La Estrella de Arica, 19-VIII-2000
 
 
 

Desentrañando la Historia de Arica

Elementos de cosmovisión andina

"Jesucristo dijo ‘yo no vine a sanar justos’. Aquí no vino porque no había necesidad: vivíamos en comunidad" (Chukiwanka Mamani, oficialmente llamado Germán Choque)

 

Tercera parte: el ayllu

En las dos crónicas anteriores hicimos un esfuerzo por explicar la cosmovisión andina, versión aymara. De ella deriva su forma de vida, basada en la inviolabilidad del ayllu, el concepto más trascendente de la peculiaridad sociológica andina. El ayllu define las bases de la relación social, la familia, el amor y —a su tiempo— el imperio incaico.

Siendo el aymara pre-hispánico sólo un ser humano desprovisto de efectos personales (y nadie los tenía mas allá de lo básico), incapaz de seguir con vida por sí mismo y debiendo a la vez cuidar y acariciar a la Pachamama y trabajar por los intereses de la sociedad, no le queda más que unirse como componente no indispensable pero absolutamente comprometido a un grupo estructurado basado en relaciones familiares, grupo que es unidad pecunaria (empresa), parcela (tierra asignada para su explotación) y seguridad. El ayllu es LA unidad social andina, pues el hombre solo no es nada y el yanacona sólo puede subsistir como siervo de estructuras marginadas del orden social básico, como la nobleza imperial incaica o el capitalismo perturbador de los conquistadores.

Para facilitar la descripción priorizaremos las características del ayllu durante el imperio incaico, pues durante ese período estaba más o menos estrictamente reglamentado.

Los quechuas decían "si un hombre ama demasiado, es mejor que diga que no vive", pues quien mucho ama quiere cosas para sí y nunca se satisface y en el mundo andino nadie se pertenece a sí mismo, sino que al ayllu. Está muerto si se margina del ayllu, pasando al abyecto estado de yanacona. Durante el dominio incaico el joven se casaba por obligación a una cierta edad (se le entrega entonces una "chakara" para cultivar y pasaba ya a ser tributario), se portaba bien en su matrimonio porque así lo dicta el orden natural de las cosas, era fiel a su mujer y adquiría hacia ella un afecto creciente.

El ayllu era autosuficiente y además podía prescindir del individuo extraído por un cierto período para cumplir con la mit’a (servicio militar o comunitario obligatorio). Tenía un fundador, típicamente guardado en estado de momificación y un jefe (sinchi o curaca) que debía ser justo y honesto pues debía responder a sus superiores. Cada ayllu veneraba a su propia huaca (a menudo la momia del fundador o antepasado), la cual protegía a esa comunidad.

La estructura del ayllu fue utilizada como unidad gentilicia, administrativa, tributaria y a menudo urbana por los Incas. El ayllu incaico era artificial y se formaba con personas de distinto origen o parientes que eran separados de su unidad previa para formar un nuevo ayllu. Una vez establecido, se propiciaba la endogamia. Los ayllus existían aún en las agrupaciones urbanas de la costa, donde cada uno ocupaba una calle o un barrio y se especializaba en una actividad laboral específica (una excepción que confirma la regla: allí la estructura económica no se basaba en el auto-abastecimiento sino en el trueque).

Pero en las crónicas anteriores decíamos que la unidad no existe en el mundo andino sino como un tercer elemento, fruto de la armonía de la interacción de los opuestos complementarios. Pues también el ayllu se divide en dos fracciones: la alta y la baja y esto se proyecta a lo largo de todas las estructuras sociales andinas. A un nivel superior al del ayllu, todas las comunidades andinas también tenían un grupo alto (hurin) y otro bajo (hanan) y cada ayllu tenía que alinearse en una de ellas. Aunque lo de arriba tenía precedencia, pertenecer al grupo hanan no tenía connotaciones peyorativas. Es posible que los incas establecieran en esta materia una diferenciación por sexos, pues al fundar Cuzco las dependencias de Hanan-Cuzco fueron asignadas a los seguidores de la emperatriz y la de Hurin-Cuzco a los del Sapa Inca. Estas fracciones alcanzaron en Cuzco la categoría de partidos políticos.

Es asombroso que el ayllu, una estructura que parece tan simple en la etapa inicial de la organización comunitaria andina, haya perdurado hasta la catástrofe de la Conquista y haya sido conservada, utilizada y priorizada por uno de los más vastos y organizados imperios de la humanidad. Aún hoy, el El Alto de La Paz, donde se han instalado la mayor parte de los aymaras que migran a la ciudad, Malú Sierra cree ver a los ayllus reconstituídos en las juntas vecinales, donde "la democracia india funciona tal como ocurre en el campo". Calza con mi definición del Mundo Andino: simplicidad capaz de autorregularse y proyectarse casi hasta el infinito...