opinión justificado como represalia por el perjuicio que los españoles habían causado a sus negocios de tráfico de esclavos, en Arica se le aprecia hasta tal punto que se le inventó una tumba en nuestro cementerio y hasta se le considera como una "animita" capaz de conceder favores. Aunque nunca se vió en tales apuros que tuviera que esconder su botín en la costa, se sueña con encontrar su tesoro.

El personaje es ciertamente digno de admiración. Era rubio, de estatura mediana, de buen humor pero enérgico en el ejercicio del mando, un tanto fanfarrón pero respetuoso de las vidas humanas y de los indígenas. No mataba si podía evitarlo. Tenía la cicatriz de una herida de flecha de indígenos chilenos en una mejilla. De origen humilde, profesaba un enfático protentastismo adquirido de su padre, quien fue predicador en un astillero de Inglaterra. Se inició como marino a muy temprana edad y cuando tenía menos de 30 años (nació probablemente en 1540) comandaba uno de los barcos de una flota que transportaba esclavos de Ginea a la América Central. Los españoles se reservaban, por la razón o la fuerza, la exclusividad del comercio con las colonias americanas, por lo que asaltaron a la flota esclavista y sólo pudo salvarse el barco de Drake y otros dos.

Después de ese episodio se dedica a la piratería en el mar del Caribe. Tras gestiones de poca trascendencia, su primera gran expedición la realizó en 1572, con dos barcos y 73 hombres. Asaltó la ciudad Nombre de Dios en el istmo de Panamá, lo cruzó hasta el Océano Pacífico y volvió al Caribe donde incendió Portobelo y se hizo a la mar con un botín de 30 toneladas de plata. Ya rico y famoso, la reina Isabel I lo elige para una misión secreta: hostigar a los españoles en la costa del Pacífico.

Con el pretexto declarado de establecer rutas para el comercio con el Nilo, la Reina y otros inversionistas le financiaron una flota compuesta por el "Pelican" de 100 toneladas (rebautizado como "Golden Hind" tras cruzar el Estrecho de Magallanes) y otros cuatro barcos menores. Zarpó de Inglaterra en 1577 y sólo al cruzar Africa comunicó a su gente el verdadero propósito del viaje. En Cabo Verde atacó a un barco portugués y retuvo al navegante, Nuna da Silva, para que lo guiara hacia el Pacífico. Habiendo llegado a las costas de Brasil, devolvió a dos barcos por problemas técnicos. Con tres barcos, enfrentó el Estrecho de Magallanes en pleno invierno, debiendo soportar feroces tormentas que hicieron naufragar a uno de ellos y devolverse a otro. Tras muchas peripecias, sólo el "Golden Hind" llega al Pacífico.

Su primer desembarco, para conseguir agua y víveres, lo hizo en la Isla Mocha (entre Valdivia y Concepción), donde los nativos lo rebieron con cordialidad regalándole papas y dos gordos corderos, aunque al día siguiente lo atacaron con ferocidad y mataron a dos de sus hombres. De allí llegó a Valparaíso, donde estaba fondeado un barco español, cuyos 13 ocupantes lo invitaron a beber vino chileno. Doce fueron encerrados y uno escapó a nado, advirtiendo a la población, la cual huyó dejando desamparado al caserío que por entonces era Valparaíso. Drake se paseó a su gusto por el poblado, recolectando lo que fuera de valor y embarcando el contenido de una bodega de vino chileno. Del barco español obtuvo oro y más vino. Luego siguió navegando hacia el norte y en Coquimbo quiso conseguir agua, pero los españoles estaban advertidos y lo enfrentaron 500 hombres, más de la mitad de ellos montados. La tripulación del Golden Hind no tenía más de 60-100 hombres, de manera que decidió seguir al norte. Desembarcó en un puerto que llama Tarapacá, donde encontró a un español durmiendo al lado de un montón de lingotes de plata. Al español lo dejaron pero la plata, por supuesto, la embarcaron.

Dicen que fue Drake quien llevó las primeras papas a Europa, lo que no me consta. Lo que sí es cierto es que por primera vez un inglés pudo ver a una llama. No lejos de Tarapacá, desembarcaron para aprovisionarse de agua y encontraron a un español acompañado de un muchacho indígena, conduciendo una recua de 8 llamas cargadas con más de 350kg de plata, las que obviamente fueron embarcadas. Estos extraños animales fueron examinados con curiosidad por la tripulación y, antes de comérselos, un tripulante llamado Thom Moone, quien parece que acostumbraba a "meter la pata", montó a una de ellas, osadía que le valió un tremendo escupitajo de auquénido en la cara.

Próximo destino: Arica, la que describen como una caserío de una veintena de casas. Allí encontraron tres barcos menores sin ningún tripulante, uno de ellos con más de 500kg de plata. No quisieron arriesgarse a un desembarco y siguieron al norte rumbo a el Callao (puerto de Lima), donde encontraron a unos 12 barcos desamparados, con sus velas en tierra de tan seguros que se sentían los hispánicos. De ellos obtuvieron sedas y otras telas y platería y allí se enteraron que había zarpado al norte el "Cacafuego", cargado de tesoros. Partieron tras él, no sin antes soltar las amarras de los barcos, los cuales, sin velas, se perdieron en el mar o encallaron en la costa.

Buscando al "Cacafuego" llegaron a Payta, pero la presa había zarpado ya rumbo a Panamá. Lo siguieron, en el camino asaltando a una embarcación que portaba cuerdas y más de 35kg de oro, hasta que lo abordaron a 150 leguas al sur de Panamá. Encontraron joyas y piedras preciosas, platería, oro y 26 toneladas de plata. Embarcaron al navegante, quien los llevó hasta la costa de Méjico, donde saquearon a Guatulco y allí desembarcaron al navegante portugués que habían capturado en Cabo Verde. Sólo habían permanecido en nuestros mares por menos de seis meses.

Tras otras capturas menores y carenar al Golden Hind, abandonan las aguas españolas rumbo al norte, buscando una salida al Atlántico. Parece que llegaron hasta la altura del actual estado norteamericano de Oregón, desde donde decidieron volver al sur para reparar el barco. Por varias semanas se establecieron en alguna parte de las costas de California, que algunos dicen que fue la bahía de San Francisco, manteniendo cordiales relaciones con los indígenas, quienes le rogaban aparatosamente a Drake que fuera su Rey.

Con mucha razón, no quería volver a nuestras costas, aunque no tenía cómo saber que el virrey Toledo había comisionado al ilustre Pedro Sarmiento de Gamboa para capturarlo. Este personaje extraordinario será esbozado en la próxima crónica.

Se decidió entonces a retornar a Europa por el Pacífico, hazaña que sólo había sido consumada antes por la expedición de Magallanes. Lo acmpañaba una embarcación menor que había capturado. En las Islas Molucas del Archipiélago Malayo, enbarcó seis toneladas de clavos de olor, pero tuvo que deshacerse de ellas cuando la compleja navegación por ese laberinto de canales lo hizo encallar y sólo se salvó por un cambio en la dirección del viento.

Finalmente llega a Inglaterra en 1580, habiendo circunnavegado el globo por primera vez después de la expedición de Magallanes. La Reina guardó la bitácora del barco (nunca más se supo de esos documentos), prohibió que se relatara la expedición y, a bordo del Golden Hind, desenvainó la espada de un embajador extranjero y le dijo a Drake: "vengo tras la cabeza más buscada por los españoles". En vez de cortársela, lo nombró Caballero. En unos tres años, la expedición de Drake había generado 4.700% de utilidad a los inversionistas.

Durante ese año, se intensifica el tráfico por la Rada de Arica pues el transporte de azogue (mercurio) de Huancavélica (cordillera peruana), indispensable para el procesamiento de los minerales de plata, abandona la ruta serrana y se empieza a embarcar en Chincha rumbo a Arica. Entre Potosí y Oruro, se necesitaban más de 5.000 quintales anuales de azogue.

No termina aquí la historia de Drake...