La Estrella de Arica, 29-VII-2000

Desentrañando la Historia de Arica

"El patriotismo es la creencia suya de que su país es superior a todos los otros sólo porque Ud. nació allí" (George Bernard Show)

Economía colonial, segundo período, "decadencia": 1700-1875

Tras más de un siglo y medio de extraordinario progreso de la Región Arica por su relación con la actividad minera de Potosí, se deja caer un largo período de decadencia. Más de un siglo de sequías periódicas terminan arruinando los valles y secando prácticamente todas las plantaciones de olivos. Baja la ley de las minas y el precio de la plata en el mercado. Recrudece la malaria, espantando a los españoles y en 1718 se retiran de Arica las Cajas Reales, habiendo sido instaladas casi 150 años antes.

En ese momento Arica quedó con una población de no más de 800 negros, mulatos y mestizos. Las cosas siguen de mal en peor y llegó el momento en que nos pasó algo similar a lo del establecimiento de la ZOFRI en Iquique, cuando las nuevas reglas establecidas por los Borbones para terminar con la decadente gestión de los Augsburgo culminaron con la creación del Virreinato de La Plata en 1776, el cual incluía al Alto Perú.

A causa de la malaria, los embarques de plata fueron derivados a Buenos Aires y pocos años después, en 1782, la administración peruana abandona Arica pues se acaban los Corregimientos y buena parte de las acciones que se realizaban en Arica se centralizan en Arequipa y nos dejan casi tan mal como nos dejó el gobierno militar con su famosa regionalización, aún cuando Arica había sido nombrada puerto franco en 1778. Para colmo de males, en 1825 se independiza Bolivia y transfiere todos sus embarques a Antofagasta. Arica sufre su primera (y ciertamente no última) espantosa crisis financiera, que termina por relegar a Putre a un estado de humilde caserío altiplánico y aislar al interior de su complemento costero.

Agréguesele el levantamiento de Tupac Amaru y los hermanos Catani en 1780 y la guerra de la independencia del Perú, en la que perdió Arica que era realista y ganó Tacna que era patriota y se explica que llegáramos a un estado de "desgracia y miseria" sin la "ayuda" de Iquique ni la gestión de nuestros recientes gobiernos patrios.

Economía colonial, tercer período, la "incertidumbre" de un botín de guerra

A partir de 1830 sucedió lo que no han logrado todas las altisonantes promesas y proyectos contemporáneos: se produjo una paulatina recuperación de Arica por la abundante disponibilidad de agua, la disminución de la virulencia de la malaria y la reactivación de la condición de ciudad de tránsito y servicios gracias a la prosperidad de La Paz y Cochabamba. La República del Perú vino al rescate y construye el ferrocarril a Tacna en 1855 y luego inaugura el edificio de la Aduana (diseñado por Eiffel) en 1874. El futuro de Arica vuelve a ser promisorio más o menos a partir de 1850 y hasta la consolidación de su condición de territorio chileno.

Era nuevamente una ciudad pujante, alegre, provista de una de las mejores maestranzas náuticas entre Lima y Valparaíso cuando, en agosto de 1868, un terremoto de fuerza 8,5 rompió el fondo del mar en el sur del Perú y produjo un maremoto que encalló al Wateree en el cero Chuño, destruyendo a la ciudad y a su iglesia. Todo el mundo supo del maremoto de Arica porque Arica era importante y porque el Wateree era un barco de guerra de los EE.UU., pero las consecuencias en Pisagua y en Iquique fueron desastrosas. Iquique era entonces un caserío comparado con Arica, pero entre el terremoto y el maremoto se destruyó completamente y murieron tantas personas como en Arica (unas 300). Acto seguido apareció la fiebre amarilla, que arrasó la costa sur del Perú, Arica, Pisagua, lo que quedaba de Iquique y especialmente Cobija, por entonces el principal puerto boliviano.

Nueve años después se rompe el suelo submarino desde Iquique hasta Antofagasta, enviándonos otro tsunami que devuelve al Wateree a las proximidades de la playa pero que no consigue derribar al edificio de la Aduana ni a la Catedral de Eiffel, erigida en 1876, mató a 5 personas en Arica, ninguna en Pisagua y a unas 30 en Iquique. El tsunami llegó hasta Japón, Cobija fue completamente arrasada y nunca más se repobló. Mejillones casi desapareció, con un gran número de muertos y hubo salidas de mar en Constitución, Talcahuano, Tomé y Penco.

Pese a las agresiones físicas del planeta, las financieras de Bolivia y al auge de Iquique, Arica vuelve a ser el principal acceso a Bolivia desde 1913, con la inauguración del ferrocarril a La Paz. En 1953 se inicia el Puerto Libre y se abre el camino de Portezuelo de Chapiquiña a Putre, terminando con el aislamiento de la sierra y el altiplano establecido a principios de siglo cuando la República de Chile inició gestiones para "chilenizar" a Arica-Región.

No he mencionado la Toma del Morro de 1880 ni otras gestiones o incidentes ulteriores, pues son temas poco trascendentes aunque predilectos de la educación chilena y permanentemente recalcados como para mantener la rivalidad con nuestros hermanos naturales y tratar de borrar 10.000 años de historia común con sangrientas gestiones guerreras contemporáneas.

Es curioso lo que pasa en los países en que se fragmentó el Mundo Andino: los niños pueden recitar detalles militares del asalto al Morro (en versiones contrapuestas dependientes de la nacionalidad actual de los niñitos) pero ninguno —y supongo que tampoco sus padres y profesores— ha oído hablar siquiera de la trascendente toma de la fortaleza del Cerro Baúl de Moquegua en 1475, tras 54 días de sitio, con la cual los incas derribaron al último bastión de inspiración Wari, después de más de 5 siglos de dominio y progreso en infraestructura vital (riego), abriendo las puertas al dominio del sur del Perú, parte del cual es ahora territorio chileno.

Hubo pues dos bastiones de importancia militar y similar morfología en nuestras latitudes. La conquista del primero, Cerro Baúl —ya emblemático desde los tiempos del Tiwanaku— contribuyó a consolidar uno de los más formidables imperios de la historia, que se caracterizó por el esmero con que cuidaba a los territorios conquistados. La toma del segundo, el Morro de Arica, contribuyó a incorporar un poco de territorio a un pequeño país de vocación insular y centralista que indiscutiblemente ha manejado mal a su botín de guerra. La fanfarria con que se celebra el episodio del Morro y las odiosidades que genera tras las fronteras actuales tienen que parecerle fuera de contexto a testigos de la evolución del Mundo Andino como Pachacámac, quien, como deidad andina responsable de los eventos telúricos, manifiesta su descontento haciendo remecer nuestro territorio cada vez que se acuerda que sus muchachos son hoy chilenos, peruanos o bolivianos y están dispuestos a matar y a dejarse matar por un concepto de territorialidad importado e impuesto durante la más reciente veinteava parte de la historia de Arica y su Región.

Vaya laya de "progreso"...