Mundo Andino: Crisol de Arica

Culturas Regionales e Imperios forjadores de lo andino

 

El Período Formativo caracterizado por el inicio de la sedentariedad y la cerámica gracias al desarrollo de la agricultura, termina adquiriendo características peculiares propias de cada región, lo que se ha denominado Culturas Regionales y que terminarán absorbidas por los grandes imperios del siguiente Período Medio.

En el altiplano, la Fase Urbana del Tiwanaku, caracterizada por una sólida y ordenada urbanización, el desarrollo de las construcciones ceremoniales y la adquisición de elementos culturales y técnicas cerámicas y metalúrgicas propias, marca la tendencia a la diferenciación regional en la época en que en Arica aparecen los cabuza, poblaciones altiplánicas que ocuparon sectores altos y medios de nuestros valles, con sus peculiares gorros de cuatro puntas, sus k’ero (vasos ceremoniales para la chicha), arcos y flechas y sus aportes tecnológicos (azadones) y su nostalgia biológica a su hábitat natural altiplánico, manifestada a través de una elevada mortalidad infantil y perinatal.

Paracas-Nazca: Del Formativo inicial a las Culturas Regionales

En Paracas, hace unos 2.600 años, la influencia cultural de Chavín impulsa su paso al Formativo con la aparición del maíz y la cerámica. Es la fase Paracas-Cavernas, caracterizada por las deformaciones craneanas artificiales, la práctica de extensas trepanaciones craneanas de utilidad desconocida y no siempre fatales (manifestación de un culto a la cabeza humana que en Nazca se continuaría en las cabezas-trofeo representadas en la cerámica) y las hondas cámaras mortuorias cavadas en la roca subterránea y comunicadas al exterior por un estrecho conducto, conteniendo hasta 55 fardos funerarios. Un par de siglos después, las tumbas son fosas rectangulares descubiertas, llenas de fardos cubiertos por arena y se define la fase Paracas-Necrópolis, abandonándose casi las trepanaciones y apareciendo los hermosos tejidos bordados, de un colorido y ornamentación impresionantes. A principios de nuestra era, tras un período de inestabilidad posiblemente debido a la intrusión de etnias de otras regiones, evolucionaría hacia la cultura Nazca, caracterizada por su colorida cerámica con representaciones de felinos, cabezas humanas, halcones y orcas. Aparte de los inmensos geoglifos que aparecieron hace casi 2.000 años y continuaron elaborándose por 10 siglos y que probablemente pueden relacionarse con ceremonias rogativas para "asegurar" el abastecimiento de agua, llama la atención el complejo sistema de irrigación utilizado para ampliar la extensión utilizable para la agricultura, en una región críticamente escasa en agua.

Así, la Cultura Nazca, que dura 700 años, nos introduce en la etapa de las Culturas Regionales

Cultura Moche

Con una cronología más o menos paralela a la Cultura Nazca en el centro-sur peruano y a los cabuza en Arica, los guerreros mochica del norte del Perú constituyen la más acabada expresión de la síntesis cultural que lleva al desarrollo de las Culturas Regionales. Su legado material más conspicuo es su rica cerámica, típicamente recipientes globulares con un pico y asa estribo de características evolutivas a través del tiempo, típicamente decorados con escenas que describen su entorno y actividades comunes: inmensa variedad de aves, peces, moluscos, reptiles, insectos y toda clase de animales, gestiones para obtener alimentos, batallas, danzas, sacrificios humanos, figuras de hombres con características de animales, peces y aves, retratos que expresan con dramatismo las emociones, una vasta variedad de genitales y una detallada, desinhibida y artística representación de una sofisticada actividad sexual, que incluye también a la de ciertos animales.

Sus construcciones ceremoniales, basadas en la pirámide escalonada que heredaron de la cultura Virú, se levantan con adobes que tienen la "marca de fábrica" de las distintas agrupaciones sociales que colaboraron con el proyecto. A ellos pertenecen las Huacas del Sol y de la Luna, cuyos restos se pueden aún ver cerca de Trujillo, centros ceremoniales muy deteriorados que tuvieron su apogeo con los moche pero que fueron ulteriormente utilizados también por los wari, chimú e incas.

Período Medio

El Imperio Tiwanaku marca lo que se ha definido como el Período Medio de la evolución andina y representa el más fuerte impulso cultural de la "versión circuntiticaca" del Mundo Andino. Tras un Período Aldeano en el Formativo, como expresión de las Culturas Regionales, hace algo más de 1.900 años se produce allí una verdadera "revolución urbana", formando villas con estratificación social, rodeando centros ceremoniales y provistas de terrazas de cultivo delimitadas por acequias y con un subsuelo diseñado para retener el agua de las lluvias, los sofisticados suka k’alla. En el siglo VII Tiwanaku se expande (Período Imperial) y define al Período Medio altiplánico de la evolución andina, iniciando su expansión hacia el nor-oeste argentino y la sierra y costa del sur del Perú y hasta Copayapu (Copiapó), hasta su decaimiento que alcanza niveles críticos hacia el año 1150 y termina con la disolución del Estado un par de décadas después.

En la "versión peruana" del Mundo Andino, el Período Medio está marcado por el Imperio Wari, centrado en Ayacucho. Este proviene de la expansión de la cultura Nazca a la sierra, su interacción con los locales y la influencia del Tiwanaku.

Ambos fueron contemporáneos y tuvieron un límite territorial claramente marcado en Moquegua, aunque se pudieron haber complementado de muchas formas, como el servicio de caravanas de auquénidos que pudieron haber ofrecido los tiwanakotas, contribuyendo a las comunicaciones y a la cohesión de Wari con su costa. Aunque la decadencia de uno pudo haber influido fuertemente en la del otro, representan dos estilos socio-culturales distintos. Wari era urbano por excelencia, despótico y etnocida, en contraste con la tendencia al suave estilo de dominio a través de lo cultural y religioso del Tiwanaku.