Las vertientes de Socoroma

Sergio Vásquez Ochoa

Fotografía: Renato Aguirre Bianchi

Socoroma, es un hermoso poblado ubicado en la precordillera parinacotense, a 2.800 metros de
altura, dotado de un microclima muy agradable. Marco relevancia, cuando las recuas de animales,
transportaban la plata que bajaban de Potosí, al puerto de Arica, para el embarque hacia Europa, constituyéndose en reponedor lugar de descanso.

Sus habitantes, tienen alta longevidad, producto de su benigno clima, agua pura y la tranquilidad que le brindan sus parajes. En él descubrí en mis vacaciones infantiles, que antes que llegara el agua potable, los pobladores se abastecían de una vertiente natural que brotaba generosa del costado de un cerro cercano, adornado por inmensos y fragantes eucaliptos, que envuelve y protege al pueblo de los vientos y del frío cordillerano. Un entorno circundado por agricultura en forma de terraza, que baja por los cerros, como el agua de la montaña.

La naturaleza había esculpido en la roca gracias a la erosión una especie de cuchara gigante. El nuevo día, iba acompañado del canto matinal de los gallos y junto al azulado y hermoso amanecer precordillerano, las mujeres, del pueblo acudían con sus baldes y recipientes, cual cotidiano ritual andino, para extraer el agua, para el consumo diario.

Nadie se enfermaba y sus prácticas incluían el uso generalizado de aseados utensilios. Complementaban el cuadro matinal el paso de los niños pastores, junto a sus ganados, rumbo a los
potreros, alegrando el ambiente con sus quenas interpretando conocidas canciones vernaculares.

Un día la civilización llegó y ofreció la comodidad de las llaves del agua en las casas. Había que cancelar el servicio y el agua dejó de ser pura y cristalina. Como en la ciudad se le agregaron elementos químicos para protección sanitaria, la magia de la naturaleza y los atributos naturales del agua dejaron de serlo.

Se extinguió el paseo matinal, por la ladera floreada del pueblo, con mujeres de vistosos sombreros, viaje que permitía disfrutar de una panorámica de Socoroma, que además era encuentro social y de fraternal comunicación entre todos los vecinos, incluso de encuentros furtivos del amor y romance primeros de los jóvenes del pueblo.

Carmelo, el pregonero, que ascendía la ladera y con su máxima energía pregonaba…."Vecinos del
pueblo de Socoroma, se comunica que hoy habrá reunión, a las 8.00 de la noche, en la sede social
para acordar el trabajo comunitario del domingo…, también hay otros importantes puntos a
tratar…." Carmelo ya no está. Socoroma, ya no será la misma.