El Mundo Andino: Crisol de Arica

Sincretismo religioso. Quinta Parte

Dioses primordiales

Los andinos no poseían una "escritura" como tal y sus registros históricos estaban constituidos por tradiciones transmitidas en forma oral (cantares, romances y villancicos), pinturas en tablillas de madera, tallados, monumentos y esculturas. Hay fuerte evidencia que sugiere que los quipus, un complejo de lanas de distintos colores amarradas a una principal, anudadas y relacionadas entre sí de tal forma que por lo menos permitía llevar las cuentas del imperio incaico, permitían también cierto grado de almacenamiento de los acontecimientos, pero el último de los quipucamayoc, oficiales imperiales que sabían "escribir" y "leer" en los quipus, se llevó sus conocimientos de escriba a la tumba. Es posible que los quipus pudieran codificar hasta elaboraciones verbales, de sujeto/objeto y aún las relaciones cronológicas entre diversos eventos. De hecho, los quipucamayocs aportaron mucha información a los primeros cronistas, pero, siendo parte de la élite administrativa del imperio, bien pudieron introducir sesgos de importancia para favorecer uno u otro "interés político" de la sometida nobleza.

Lo cierto es que los incas "contaminaron" la teogonía andina a su gusto y por lo tanto los antecedentes de lo que contaron a los cronistas deben buscarse en épocas anteriores. Por supuesto, habrá dioses preincaicos que influyeron en la gama mitológica de Tawantinsuyo y que son propios de algún lugar de la amplia extensión del imperio. Pachacamac, como veremos, es el más importante ejemplo de cuando ya la identidad incaica estaba firmemente establecida. Sin embargo, es razonable buscar a los dioses primordiales el taypi andino, el centro del mundo, la región del Titicaca.

Recordemos la omnipresencia de los opuestos complementarios en la cosmovisión andina aún más primitiva. Advirtamos además que el concepto de Dios de los andinos no era enteramente homologable al de los cristianos. Tras ello y sin escarbar muy profundo, antes de buscar a un Creador podemos proponer lo que plantea la distinguida historiadora boliviana, Teresa Gisbert, introduciendo cuatro personajes divinos que también nos ayudarán a seguirle la pista al proceso de sincretismo con la religión de los conquistadores.

Habrían cuatro dioses principales, o dos pares de opuestos: la diosa de la tierra con el dios del viento (Pachamama/Aahuacasa) y el dios del fuego con el dios del agua (Tunupa/Copacabana). La pareja más importante es la última, posiblemente relacionada con la división del espacio circun-titicaca en el urcusuyu y el umasuyu (crónica Identidad Aymara II). Copacabana es amo del lago, se vincula con las sirenas y tal vez provenga de la mitología de los primitivos urus, mientras que Tunupa puede provenir de los pukina, señores de Tiwanaku. Si bien la Pachamama es un personaje tremendamente importante, tal vez por la menor trascendencia de su opuesto adquiere un rol más pasivo.

El lago es el taypi, lugar donde los opuestos pueden coexistir o interactuar y es precisamente allí donde Tunupa "peca" con dos sirenas. También allí "muere" según el concepto del akaj pacha o dimensión de los humanos (crónica Cosmovisión Andina III), pero sigue en contacto con el agua (río Desaguadero) y a través de ella vuelve a su dimensión no humana hundiéndose en el lago Poopó.

Los católicos que impulsaron el sincretismo, tratarían luego de identificar a la Pachamama con María, a Tunupa con San Bartolomé o Santo Tomás y a Copacabana con el pecado.

Cuatro personajes para un Creador: ¿Tunupa, Viracocha, Inti o Pachacamac?

En el artículo anterior, que es necesario repasar,  suponíamos, más por "lógica" y según los relatos de los cronistas que por evidencia sólida, que los andinos debieron haber tenido un Dios Creador. Las versiones discordantes de los datos poco consistentes que disponemos proponen a diversos personajes míticos para ese rol. Verán el enredo que nos armaron los cronistas con sus relatos contaminados por los estrechos límites de su capacidad para entender y/o describir lo que difería de su rígido adoctrinamiento.

Tunupa

Resumiendo, Tunupa proviene del cielo, tiene un rol purificador y se relaciona con el fuego, el vulcanismo y con el rayo. Su mito se origina tal vez en tiempos del Tiwanaku, antes del surgimiento de los reinos aymaras y consecuentemente, mucho antes de la aparición de los incas. Cuando los incas conquistan a los aymaras, se le superpone la identidad de Viracocha y "entrega" su poder destructivo (rayo) a otro dios que aparece con el nombre de Illapa. Obviamente, el mito de Tunupa es tan evolutivo como todo lo andino. Probablemente se origina a partir de Chuquila, Dios de un antiguo culto al rayo, incorporando además poderes vulcánicos. Después, los cronistas lo harían aparecer como un hombre santo, predicador o apóstol.

Tunupa es El Creador altiplánico, protagonista de la edad del Taypi descrita en una crónica anterior, pero Santa Cruz Pachacuti, cronista indio de principios del siglo XVII que acomoda patéticamente sus descripciones a los estándares católicos, lo hace aparecer como persona en el altiplano durante la Edad del Puruma, en forma de un hombre pobre, ciego, flaco, barbudo, de larga cabellera y depurado lenguaje, quien habría desterrado a lo alto de las montañas a los demonios hapiñuños, fantasmas provistos de dos largas tetas, tal vez simbolizando el desplazamiento de los choquelas por parte de los emergentes aymaras.

La figura de Tunupa se prestó para que los cronistas de intenso sesgo religioso quisieran presentarlo como un enviado del Dios de los católicos. Según Ramos Gavilán, uno de los teóricos de los agustinos americanos, Tunupa apareció en Brasil, ciertamente mucho antes de que los españoles hubieran escuchado hablar de América, siguiendo por Paraguay y Tucumán hasta Trujillo, al norte del Perú. Cerca de Cuzco, en Cacha, se disgustó con el ídolo femenino local y lo abrasó con el fuego que envió desde el cielo. Luego llegó a la rivera Oriental del Titicaca y en Carabuco, donde moraba el Demonio --quien tuvo que retirarse furioso-- Tunupa plantó una cruz en el Cerro de la Idolatría y consiguió convertir a media docena de indígenas. Salió ileso de un atentado incendiario instigado por el Malo pero finalmente éste se las arregló para que lo apresaran y lo azotaran hasta casi matarlo. Luego, atado de manos y pies lo tiraron al lago sobre una balsa y lo liberó "una hermosa señora" (¿la Virgen?). Toda esa historia está graficada en lienzos que guarda la Iglesia de Carabuco, pintados en 1684.

También lanzaron la cruz al agua, pero ésta siguió allí y no pudieron quemarla, de manera que la enterraron. Dicen que alguien la encontró después de la Conquista y hay unos palos en exhibición para demostrarlo...

En algún momento Tunupa siguió navegando "a bordo" de su túnica hacia la península de Copacabana (reino del mal), donde comete un pecado pues se deja seducir por dos diosas locales, mujeres-peces (sirenas). Terminan matándolo en la Isla del Sol, por negarse a adorar al Sol precisamente, embarcan el cadáver en una balsa y dicen que un fuerte viento la llevó al sur y la proa abrió el lecho de lo que ahora es el río Desaguadero y llegó al lago Poopó, desapareciendo "donde las aguas de hunden en la tierra".

Hay curiosas versiones de religiosos que identificaron a Tunupa como San Bartolomé o, versión jesuítica, Santo Tomás. Relata Guamán Poma de Ayala que a su "sub-producto", Illapa, quien se "queda" con el contexto negativo, agresivo y destructor (dios del rayo, la lluvia y el granizo), lo identificaron con Santiago tras haber emitido un espantoso trueno y enviado un rayo sobre la fortaleza de Sacsahuamán, donde se habían hecho fuertes las huestes de Manco Capac II en su largo sitio sobre el Cuzco controlado por los españoles. Allí aparece el contexto de "mata-indios" del patrón de los opresores, ya antes galardonado con el apodo de "mata-moros".

En realidad Tunupa es un personaje extremadamente complejo y mal comprendido, quien llega incluso a ser homologado a Ekeko, el regordete Dios de la Abundancia.