Santa Rosa de Caquena


Sergio Vasquez Ochoa

Contador Auditor – Ing. (e)Ejec. Marketing
Presidente Asociación Consumidores Arica




La cordillera de la Comuna de Putre, alberga localidades como Parinacota, Chucuyo, Guallatire y Caquena, ubicados sobre los 4.000 metros de altura, que les convierte en lugares casi inexpugnables, para los temerosos de los efectos de la puna.

Caquena, está de fiesta, el 30 de agosto celebra Santa Rosa de Caquena y sus hijos acudirán ansiosos a la tierra materna. Alfereces, el ponche, la vigilia, la procesión en aquellos limpios cielos estrellados y duras noches de Caquena, se repiten en el tiempo. Viento altiplánico, duro y hostil, nunca más fuerte que el compromiso de cumplir con las estaciones, por los hijos de Caquena, que acudirán con nuevas generaciones, para adentrarlos en el amor a la tierra de sus ancestros.

Su templo, señala el año 1891 como fecha de construcción, fue refaccionado el 1936, gracias a la iniciativa y espíritu comunitario de sus habitantes, que reemplazaron el techo de paja por calamina. Los fundadores del pueblo fueron los Inquiltupa, de origen quechua y los Blancos y Yucra, se cuentan entre sus primeros habitantes.

Su auge comercial fue en las primeras décadas de 1900, donde se negociaba la lana de alpaco y llamo proveniente de Bolivia en tránsito de exportación por Arica y muchas familias hicieron fortuna en estas lides comerciales, como los Aranda de Putre, los Orozco y Don David Santos de Belén.

Hoy, las truchas y los bofedales sobrevivientes, se mantienen férreos en el entorno del pueblo, dando vida y belleza a esa imponente planicie altiplánica. Su entrada tiene un simpático y bilingüe anuncio, Bienvenidos a Caquena City, que refleja el positivismo de sus habitantes.

Un día también llegamos a Caquena, adentrándonos en su vida, sueños y esperanzas, a través de la conversación amistosa, con los vecinos. Cumplíamos entonces,  nuestras funciones municipales y junto a Carmelo Baluarte, llevamos las pensiones y subsidios a sus habitantes, disfrutamos además  de sus hermosas panorámicas de los Payachatas, bofedales, fauna altilpánica y también supimos del sabor de las truchas.

Quiero plasmar el recuerdo de sus habitantes, cuando en aquellas silenciosas noches andinas, se sintió el sonido vernacular de lejanas zampoñas. Era un grupo de músicos bolivianos, caminantes de los andes, que se sumaban al tributo y saludo a Santa Rosa de Caquena. Era también, el encuentro del hermano andino, que no sabe de fronteras, sino de la fraternidad y convivencia aymara. Se plasma entonces, como los pueblos, en forma espontánea, en ocasiones establecen vínculos que los gobiernos formales, no pueden concretar.