La Estrella de Arica, 21-I-2001

Visiones de la Arica Profunda

 

Codpa y vecindario, siglo XXI. Generalidades 

Codpa actual

Dejemos atrás la historia, aunque insisto en repasarla si se pretende entender lo que hoy perdura pese a la tradicional falta de respeto chilensis ante nuestro legado histórico.

 Codpa es uno de los tantos espacios de la Región Arica donde no se vive como los chilenos convencionales creen que se debe vivir, sino como sus habitantes lo harían cualquiera fuera su nacionalidad. Eso caracteriza a lo que llamaremos "Arica Profunda", lugares donde la "profundidad" histórico-cultural es tal que mantiene un estilo de vida propio de una provincia de lo que hemos llamado el "país" Circuntiticaca.

Codpa es de origen prehispano, tiene una elevación de 2.050 msnm, está en el valle del río Vítor, produce el dulce y engañador vino pintatani y tiene una hostería construida por la inolvidable Junta de Adelanto de Arica en 1973. Esta dispone de una veintena de frescas cabañas provistas de agua caliente y una terraza que las integra a todas al patio central, donde están las 2 piscinas y más allá el amplio comedor, la sala de estar con TV y una gran terraza con mesa de ping-pong. Este gran patio es compartido por todos los pasajeros y está tan bien diseñado que todo el mundo se integra allí en la forma más absolutamente informal.

Cuando el Gobierno Militar devolvió las dependencias que ocupó por varios años, la Hostería se entregó a la comunidad para que la administrara, algo que resultó poco eficiente. Era la época en que en sus piscinas flotaban restos de cabezas de corderos roídas por humanos y un inmenso basural plagado de moscas establecía el límite entre la Hostería y el río. El fracaso comunitario atrajo una que otra aventura empresarial poco exitosa y los ariqueños nos fuimos alejando de este paraíso que tantos lazos mantiene con nosotros. El río se seca, la hostería se desprestigia, cosas pasan y finalmente su gestión se privatiza en forma eficiente. Que Pachácamac no deje de recordarnos la lección aprendida...

La iglesia de San Martín de Tours de Codpa, con 7m menos que la original desde la remodelación de fines del siglo XIX, data de 1668, no es particularmente bonita y está dedicada al ya mencionado prodigio, a quien se le presenta siempre montado y con la capa que lo hizo conocido entre los ángeles. Tiene un pequeño y hermoso púlpito de madera policroma que los curas de hoy no usan, pues para llegar a él hay que pasar por una especie de túnel, como el de los Señores Torres que acompañan a todas las Sras. Iglesias altiplánicas.

He presenciado la Fiesta de la Vendimia, la de San Pedro de Guañacagua, la de San Martín de Tours y otras aquí y en otros poblados de la sierra, pero no tengo espacio más que para relatar sucintamente el Viernes Santo en Codpa.

Viernes Santo, 1999

Al atardecer ya se ve a la gente afanada haciendo pequeños altares de ramas foliadas, entrelazadas como bóveda por encima de una mesita, con un santito al medio: son las estaciones de la Vía Crucis, que recorrerá la figura articulada que representa a Jesús, a una velocidad de 10-20 cm/min.

La ceremonia se inicia tarde en la noche, con una misa a cargo de un curita extranjero. Largo es el sermón sacerdotal, mientras los iconos apenas soportan la larga espera, ya montados en el aparataje que los transportará. De pronto, cerca de la medianoche, se cierran la puertas del tempo, se oscurecen la luces nutridas por el ronrroneante generador y unos muchachotes comienzan a apedrear el techo de zinc de la iglesia, haciendo un ruido que debe haber sido atronador para los que llevaban más de una hora adentro. Los muchachotes se deleitaban con este vandalismo autorizado, con expresiones como "imagínate que le estay tirando a los pacos, g...." El efecto es genial, desde adentro de la iglesia impresiona: es lo que representa a los rayos, truenos y relámpagos que Dios habría lanzado cuando crucificaron a su hijo.

Luego salen de la casa del cura una docena de encapuchados enteramente vestidos de blanco, se forman a la puerta de la iglesia y tocan una campanilla que hace que las puertas se abran. En una larga y barroca ceremonia, desclavan a Cristo (sus brazos son abatibles, con una articulación en el hombro), lo muestran, lo tienden, lo visten, lo muestran, destapan una urna de vidrio, lo muestran, lo ponen en la urna, la cierran, etc. Provistos de una especie de larga bufanda blanca que cuelga desde la nuca, los encapuchados no tocan nada con sus manos: han de cubrirlas antes con el trapo blanco, lo que asegura la lentitud de la ceremonia. Luego seguimos esperando pues hay que acarrear en hombros una cruz, un santo, la urna de Cristo y una Virgen con el corazón atravesado de lado a lado y por ambos lados por varias espadas. Del icono de la Virgen se encargan mujeres y de la urna los encapuchados, pero cuesta encontrar a los 8 varones que se necesitan para cargar al resto.

A pocos metros de la casa del cura, en una de las esquinas de la plaza colindante con la Sra. Iglesia, está la Primera Estación, donde la abuelita Irene espera a los portadores con una gran olla de café y rebanadas del pan que ella misma ha amasado. Ya es más de medianoche, se detiene la procesión, se escucha la palabra de Dios, se reza, se le hacen los honores al ágape de la Sra. Irene y así se avanza de estación en estación, hasta la madrugada.

Aventurándose un poco más valle abajo

A lomo de "macho" podríamos conocer antiguos restos de poblados indígenas prehispánicos, pero Codpa también tiene mucho que mostrar aunque sea viajando con las comodidades de un auto moderno. Hay un angosto pero hermoso y suave camino que baja el valle hasta un (mini) poblado que se llama Ofragía. De allí tuerce al norte, sube una árida cuesta y conecta con otros destinos que algún día terminaremos de describir: el camino actual a Timar, Ticnámar, Saxámar, Lupica, Belén, un corto desvío a Pachama y su iglesia —que destaca por la excepcional existencia de figuras de santos en los muros exteriores— Chapiquiña, Zapahuira, etc., pasando primero que nada por la Quebrada de Apanza y sus innumerables canchones ya abandonados (pequeños lechos de cultivo en las riveras del río) y los refugios anexos (no conozco a ninguna persona común y corriente que sepa siquiera que existen).

Por ahora quedémonos en Ofragía, allí donde una casa bloquea el camino que llevaría (a pie o a lomo de "macho") a las cercanas ruinas del poblado incaico de Cachicoca. Sin bajarse del vehículo, hacia el norte verán un depósito de agua que sirve a una moderna instalación experimental de riego por goteo y si han aprendido a ver (en contraste con sólo mirar), descubrirán una extensa, surtida y variada exposición de petroglifos que se ofrece gratuita en ambas laderas del valle, como haciendo presente que lo que los antiguos no conseguían con la tecnología moderna se lo pedían a sus dioses a través del arte. Figuras de camélidos, cualquier cantidad de chamanes, signos geométricos, escenas que sugieren una escaramuza armada entre grupos humanos antagonistas, serpientes y otras representaciones ocupan ambas laderas y en ambas cumbres, sendas rocas con múltiples desgastes ovales (que si fueran redondos las designaría como piedras "tacitas") sugieren, con otros elementos rupestres que no detallaré para que no se aburran, una misteriosa utilidad ceremonial.

No les detallaré lo poco que sé respecto a estos petroglifos y debo protestar porque tampoco tengo de dónde sacar más información, pero sí que me conozco cada roca que allí existe porque me he tropezado con todas y he lamentado cada uno de los irreverentes números pintarrajeados en los paneles por alguien que estudió el antiguo legado y de paso insultó a los artistas "inmortalizando" su poco graciosa clave numérica con material sintético al mismísimo costado de las imágenes.

Basta bajarse y aporrearse un poco subiendo las pedregosas laderas para presenciar el espectáculo gratuito. ¿Quien dijo que a "los cultos" no les queda más que ir a Santiago para presenciar una manifestación artística?. En las próximas crónicas veremos algo más de lo mucho que tiene Codpa para los turistas.