La Estrella de Arica, 29-X-200

Desentrañando la Historia de Arica
 "Es preferible un vecino cercano que un hermano lejano" (Antiguo Testamento, Proverbios, XXVII, 10). Ni vecino ni hermano explican las relaciones Arica-Tacna: sólo la honesta consideración de las sórdidas prioridades conceptuales humanas occidentales permiten comprender el pasado.

Arica y Tacna: triste pugna de dos hermanas, Primera Parte

Mientras Arica prospera, se prepara su brutal decadencia

La rivalidad entre Arica y Tacna tiene raíces más profundas que las aceitunas, la Zotac o la odiosidad de los que no olvidan la última guerra de Chile contra Perú y Bolivia. Proviene de todo el trayecto histórico de ambas y es un episodio de la historia peruana en el cual Chile no tiene nada que ver. Tacna no es "Heroica Ciudad" por haber sido reintegrada al Perú, sino que ese nombramiento honorífico le fue asignado por el Congreso peruano en 1825, por haber sido asiento del primer grito de independencia, propalado en 1811 por el malogrado "balanzario" de la Fundición Real, don Francisco Antonio de Zela y Arizaga (muerto en prisión) y proseguido por la gestión de Enrique Paillardelli dos años mas tarde. Por entonces, Tacna era "de facto" el centro administrativo de la región, categoría que arrebataría oficialmente a Arica sólo en 1825 y tenía una población cuatro veces más numerosa que la nuestra, aunque Arica ya había sido ascendida al rango de Ciudad en 1570, "Muy Ilustre y Real" por añadidura, por gracia del Rey de España.

Durante la Conquista, la Corona estableció tres tipos de asentamientos: Ciudad, Villa y Pueblo de Indios. La última categoría, ordenada por la Corona en 1557, tenía por objeto "congregar en los valles que ofrecieran comodidad para el cultivo" a los indios para controlarlos mejor en materia de tributación, catequización y "contratación" de mano de obra para la criminal actividad laboral que exigía el despojo de América. Los españoles no podían (teóricamente) residir en las "Reducciones" o Pueblos de Indios.

Cuando se fundó la Villa de San Marcos de Arica en 1541, se estaba estableciendo una unidad urbana para españoles, aunque sustentada por el trabajo de los indios de las Encomiendas. Mucho tiempo después, en 1570, el Virrey Francisco Toledo se impuso la tarea de cumplir con las órdenes de la Corona y estuvo cinco años viajando por sus dominios "poblando" y "reduciendo" el territorio. Para realizar esa gestión en el territorio vecino a Arica, envió en 1572 al Capitán Juan Maldonado de Buendía quien, entre otras gestiones, "redujo" a los 2.840 indios del Repartimiento de "Tácana" (los sobrevivientes de los 7.000 que había a la llegada de los españoles) a tres pueblos, de los cuales subsistió sólo "Sant Pedro de Tácana".

La Reducción de Tácana consistió en una calle central (la actual Zela), cruzada por cuatro "traveseras", delimitando manzanas que albergaban "solares" para los distintos ayllus (remítase a la crónica respectiva para una descripción del término), en los cuales los indios tributarios debían construir casas definitivas, "de pared". Por muchas razones eso no resultó y los tributarios fueron vendiendo sus solares a los españoles, pese a reiteradas y severas órdenes de desalojar a los españoles de Tacna y enviarlos a Arica, donde les correspondía vivir.

En crónicas anteriores (véase las dedicadas a la "economía colonial") establecimos para Arica tres períodos: el "boom" económico motivado por la plata de Potosí, la decadencia iniciada a principios del siglo XVIII y el "período de incertidumbre" que se inicia con la recuperación económica iniciada en 1850 y luego mantenida en ascuas por la no deseada anexión al territorio chileno y las secuelas culturales, económicas y administrativas consecuentes. Déjese claramente establecido que, aunque los ariqueños actuales no quieran reconocerlo (o no puedan hacerlo por ceguera cultural) y aunque ninguno de nosotros quisiera cambiar de nacionalidad, somos, como ciudadanos de Arica, producto de la gestión del Perú y ahora un pseudopodio inanimado de la insular República de Chile.

Veamos pues, cómo y cuánto gravitó Tacna en nuestra evolución histórica.

Período del "boom" argéntico (hasta 1700)

El descubrimiento del tesoro de plata de Potosí en 1545 no significó de inmediato una brusca prosperidad para Arica, pues los "trajineros" o conductores de las recuas preferían llevar el mineral al puerto de Quilca, frente a Arequipa, un trayecto más largo pero mejor abastecido. Lo nuestro alcanza ribetes asombrosos sólo 20 años después, cuando en 1565 se establece el Corregimiento de Arica y se habilita nuestro puerto para el embarque de la plata. Un nuevo y generoso impulso lo establece la iniciación de los embarques del azogue (mercurio) de Huancavélica (cordillera peruana) vía marítima desde Chincha a Arica, en 1580, terminando con la penosa ruta serrana. Un par de años antes Francis Drake había iniciado el iterativo acoso de piratas, corsos y filibusteros que agredieron con mayor o menor éxito unas 16 veces a nuestra ciudad y que a la larga fueron un factor importante en la génesis de nuestra decadencia económica y urbana.

En 1587, 46 años después de la fundación de la Villa de Arica, a 15 años de la Reducción de Tácana y en el mismo año en que el corso Tomás Cavendish apresa un par de barcos en nuestra rada, se instalan las Cajas Reales en Arica, donde permanecerán hasta 1719, cuando fueron trasladadas a Tacna para protegerlas de los bandidos del mar y porque la hermana se desarrollaba con gran rapidez a expensas de Arica. Pese a que estaba estrictamente prohibido, ya en la época en que recibíamos las Cajas Reales había españoles establecidos en Tacna, aunque en una oportunidad el Virrey ordenara que se mandara de vuelta a Arica a "todos los españoles que viven en el otro pueblo de Tácana y nunca lo han cumplido".

Aunque gozamos de envidiable prosperidad hasta más o menos 1700, el origen de la crisis ulterior que beneficia enormemente a Tacna, aparte de la sequía, las plagas y el bandidaje marítimo, debe definirse como la fundación de Oruro en 1606. Su ubicación geográfica privilegió al valle de Tacna para el trayecto de las recuas que traían la plata a nuestro puerto y llevaban al interior el vino, ají, aceite, frutas secas y otras vituallas a la actual Bolivia.

Pese a que el descubrimiento de las minas de oro de Choquelimpie en 1643 nos favoreció (especialmente a Putre), un par de años después declina la producción de Potosí, los bandidos marítimos nos acosan sin cesar y los ariqueños empiezan a emigrar a Tacna por razones de seguridad y bondad climática. El siglo XVIII debuta con buena parte del poblado de Tacna ocupado por españoles desobedientes y nos trae calamidades desastrosas que consolidan la supremacía tacneña a expensas de nuestra ciudad, materia que trataremos en la próxima crónica.