La Estrella de Arica, 6-VIII-2000

 

Desentrañando la Historia de Arica

"Nuestros calendarios nos ligaron al cosmos. Ordenaron nuestra vida con el ritmo de las constelaciones. Aprendimos de ellas a no sufrir prisa, ni competir unos con otros, ni levantar jerarquías"  (Wankar)

Elementos de cosmovisión andina

Dispuesto a recibir críticas por la complejidad del tema y por no ser un experto en la materia, me atrevo a ofrecer un resumen de lo que he aprendido, en vista de que ningún erudito ha intentado hacerlo en un medio de difusión masiva, pese a la liviandad y frecuencia con que el término "cosmovisión andina" suele emplearse. Por lo anterior, he tratado de priorizar los conceptos descritos en 1991 por Malú Sierra, periodista chilena que investigó a lo largo de 3 años —y en el terreno mismo— la realidad actual del mundo aymara.

Primera parte: definiciones básicas

No sé dónde terminan las religiones y empieza la proyección del individuo o de un pueblo desde donde está y hacia los confines materiales y/o conceptuales que forman su entorno. No sé describirlo bien, pero todo lo relevante al orden aymara se vincula con sus creencias. Tal vez la palabra cosmovisión nos evita confundir eso con las religiones occidentales, las que no son compartidas por todos ni condicionan cada una y todas las actividades del individuo y de la colectividad como ocurría con los aymaras. Pero el Mundo Andino comprende a muchas otras etnias, especialmente los que hoy se denominan quechuas y que gobernaron el imperio incaico y una gran variedad de grupos carismáticos, desde los kallawayas de la vertiente oriental de los Andes, quienes se creen médicos-brujos casi por el hecho de ser kayawayas, hasta los ferozmente rudos indios de Huánuco que describe López Albújar. Consecuentemente y pese a una gran similitud entre la cosmovisión del aymara típico de antaño y la de los incas, la variedad étnica, la evolución cultural de esas sociedades, la intromisión de la iglesia católica y los esfuerzos de la iglesia pentecostés por cambiar el paradigma andino, crean una variedad de concepciones cosmológicas que difieren en el detalle.

Por decirlo de alguna manera, por compleja que la cosmovisión aymara le parezca a los caucásicos citadinos, es lo más simple que hay: es sólo adaptación a la realidad de la peculiar naturaleza andina, requisito indispensable para seguir viviendo. Búsquese la más simple y eficiente forma de establecer en la sierra y altiplano andinos una sociedad que pueda proyectarse a través de las generaciones y necesariamente reinventarán el pensar de los aymaras.

Entre ellos, todo es aparentemente dual, macho-hembra, blanco o negro, pero los opuestos no luchan entre sí tratando de neutralizarse como el Dios y el Diablo de los cristianos, sino que son parte del todo, se complementan y sin uno no hay otro y ambos forman un abanico tripartito de posibilidades (macho, hembra y macho con hembra). Todos los opuestos se complementan y establecen una triple alternativa, la cual le otorga al aymara el único "espacio" en que puede vivir.

¿Enredado? Déjeme ayudarlo. Las cosas son todas macho (sol) o hembra (tierra o Pachamama, mar o Cochamama). El oro es macho y la plata es hembra. Los pueblos también son macho o hembra: los incas, adoradores del Sol y dueños del mundo, son machos, mientras el pueblo aymara es hembra, de la tierra, productor de bienes para que pueda gobernar el macho. Un cerro tutelar, Mallko, alberga los espíritus que custodian la generosidad de la tierra, pero necesita a una "cerra" pues no hay ..o sin ..a, aunque la última sea menos conspicua. La misma naturaleza es producto del equilibrio entre machos y hembras. Para los Incas, por ejemplo, el río Urubamba es el macho que fecunda a la hembra Pachamama (la madre tierra) con el semen (limo) que arrastra desde las alturas. Fíjense en la trilogía: macho (río), hembra (tierra) y equilibrio (el fértil Valle Sagrado de los Incas, feliz resultado de la interacción complementaria de los sexos "opuestos").

Según la leyenda, los aymaras salieron de la tierra. Simplificando diferentes versiones debidas a la ulterior asimilación de ideas de los incas y a las deformaciones debidas a la sesgada visión de los cronistas españoles (educados, como nosotros los chilenos clásicos, para no concebir que se pueda pensar en forma tan distinta), digamos que antes había otra humanidad, la que cayó en desgracia con Viracocha el Creador. Supongamos que no sea verdad que alguna vez y en alguna parte se reían de él y aceptemos a Virachocha en la forma convencional, algo así como el enlace entre el Dios Sol (Inti) y Pacha, palabra que implica tanto al tiempo, al espacio como a la totalidad. Pacha sería la deidad cósmica, el Dios original y generador de toda la fuerza.

Pues Viracha se deshizo de la primera humanidad. Luego esculpió en piedra a los hombres y mujeres de la nueva humanidad, los dotó de las variables propias de cada raza (nombre, cultura, ropaje, lenguaje, bagaje agrícola) y los metió bajo tierra para que desde allí salieran a los lugares que les estaban destinados. Los lugares (cerros, lagunas, árboles) por los que salieron quedaron como veneradas huacas principales.

Por el lago fueron paridos los aymaras. La Pachamama es pues la madre-diosa, la principalísima huaca y el andino la embellece (terrazas), le facilita su contacto con Inti mediante apachetas y construcciones ceremoniales y la cuida amorosamente. La Pachamama es la inmensa huaca en la cual vive el andino, huaca que encierra una tremenda potencia y sin embargo nada desperdicia, pero que pese a su austeridad puede ser implacable. La agricultura en el mundo andino no es una mera siembra-cosecha utilitaria como en el resto del mundo, sino un acto de amor. Es la caricia que el hombre-hijo-esposo le prodiga a su esposa-madre-huaca para mantenerla sana y hermosa, a la vez que ella le aporta el sustento. Por eso el andino es austero, respetuoso de la naturaleza, provisto de un concepto ecológico que ridiculiza en su profundidad y dimensiones al más ecologista de los movimientos occidentales contemporáneos.

Siento un profundo respeto por esta generosa visión del cosmos, que contrasta con los egoístas principios que me inculcó mi educación chilena. Continuaremos con el tema...