Arica Profunda

Historia e identidad Aymara. Sexta Parte  

 

Más que una etnia, un mundo en evolución

En las crónicas precedentes hemos establecido que, tras la tenue cortina de "modernismo" y "cultura" occidental, Arica sigue siendo más andina que "chilena" al estilo habitual, que su historia y realidad contemporánea están íntimamente ligadas a la etnia aymara y que las raíces de ésta son tremendamente complejas en lo genético y cultural. Debemos ahondar más aún en las complejidades para comprender cuán extraordinario es ese mundo andino que nos origina y condiciona en gran medida.

A un nivel elemental, podemos afirmar que los quechuas son del actual Perú y tuvieron su apogeo con el Imperio Inca, mientras que los aymaras formaron los reinos, señoríos o curacazgos que rodeaban al lago Titicaca tras el colapso del Tiwanaku de la etnia puquina.. Hay que introducir una complejidad que se extiende por todo el altiplano: aunque controlados por una etnia determinada, estas unidades socio-políticas eran multiétnicas, con variados componentes de aymaras, puquinas, uros y posteriormente quechuas y tal vez hasta amazónicos "altiplanizados". Algunos grupos son ramas colaterales que se desprendieron del señorío Colla, como los kallawara y otros son muy antiguos, "chullpas o sobrevivientes de la humanidad que existía antes que saliera el sol", como los chipaya que trenzan su pelo al estilo de los lolos "rasta" de hoy.

Al sur del lago, la población aymara se va diferenciando en otras etnias poco comprendidas, hasta que al final se llega a los lipes que ocupan asentamientos a veces compartidos con los uros y con nuestros atacamas de San Pedro, claramente diferentes de los aymaras y poseedores de un idioma muy diferente al de los del altiplano.

En la crónica del 20 de mayo mostramos un mapa simplificado de los señoríos aymara y luego establecimos que, coincidiendo con una diferenciación geo-político-cultural, los incas conquistaron el lago primero y luego el altiplano de más al sur, donde era fuerte la Confederación Charcas y ya existía un mayor enredo étnico. Para simplificar, omitimos esa vez la mención del curacazgo yampara, asentado en Sucre y su vecindario, organización multiétnica de base puquina que ha sido motivo de interesantes estudios en las últimas 2 décadas por lo que sigue.

El control de esta región era muy importante para los incas a fin de establecer una barrera contra la agresión de los indios amazónicos, mestizos guaraní genéricamente denominados chiriguanos, quienes con frecuencia generaban conflictos bélicos, a veces graves (durante el gobierno de Huayna Capac, padre de Huáscar y Atahualpa), incursionando en territorio serrano-altiplánico. A petición de los locales, los incas enviaron numerosos grupos étnicos de otras latitudes (mitimaes) para formar una "frontera" al Este de Sucre. Se redefine así en forma aún más complicada la composición étnica de Charcas.

Después vendría la invasión española, creando condiciones tales que ocurrieron intensas migraciones, desaparecieron etnias bajo la presión "moralizadora" y laboral y se barajaron composiciones étnicas regionales que los andinos, con su maravillosa capacidad de adaptación, aprovecharon para redefinir estilos peculiares de vida y generar algunas nuevas "etnias" o grupos culturales a partir de fines del siglo XIX. Mitimaes, migraciones, destrucción de identidades, prohibición de credos y vestimenta y redefiniciones de estilos de vida, más la activa intervención contemporánea de la organización ASUR (Antropólogos del Surandino) han definido y "rescatado" "etnias" tan peculiares y provistas de tal riqueza cultural como los tarabucos y los jalq’a, artistas de telares asombrosos y custodios de tradiciones redefinidas desde la base ancestral y en función de la impositiva gestión caucásica, obras de arte que justifican unos de los museos más estimulantes que he conocido en nuestra América.

Para decirlo en forma más clara, nuestra base étnica, en armonía con su entorno natural y las crueles reglas sociales impuestas por los invasores, no se deja vencer y humilla a los foráneos creando identidades autóctonas en función de la riqueza de su pasado-presente-futuro y que aprovechan lo poco que les queda para producir una singularidad asombrosa. El altiplano es, entonces, un crisol formador de etnias que se consolidan en materia de décadas. Eso es, sin duda, una de las tantas singularidades planetarias de nuestro territorio andino. Los jalq’a, por ejemplo, no figuraban en ningún escrito de hace 20 o 30 años.

Resumiendo la situación étnica actual, tenemos quechuas en Perú y en el lado "peruano" del lago Titicaca, aymara-puquinas en el lado boliviano, extendiéndose hacia el sur hasta Oruro (antiguo territorio urco). Más al sur, los mitimaes quechuas y de orejones (realeza incaica) que vinieron a defender la frontera con los chiriguanos, han trascendido hasta tal punto que Cochabamba, Sucre y Potosí son esencialmente quechuas. Al llegar a esa zona se nota el cambio en el largo de la falda, la variedad de los sombreros, el genotipo más frágil y el espíritu menos combativo. Allí algunos conceptos sociales, cósmicos y términos liguísticos aymara son desconocidos (¡no existen, simplemente!). Y ese mundo es quechua...

Pero, en la Isla del Pescado o Incawasi,( "lugar del Inca" en quechua) del salar de Tunupa ("Uyuni"), la pareja que la habita es aymara. Hay un "bolsón aymara", aislado de sus congéneres circun-lacustres y rodeados de quechuas poco "empáticos" al Nor-Oeste del Salar de Uyuni y Coipasa. Las chullpas del poblado de la base del volcán Carabaya son casi calcadas a las de Copaquilla que hemos mostrado en crónicas anteriores .

¿Y qué tiene eso que ver con Arica? Cuando a esos aymaras les falla la cosecha de papas y quinua bajan a los valles de Arica a buscar su sustento. Cuando la migración urbana deja espacios abiertos en nuestras sierras, aymaras de esos parajes migran para ocupar el nicho ecológico abandonado. Para ellos constituimos una unidad, digan lo que digan los gobernantes de los países que nos controlan...

Cuarenta crónicas han pretendido definir la identidad de Arica. La mitad de ellas trataron de "desentrañar" nuestra historia y el resto hurgó en la "Arica Profunda". Pero aún falta convencer a algunos de que Arica es algo muy especial que enriquece enormemente a la nación chilena y el territorio nacional se nos hace chico para esbozar otros conceptos que nos afectan. Si hemos de continuar esta tarea, tendremos pues que traspasar las fronteras y dedicarnos a intercambiar ideas propias del “Mundo Andino: Crisol de Arica”