Mundo Andino: Crisol de Arica

Señoríos Regionales: Cultura Arica

 

El Período Formativo caracterizado por el inicio de la sedentariedad y la cerámica gracias al desarrollo de la agricultura, termina adquiriendo características peculiares propias de cada región, lo que se ha denominado Culturas Regionales y que terminarán absorbidas por los grandes imperios del siguiente Período Medio. En el siglo XII los imperios han colapsado y nuevamente quedan las regiones libres para definir su vida de acuerdo a estándares locales, sin mucho progreso tecnológico pero refinando algunos aspectos específicos. Es el Período Intermedio o de Desarrollos Regionales que afectó a todo el Mundo Andino, incluyendo al Nor-Oeste argentino.

Cultura Arica

Liberados de la dominación altiplánica tras la invasión aymara del Tiwanaku, los habitantes de los valles de Arica definimos nuestro propio estilo de vida, políticamente caracterizado por cacicazgos pequeños que controlaban dominios de territorialidad sobrelapada con la de los vecinos. Aparte del régimen económico que produjo prosperidad al no tener que compartir gratuitamente el potencial de nuestros valles, hubo también un cambio en nuestro fenotipo. Seguíamos teniendo muchos genes amazónicos mezclados con los altiplánicos wankarani y tiwanaku, pero se minimiza el fuerte dimorfismo sexual que caracterizó a la gente del Formativo.

Para contrarrestar el afán invasor de los Reinos Lacustres aymaras, de alguna manera conseguimos ponernos de acuerdo, a lo largo de cientos de kilómetros, en la construcción de ciudades-fortalezas, una de las cuales todavía está en el Valle de Azapa y se le conoce como pukará de San Lorenzo, aunque se empezó a utilizar en el Formativo (Alto Ramírez) y luego perteneció a los altiplánicos del Período Medio. Estos "pukarás" se multiplicaron tras el colapso del Tiwanaku. Se edificaban en un lugar difícil de acceder y allí vivían los "soldados" con sus familias y algunos animales, en casas de base de piedra y murallas de caña, o se mantenían como refugio para los agricultores en caso de amenaza bélica. La relación con los altiplánicos era impredecible, ya que ellos mismos eran varios estados política, administrativa y económicamente independientes. Generalmente los conteníamos sin grandes batallas, pero más de algún pukará fue conquistado y luego ocupado por ellos, para luego volverlo a perder en favor nuestro. En Arica hubo pukarás en el valle de Camarones, Zapahuira, cerca de Belén, Ticnámar, Saxámar, etc y también los hubo (más de una docena) en el noroeste argentino.

Estas estructuras defensivas suelen estar anexas a un poblado en la cabecera de nuestros valles (quien controla el origen de las aguas, domina el valle). La evidencia ceramológica sugiere que muchos de esos poblados, como Huaihuarani, Incauta y otros, tenían una población multiétnica formada por "ariqueños" y "altiplánicos". Seguramente eran centros de intercambio comercial y cultural.

Pero, como hemos mencionado reiteradamente, el altiplano necesita de nuestra costa y de nuestros valles, así es que, pese a nuestra "independencia", había de todos modos un intenso tráfico comercial y se formaban largas caravanas de llamas que llevaban nuestros productos, piedras bonitas, plumas y otras chucherías o vituallas al altiplano. Las caravanas siguieron cumpliendo un rol importante en nuestras relaciones comerciales con el interior hasta el año 1900, aunque las llamas se reemplazaron por mulas. Después de eso y hasta hace unas pocas décadas, seguían llegando caravanas de comerciantes de Bolivia a los pueblos de la sierra, los "marchantes".

Se supone que las caravanas transitaban pacíficamente, pero no siempre era así y había tramos que necesitaban protección guerrera, con cascos de fibra, petos de cuero y armamento (lanzas, matracas, etc). El largo trayecto obligaba a frecuentes paradas, a menudo en lugares ya determinados, los "tambos". En ellos era costumbre dibujar geoglifos, que no describiré porque basta entrar al valle para verlos, además que sería muy complejo tratar de explicar su razón de ser.

Lo invito a que visite el panel "La Tropilla" cerca del Club de Golf. Un poco al Oeste está el Poblado del Cerro Sombrero, con centenares de recintos habitacionales a media altura en el cerro (para evitar a los mosquitos) que eran ocupados estacionalmente por los ariqueños, cuando no estaban pescando o mariscando, para atender sus cultivos y el comercio de productos agrícolas y marítimos con los caravaneros que traían charqui, lana y papas chuño. Me imagino a los altiplánicos, tras semanas de viaje, acampando a los pies de La Tropilla, esperando reunirse mañana con los ariqueños, quienes se preparan ya en el Cerro Sombrero para las negociaciones. Los geoglifos cuentan toda la historia, representan simbólicamente las creencias y costumbres (opuestos complementarios, janachu, chamán, espíritus sobrenaturales) y a ellos dedican los caravaneros ceremonias rogativas por el éxito de su gestión.

Directa o indirectamente, los orígenes de la Cultura Arica podrían trazarse hasta las consecuencias de los enclaves cabuza del Formativo tardío. Cuando hace unos 1.300 años el Tiwanaku absorbe a los cabuzas, se inicia la Fase Las Maytas, con manifestaciones cerámicas que llegan hasta Taltal y representando una alternativa cultural que tiende a diferir de lo Tiwanaku en aspectos regionales pero que en último término representa a verdaderas colonias del imperio, ampliando la ocupación hacia la costa y cabeceras de los valles. De ella deriva la Fase San Miguel hace unos 1.000 años, inicialmente bajo dominio del Tiwanaku, pero que ya adquiere categoría de "ariqueña" tras la evolución autónoma de anteriores colonias tiwanakotas después del colapso del imperio y al haber superado la incomodidad biológica de los cabuza y ya tener ocupaciones estables en la costa. Tres siglos después aparece el estilo cerámico Gentilar y ya estamos de lleno en la Cultura Arica, complejo de agricultores de los valles y hombres de mar que pescaban cerca de la costa en balsas de madera formadas por tres gruesos troncos elaborados y otras más complejas que les permitía salir a alta mar a pescar atunes, palometas, ballenas y hasta congrios, el cual, seco y salado, era una estupenda mercadería para negociar con los altiplánicos.

Ya veremos lo que por entonces sucedía en el norte del Perú.