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Renato Aguirre Bianchi

La Estrella de Arica, 26-XI-2000

Visiones de Arica y de su entorno

"Sólo podemos amar lo que conocemos y nos ponemos a disposición de alguna entidad para colaborar con el rescate de nuestro pasado.." (Profesor Omar García Maya, Coordinador de la Academia-Taller de Patrimonio Cultural de la Escuela D-12, quejándose del descuido de nuestro patrimonio cultural en La Estrella de Arica, 22-X-2000).
 

Ya somos varios, profesor García... Tras esperar por años alguna información digerible destinada a nosotros, "el público", me propongo describir para mis pares, con la visión vernácula de mi categoría de observador intruso, algunos de los sitios Sno necesariamente arqueológicosS que relatan la historia de mi tierra y le confieren su particularidad etno-histórico-cultural que la diferencia tan dramáticamente del Chile convencional. Es cierto que arriesgo un nuevo tirón de orejas de los expertos, pero si los más preparados nunca han aprovechado este espacio, no parece criticable que un curioso no iniciado haga un esfuerzo por llenar el vacío existente.

 

Belén y su vecindario prehispánico

Tras varias visitas a la depresión que separa la Sierra Huaylillas de la Cordillera de los Andes, se fue gestando un proyecto de aventura —explorar las ruinas vecinas a Belén— motivado por la imperiosa necesidad de "estar ahí", salir del presente y pasearse un rato por el pasado, imaginando que a las pircas de piedra le han crecido techos y que los recintos y estructuras están llenas de la gente antigua, los "gentiles".

El llamado del pasado se siente con fuerza irresistible en Belén, el único pueblo serrano que fundaron los españoles, pero lo hicieron en la vecindad inmediata de un complejo de unidades urbanas indígenas integradas entre sí en una de las formas más avanzadas que he podido observar en mis exploraciones a título de entrometido ignorante. Tal vez sea la hermosa cordillera del lugar lo que gatilla el deseo de saber más. Es como si las rocas de las montañas al Este de Belén, las más antiguas del Chile actual, con unos1.900 millones de años de existencia, invitaran a explorar la ínfima porción del pasado en la que el ser humano es protagonista.

A poco andar río abajo desde Belén, se llega a Ancopachane, un centenar de pircas que forman recintos habitacionales generalmente redondos, esparcidos en una terraza fluvial extensa, rodeada de andenerías y vecina a sectores rectangulares de sembradío. Un muro de factura reciente (incaica o posterior, formado por 2 hiladas de piedras grandes separadas por un relleno de piedras más chicas y barro), lo separa de Chajpa, poblado formado por áreas de cultivo en la terraza fluvial y estructuras circulares y rectangulares bien definidas, con elementos defensivos, en la cima de una colina baja que hacia el norte mira hacia la quebrada de Laguane, lugar encantado lleno de misterios. Al pié de la ladera norte de Chajpa llega el Camino Inca que proviene de una mayor y más compleja unidad urbana de más al Oeste, Huaihuarani-Incahullo, tras haber abandonado una variante que sigue la ladera oriental de la quebrada de Laguane hacia destinos que algún día exploraremos.

Pero entre Belén y Ancopachale-Chajta hay un cerro que parece que no ha recibido mucha atención en la literatura académica. En una cueva ubicada en su base, hacia el oriente, vive Abraham, empleado fiscal retirado que nació en una cueva y que decidió pasar el resto de su vida en otra. Cuando uno explora este cerro, Ancocollo, partiendo de Belén, le llama la atención que algunas de las pircas que conforman las andenerías adquieren claras características defensivas en lugares claves y mas aún, en la cresta de la pendiente oriental hay un claro muro divisor, características que sugieren la conformación de un pukará..

Una grata sorpresa nos aguarda en la base oriental del cerro: un paisaje maravilloso que domina con la vista el valle que desciende a Ancopachane y a Chajpa, flanqueado por el río y las andenerías abandonadas del sur y las magníficas andenerías del norte desde donde baja una vertiente que riega las plantas de menta más aromáticas que conozco y poco mas atrás una pequeña pero ordenada y limpia huerta de manzanos que, según los lugareños, producen manzanas gigantes y jugosas. En la misma ladera del cerro hay varios aleros rocosos, el mayor de los cuales adquiere casi la categoría de cueva y allí vive Abraham, quien hoy duerme profundamente pues anoche hubo un largo velorio en Belén.

No hace mucho me decidí a recorrer el Camino Inca entre Huaihuarani-Incahullo y Ancopachane-Chajpa. Cumplido ese anhelo que había adquirido ribetes de obsesión, con mi hijo adolescente Felipe exploramos la misteriosa Quebrada de Laguane y terminamos con las zapatillas desgarradas, llenos de espinas y magullones pero enriquecidos por más preguntas que respuestas. El detalle será el argumento de las próximas crónicas.

Ahora me interesa ubicar cronológicamente a nuestra aventura. Resumiendo al máximo lo que los expertos han establecido, los primeros hallazgos de ocupación humana de la región tienen unos 9.500 años de antigüedad (en el alero de Tojo-Tojone, un poco al sur de Belén, lugar lleno de cuevas y aleros rocosos donde moran espíritus que han hecho desaparecer a toda una recua de mulas con hombres y todo pero donde yo he dormido solo o acompañado sin más perturbación que el canto del cuco o el desafío de un guanaco macho). Unos pocos siglos después el Hombre Acha ocupó la costa y poco mas tarde se inicia el Complejo Chinchorro. Pasaron miles de años dedicados a la cacería, pesca y recolección de mariscos. Es lo que llaman el Período Arcaico. Hará unos 3.000 años, centenas más o menos, en los valles ariqueños se inició la actividad agrícola, generadora y no depredadora de recursos. Ese es el Período Formativo. Hace algo más de 1.500 años nos afectó fuertemente la influencia altiplánica, finalmente controlada por la estructura social circum-titicaca Tiwanaku, la que nos aportó muchos avances técnicos y culturales hasta hace unos 1.000 años. Es el Período Medio.

Durante los siguientes 500 años los ariqueños quedamos dueños de nuestro destino, sin dominación foránea. Este período, llamado Intermedio, termina con la dominación incaica del altiplano y el control que ellos ejercieron, vía jerarcas altiplánicos, sobre nuestros valles y costas. Este es el Período Tardío.

Durante el Período Intermedio se desarrolló en la costa ariqueña lo que se ha llamado Cultura Arica, típica exponente del período de señoríos regionales que afectó a todo el noroeste sudamericano. Pero en la sierra, particularmente en la región de Belén, el Período Intermedio parece haber tenido peculiaridades culturales influenciadas por pero no necesariamente típicas de la Cultura Arica. La influencia multiétnica, con aportes de diversas organizaciones socio-culturales altiplánicas, sugiere una zona de transición, complementación e interacción socio-económico-cultural entre la Cultura Arica y los Reinos Lacustres remanentes tras el desmembramiento del Tiwanaku. Continúa...