¿Escuelas o Cárceles?

Opinión: por Tomás Bradanovic P.

Todos los días, de lunes a viernes a partir de los seis años, nuestros hijos pasan al menos cinco horas diarias en un lugar estéticamente deprimente y extremadamente incomodo; me refiero a la escuela.

Las fotos que acompañan este comentario muestran algunas escuelas de Arica y la verdad es que resulta difícil distinguirlas de una cárcel o un campo de confinamiento. Un amigo, próximo a titularse de arquitecto me comentaba las similitudes entre el diseño de nuestras escuelas y las cárceles; rejas y altos muros, puertas con guardias y candados, colores apagados o extremadamente chillones y los muros exteriores llenos de graffitis hechos a menudo por los propios alumnos ¿como es posible aprender algo bajo estas condiciones? ¿que tiene de extraño la subcultura del feismo, expresada por los graffiteros que surge espontáneamente entre los niños?.

Lo peor es que se trata de un asunto que a nadie llama la atención, siempre ha sido igual y nosostros mismos fuimos formados en lugares similares, así es que somos insensibles ante lo feo y lo incómodo.

Muchas y muy costosas inversiones se hacen en nuestras escuelas públicas, desde inútiles semáforos portátiles hasta sofisticados aparatos de "apoyo pedagógico" que rara vez llegan a usarse.Pero nos olvidamos que tanto profesores como alumnos son seres humanos que necesitan un ambiente cómodo, estéticamente atractivo y acogedor.

Me gustaría ver las escuelas pintadas, pero no al arbitrio de bienintencionados (e ignorantes) centros de padres o directores, sino que con colores escogidos profesionalmente ¿no sería lógico que, tal como un arquitecto se dedicó a elegir colores para pintar el casco antiguo de la ciudad, se usara elmismo ciudado profesional al momento de pintar las escuelas? ¿no sería conveniente reemplazar los deprimentes patios de cemento por jardines y cesped?

Si la educación se consigue con el ejemplo hoy nuestras deprimentes escuelas dan un lamentable ejemplo a nuestros hijos, no es posible obtener buena educación estudiando en esas condiciones.

Hacer un esfuerzo profesional y deliberado por hermosear nuestras escuelas y dotarlas de un entorno confortable sería una inversión de muy bajo costo, comparado con los muchos millones que se desperdician en "apoyos pedagógicos" tecnificados que muy a menudo resultan inútiles en términos de calidad de la enseñanza.

Me atrevería a apostar que desde escuelas hermosas y confortables, tanto para alumnos como para profesores, no saldrían graffiteros ni taqueadores, y las matrículas del SERME no bajarían cada año como ocurre en la actualidad.