Oxi, para la inhumanidad


Sergio Vasquez Ochoa

Contador Auditor – Ing. (e)Ejec. Marketing
Presidente Asociación Consumidores Arica


 
                “El  más bello monumento a la dignidad humana es el que vi sobre los montes del Peloponeso. No era una estatua, ni tampoco una bandera, sino tres letras OXI, que significa NO en griego”, testimoniaba la brillante Oriana Falacci, a su paso por la Grecia inmortal, ansiosa de libertad, de decir no a la injusticia, de decir no a la desidia, no a la inhumanidad, no a las ambiciones desmedidas del invasor.
 
          Hombres sedientos de libertad la habían escrito entre los árboles durante la ocupación nazifascista  y durante  treinta años, aquel NO  había estado allí, sin desteñirse con la lluvia o el sol. Después los coroneles la hicieron borrar, con una capa de cal, pero en seguida, casi por sortilegio, la lluvia y el sol disolvían la cal. Así que, día tras día, el No reaparecía terco, desesperado, indeleble.              
 
           Valga como analogía, el ejemplo de la protesta de la cal, para decir NO a la injusta  fórmula de optimización de las utilidades que ha descubierto cierto sector empresarial, que la ha encontrado en las empresas contratistas, a través de la explotación abusiva de la mano de obra, ansiosa del trabajo y del sustento digno.
 
            Nunca olvidaré, cuando en mis inicios laborales, realizábamos el tradicional inventario de fin de año en una conocida empresa de Confecciones textiles.
 
             El cuadro que descubrí en un Taller Externo, fue realmente desolador.  Era una bofetada a la dignidad humana.  Un galpón que semejaba una barraca, con techo de fonolas que daban paso al sol castigador, piso de tierras y lo más impactante era el rostro de esas dignas mujeres. Fríos, endurecidos, algunos casi torvos, como una respuesta a la violencia económica y humana que debían soportar, para obtener el sustento a fuerza de sangre y de injusticia, que iban generando en cada peso ganado, una herencia de rodillas atrofiadas, para el día de su despido.
 
             Seguramente esas mismas mujeres, como antítesis de la misteriosa vida, resguardaban sus mejoras ternuras, para los suyos, en el calor de sus hogares, lejos de la barraca abrumadora.
 
         Hoy cuando el concepto de la globalización, surca los aires y se adentra en los gobiernos, empresas, en la educación, la salud e incluso en el intercambio entre los pueblos, el trabajador sólo implora humanidad y comprensión, respeto y amor a su ser, es lo que ansía en sus pensamientos aquel factor productivo, para tender a ser verdaderamente una sociedad evolucionada, más por éstas virtudes, de humanidad y  solidaridad, que solamente por vanidosos resultados estadísticos,  que son tan efímeros como la golondrina de verano.