La Estrella de Arica, 13-VIII-2000

Desentrañando la Historia de Arica

Elementos de cosmovisión andina

"Quien no sabe lo que es el Universo, no sabe dónde vive" (Marco Aurelio)

 

Segunda parte: pachacuti

En la crónica del 5 de agosto iniciamos una primitiva descripción de la cosmovisión aymara. El paradigma de los opuestos complementarios pareció más o menos fácil de comprender, ¿o no? Entonces, pasemos a conceptos más complejos. Reitero mi dependencia de lo que nos enseñó Malú Sierra en su libro "Aymaras, los hijos del sol" (donde todo es altar).

El lenguaje aymara, emparentado con el quechua y comprendido por unos 2 a 3 millones de personas, es un reflejo de la integridad e intimidad conceptual de su pueblo y expresa con claridad que todas las posibilidades son trivalentes. Junto al primitivo concepto "occidental" del sí y el no está el ina (capaz que sí y capaz que no), el cual representa el equilibrio del individuo, temporal y físicamente ubicado en el medio, en el aca pacha, dimensión ubicada entre el mundo de arriba (araj pacha) donde habita el sol y la luna y el de abajo (manca pacha), donde habitan nuestros antepasados y se guarda el registro de lo que ya pasó. Por eso es que el aymara parece muy ambiguo pues no se define con claridad ante la burda dualidad occidental. En su mismo lenguaje o forma de expresarse todo es relativo, con tal que se conserve el equilibrio. Lo absoluto es el equilibrio que depende de la interacción de los opuestos complementarios, el cual existe aún cuando se inviertan los polos.

Ahora algo que no hubiéramos imaginado: en la dimensión de abajo mora el pasado, pero el futuro no mora arriba. Casi podríamos decir que no existe el futuro, o que mora abajo, junto al pasado, porque lo que interesa para sobrevivir en los Andes es el presente y la consideración del futuro es la mayor fuente de codicia en el mundo occidental. La vida se acepta como es en los Andes, sin pasarse rollos, de acuerdo a lo que el pasado ha establecido. El pasado es lo importante, porque condiciona el futuro, el cual no es más que una vuelta al pasado: hay una conceptualización de eras en cierto modo recurrentes, como en una espiral. Ya volveremos sobre eso.

No hay, pues, nada bueno o malo, sino que bueno y malo. Y lo bueno no es siempre bueno, pues cada 500 años se invierte la polaridad del mundo y lo de arriba queda abajo y viceversa. El equilibrio que establece la interacción de los opuestos complementarios es la verdad, lo único soportable o viable, el aca pacha. Cada crisis de polarización o pachacuti (pacha es espacio, dimensión, tiempo, totalidad; kuti es turno, inversión) trae, por supuesto, un evento importante. El último significó el envío del Inca a la pacha de abajo, la del pasado, pero ya está que viene el próximo pachacuti (ya llevamos 5 siglos) y el Inca saldrá a terminar su tarea hegemónica andina y seguramente enviar al k’ara Shombre blanco, ladrón, invasorS al manca pacha que hoy ocupa el Inca. Ese es el futuro: no el mundo de arriba en pueril contraste con el de abajo, sino la continuación de lo establecido por el pasado, pues eso involucra una ética y expectativas de mayor valor práctico y social. Pero no es una mera repetición (no es cíclico), sino más bien sigue una trayectoria espiral, siempre avanzando (por ejemplo, no hubo un Inca en los pachacuti anteriores).

El equilibrio entre la pacha de arriba y la de abajo es el tercer elemento de la trilogía: la realidad de todos los días y el comprender que está determinada por tan potentes complementos hace que el aymara esté armónicamente integrado a su mundo y pueda así sobrevivir. El lago Titicaca, además de ser el sexo de la Pachamama, es el equilibrio mismo, pues es mediador entre lo alto y lo bajo.

Teóricamente no hay robos, adulterio, holgazanería, porque todos deben cumplir con el principio del equilibrio o ser marginados del sistema (o eliminados, pues quedando solo no se sobrevive). No se va a ninguna parte, pero el camino hay que hacerlo y hacerlo bien, sin apuros (¿alguien ha visto al sol yendo a alguna parte o haciendo su pega apurado alguna vez?). Nadie muere completamente, pues el aymara es una manifestación de la energía andina y como tal se reciclará: todo se recicla, no hay nada que no sea biodegradable, física y conceptualmente. Hay un orden universal del cual nadie escapa, ni siquiera los humanos y no existe la posibilidad de sobrepasar al sistema con algo parecido a "ganarse la lotería". De todo el universo, lo conocido e imaginado, sólo un personaje reside fuera de los 3 Pachas: Viracocha, El (supuesto) Creador (con mucha confusión y disparidad de opiniones y considerado a veces como el mismo personaje que Pachacámac o Tonapa, pero eso es otra larga historia).

Es en la cosmovisión andina donde se genera la extrema dificultad experimentada hasta épocas recientes en introducir en el mundo aymara la esencia doctrinaria del catolicismo más que la mera adopción de elementos litúrgicos. No se podía tentar al indígena con la promesa del ocio celestial, pues el ideal de ellos era caminar, caminar siempre sin detenerse, sin llegar a ningún destino. Habría sido una aberración que alguno quisiera llegar a la categoría de ángel o santo, pues habría desequilibrado el sistema. El k’ara no era de confiar pues prometía el cielo sin pedir nada a cambio. En todo el ámbito andino, individual o político, la clave conceptual (manay) es "yo te doy y tú me das lo que corresponde", pero precisamente lo que corresponde, sin pillerías, trampas ni "perdonazos" como la confesión.