Desentrañando la historia de Arica

"El pasado es otro país: allí las cosas se hacen de manera diferente" (L.P. Hartley)

Arica, componente esencial del Mundo Andino

 

Si nos olvidamos por ahora del norte del Perú con su "Ideal" andino Wari-Inca y nos concentramos en la cuna de nuestra cultura, podríamos definir a un curioso "país" que llamaremos Circuntiticaca. Su núcleo político y religioso estuvo inicialmente formado por las diversas etnias que poblaban la riveras del lago Titicaca: Chiripa, Pukara, Wankarani, Tiwanaku. Mucho antes, buscando cómo sobrevivir, llegó desde la sierra el "Hombre de Acha " a Arica, hace unos 9.500 años, y fue vecino de los chinchorranos por 3 milenios.

Lo que pasó con el "Hombre de Acha" es un misterio, pero sabemos que los chinchorranos, a quienes dedicaremos un capítulo cuando sea oportuno, demoraron milenios en progresar mas allá de su condición de hábiles pescadores, mariscadores y embalsamadores, utilizando tímidamente nuestros fértiles valles.

Hace miles de años, los altiplánicos, ya con una larga tradición trashumante y presionados por el crecimiento demográfico que trajo la domesticación de los auquénidos y la introducción de la agricultura, se vieron obligados a expandirse y a ocupar espacios de la puna aún más inhóspitos que el Titicaca, como los carangas de las tierras vecinas al volcán Guallatiri y cerro Capurata y el lago Poopó. Ellos, cuando llegaron los españoles, eran señores de gran parte de los valles ariqueños, obligados por la pobreza de su entorno a cultivar maíz en enclaves territoriales de la vertiente oriental de los Andes y otros productos en nuestros valles occidentales.

Pero mucho antes, hace unos 3.000 años, interactuando de una manera indefinible con los "ariqueños" en las postrimerías del Complejo Chinchorro, ciudadanos de las estructuras sociales que antecedieron al Reino Pukara del norte del Titicaca contribuyeron a formar la fase cultural Azapa y Faldas del Morro, muy cerca de la costa, caracterizada por una agricultura elemental basada en calabazas, el inicio de la cerámica, el establecimiento de aldeas más que campamentos transitorios y una muy primitiva metalurgia. Se inicia así lo que los arqueólogos llaman el Período Formativo, en contraste con el Período Arcaico de los cazadores-recolectores. El intercambio cultural y comercial con el altiplano —mediado por caravanas de llamas— se intensifica progresivamente, culminando con el establecimiento de la fase Alto Ramírez (2500 a 1700 años atrás), de fuerte influencia altiplánica y cuando ya la unidad socio-política Pukara estaba establecida en el norte de la cuenca del Titicaca.

En este período se consolida la agricultura (ají, maíz, quinua, algodón, porotos, etc.) , la metalurgia a escala reducida (cobre, oro, plata), la cestería y textilería y se introducen conceptos e imágenes altiplánicas como los diseños geométricos, la serpiente bífida, el decapitador, los sacrificios humanos y el culto a la cabeza humana separada del cuerpo, a veces guardada como trofeo.

Con el pasar del tiempo, etnias altiplánicas fueron estableciendo enclaves territoriales en nuestros valles y complicando el esquema. El ejemplo más obvio se produce cuando el reino Tiwanaku, al sur del Titicaca, se sobrepone al Pukara y adquiere la hegemonía de todo ese territorio y su influencia marca en Arica todo un período cultural (Período Tiwanaku) y una blanda dominación que se extiende desde 1700 hasta 1000 años atrás. Ellos controlaban a sus propios "colonos" (Cabuza) que ocupaban enclaves territoriales sub-utilizados en nuestros valles.

Una de las características interesantes de este "Ideal" andino circuntiticaca es su ancestral concepto de territorialidad. La única frontera claramente demarcada del vasto y benévolo Imperio Tiwanaku fue la que establecieron sus discípulos Wari —de conceptos sociales diametralmente opuestos— cuando los últimos se apoderaron de Moquegua hace unos 1500 años y fortalecieron su posición con la asombrosa ciudad construida en la meseta del Cerro Baúl. En el resto del territorio circuntiticaca, el núcleo socio-político-religioso, necesitando los productos de los valles bajos, estableció allí colonias trabajadas por su propia gente en vez de subyugar a los locales como lo habrían hecho los Wari y la "civilización" occidental. De esta manera, la territorialidad altiplánica, aún después de que el Imperio Tiwanaku colapsara inexplicablemente en una miríada de Reinos Lacustres independientes, implicaba un núcleo central puneño tremendamente dependiente de enclaves territoriales salpicados en los valles bajos, sin conexión territorial con el núcleo, a la manera de un archipiélago, estando el todo conectado por las caravanas de llamas. La costa seguiría controlada por los "ariqueños", pero con fuertes lazos comerciales con los colonos altiplánicos.

Tras el colapso del Tiwanaku, hace unos 1.000 años, los ariqueños desarrollamos nuestra propia organización social, económica y militar (Cultura Arica o Período de Desarrollo Regional), hasta que fuimos afectados por la dominación incaica.

Tras 400 años de Señorío Regional en Arica, los incas se aliaron con el Reino Lupaca de la cuenca del Titicaca para avasallar al poderoso Reino Colla. Como premio, los lupaca recibieron privilegios sobre los valles de Moquegua, Sama, Tacna y Lluta.

Sin embargo, parece que en las cabeceras de los valles los carangas eran los altiplánicos que predominaban. A la llegada de los españoles los carangas eran unos 35.000 indios (en contraste con los 100.000 lupacas, ocupantes de tierras más productivas en la vecindad del Titicaca) y su núcleo estaba en tierras menos productivas entre el lago Poopó (al este de Codpa) y la cordillera, controlando además territorios agrícolas en Cochabamba y en nuestros valles. Su "capital" estaba en el cerro Capurata, cerca de Guallatiri. Desde allí controlaban los pequeños centros productivos establecidos en la parte alta de los valles (como Livilcar y/o Umagata en Azapa y Sora en Lluta), por la vía de "centros secundarios", pueblos permanentes serranos de funciones productivas y de redistribución, como Socoroma en Lluta y donde ahora está Belén.

Más o menos esa fue nuestra historia hasta la llegada de los españoles, quienes destruyeron por las buenas o las malas a la extraordinaria e inédita experiencia social andina. Quién sabe qué hubiera sido del Mundo Andino circuntiticaca, cuna e inspiración de todo lo humano que esta región había gestado, sin el aporte de la costa y los valles, entre los cuales Arica era el principal.

En contraste, si hoy Arica desaparece del mapa, Chile no se daría cuenta y de hecho no figuramos en algunos mapas con los cuales nuestra "Patria" se ha promocionado en el extranjero...