Febrero, Mes de Carnavales

Una nota sobre el Carnaval Andino de Arica Aquí

Por Renato Aguirre Bianchi

Los carnavales andinos son una muestra del sincretismo de sus creencias con aquellas impuestas por los conquistadores. Se mezclan allí ceremonias y conceptos autóctonos en el ámbito carnavalesco, el cual es una invención foránea.

Parece que la palabra "carnaval" proviene de la Europa de fines del siglo XV, del latín "carnem levare", refiriéndose a los ayunos y abstinencias de la caresma. Pero su carácter festivo proviene de las fiestas y excesos que se permitían como para "prepararse" para la cuaresma. Hay muchísimas versiones de esta actividad en el ámbito cristiano europeo, conservando ciertas características muy anteriores.

Al parecer la tónica de los carnavales proviene de Babilonia. Hace unos 4.000 años, al inicio de la primavera (en julio en esa parte del mundo), durante 5 días se celebraba una fiesta que tal vez servía para liberar las tensiones del pueblo oprimido. Durante ella se nombraba a un rey falso entre los prisioneros, el que comía y vestía como el
monarca y hasta tenía acceso al harem, aunque era ejecutado al fin del jolgorio. Durante las fiestas, casi todo estaba permitido: los sirvientes podían dar órdenes a sus amos, el pueblo se mofaba de las leyes y, por cierto, se cometían diversos excesos.

También los romanos realizaban fiestas similares, como las saturnales (dedicadas al dios Saturno) y las bacanales (Baco). Las saturnales duraban 7 días a partir del 17 de diciembre y celebraban el término de las siembras
invernales. También entonces se suspendían las jerarquías, se ridiculizaba a la justicia y a los jerarcas, los siervos
molestaban a sus amos y se nombraba a un rey bufón que incitaba al pueblo a beber, danzar y dedicarse al placer desenfrenado, aunque para él también esos serían sus últimos días con vida.

El cristianismo puso fin a las saturnales, pero el concepto de rebeldía y excesos durante cierta época del año
reapareció. En la Francia del siglo XII, por ejemplo, los sacerdotes de bajo rango elegían a un obispo bufón,
celebraban misas disfrazados y portando máscaras grotescas, bailaban y cantaban en forma poco casta con
mujeres, le faltaban el respeto al templo y a la misa de diversas maneras y terminaban esparciendo excrementos e inmundicias por las calles desde carretas. Hay otras situaciones similares en otros países europeos de antaño.

El famoso carnaval de máscaras de Venecia parece haber hecho popular en el siglo XVIII la costumbre de arrojarse agua, lo que allí, en pleno invierno, no era precisamente agradable. Se cuenta que la costumbre se inició al tratar de apagar las velas que los lugartenientes transportaban durante el "martedi grasso" y que debían mantener encendidas hasta el amanecer para conseguir buena suerte. Las caretas también se popularizaron en Venecia y permitían liberar las pasiones y realizar actos de venganza bajo la impunidad del anonimato.

En todo caso, tal vez puedan proponerse muchas versiones para el origen de algunas costumbres. Tal vez lo de arrojar agua no haya sido más que una innovación de la costumbre romana de agredir con trozos de dulces al público. En algún momento, se dice que en Francia, el trabajador de una imprenta "inventó" el papel picado multicolor que nosotros llamamos challa, término que se presta para una gran confusión con la ch'alla andina (esparcir vino o licores en forma ceremonial). Nuestra challa en Bolivia se denomina mixtura.

En términos generales y con diversas variantes de estilo y fecha, a la llegada de los españoles en el mundo cristiano se celebraba la fiesta de carnaval o "carnestolendas" durante los tres días antes del miércoles de ceniza que inicia a la cuaresma. Dada la costumbre andina de celebrar fiestas periódicas con un intenso contenido ritual (pueden describirse por lo menos 12 fechas de fiestas y/o rituales de importancia en el calendario incaico), no costó que el carnaval prendiera en el Mundo Andino, conservando muchos elementos paganos como las máscaras y disfraces, la burla o sátira al orden establecido y los excesos. Por cierto, los aymaras le aportaron el colorido de sus creencias.

Así llegamos a los carnavales bolivianos, cuya máxima expresión es el de Oruro. Los detalles de éste se describen muy bien en http://www.boliviacontact.com/carnaval.php. En Bolivia, dada la multitud de grupos étnicos, la fiesta muestra detalles diferentes según donde se desarrolla. Los aymaras de Oruro difieren de los Kallawayas de la vertiente oriental de la cordillera y de los Tarabuco de Chuquisaka, por ejemplo, y sus fiestas también.

En general el carnaval, que se realiza en febrero y es denominado anata (juego) tiene mucho de pagano (o autóctono) y muy poco del cristianismo, pero conserva el contexto europeo ya resumido. Representa, en principio, las creencias de los andinos a través de una liturgia adoptada. Más allá de los bailes y la coreografía que impresiona a los turistas, es una fiesta a la Pachamama, al hogar, a los espíritus tutelares (mallkus) y a otros personajes que tienen existencia en la cosmovisión animista de los aymaras. El primer día (lunes) corresponde al jisk'a anata (juego chico), durante el cual los campesinos van a sus chacras a ver cómo marchan sus cultivos, en lo que representa un rito a la primera cosecha. Cumplido este trámite, pueden dedicarse a los bailes y diversiones del resto del período, el jach'a anata (juego grande).

El día siguiente, martes, es muy importante pues se hacen ofrendas a los espíritus que comparten el tiempo y el espacio con los aymaras y sin los cuales no existiría la dimensión en que éste vive: es el día de la ch’alla. Se anuncia con petardos temprano en la mañana y luego se esparce alcohol en las esquinas de las casas, pues allí es donde bebe el espíritu de la casa y también para dar de beber a la Pachamama y a los espíritus tutelares. También se ch’alla a los instrumentos de trabajo y puestos de venta.

Durante las fiestas las casas se engalanan con cintas de color o serpentinas y "mixtura" y/o despliegan una
bandera blanca para indicar que allí se realiza una fiesta y se dispone de los insumos apropiados. La casa, como
todo lo que alberga la Pachamama, es más que un alberge: tiene vida y siente, envejece, "es buena" (se porta
bien). La misma Pachamama gusta de ser atendida, tiene su genio y, como los humanos, gusta ocasionalmente de las golosinas. Los mismos instrumentos agrícolas y los vehículos suelen ser engalanados, para que "quieran"
seguir trabajando y en las villas ciertos lugares se adornan con banderines.

Los yatiris (shamanes en términos muy generales) hacen ofrendas a la Pachamama sobre paños ceremoniales
(inkuñas) engalanados con lanas multicolores (a menudo reemplazados hoy por serpentinas de papel), dulces,
frutas y a veces, mixtura (nuestra challa), aunque para algunos ésta se ha demostrado perjudicial pues trae mala
suerte.

La mixtura (nuestra challa) es sin duda de origen europeo. Se le utiliza de diversas maneras y tal vez tenga una
relación simbólica con la ch’alla y otros significados. Las muchachas y hombres solteros usa(ban) flores en las
orejas y sombreros respectivamente, para demostrar que están disponibles y lanzan pétalos para proponer una
conquista. La mixtura es más cómoda para ese efecto en las ciudades.

La simbología de los bailes de Oruro está muy bien descrita en http://www.boliviacontact.com/carnaval.php. Sólo he pretendido resumir el contexto místico general del carnaval andino, el cual suele pasar desapercibido a los turistas, entusiasmados por el espectáculo callejero. Debo enfatizar que ésta es una generalidad: quien ha visto el carnaval de Oruro apenas a rasguñado la superficie de la variedad de expresiones que esta fiesta tiene en el complejo territorio boliviano. Agrésense variaciones de fechas, liturgia y coreografía en otras áreas andinas y nunca se terminará de comprender todas las versiones.

El carnaval no debe confundirse con las fiestas patronales de cada localidad. En éstas, conservando las profundas raíces de la cosmovisión andina que a menudo ya no comprenden algunos aymaras chilenos, la liturgia es diferente y, más allá del origen cristiano del santo homenajeado, supongo que se rinde tributo al ancestral mallku, espíritu tutelar del lugar. Asombra comprobar cuán intenso es el resultado del sincretismo con los ideales católicos. Como acota Juan Kessel, el andino incorporó con facilidad la liturgia católica pero no la esencia doctrinaria. El ejemplo más notorio me parece que es el aprecio que en nuestros pueblos del interior se expresa al apóstol Santiago (San Santiaguito), quien en esencia es enemigo del andino pues ayudó a los españoles a matar indios. Guamán Poma de Ayala lo llama "Santiago mata-indios", acorde al prestigio como "mata-moros" que tenía al llegar a América. Hasta rinden tributo a estatuillas donde aparece arrollando a un indio con su blanco corcel. Más detalles en el artículo "Santiago mataindios". Otro ejemplo es el de la fiesta de las cruces de mayo, descrita en el artículo
"Sincretismo 1".

Para enfatizar el concepto de Kessel, nótese que en la expresión de sus fiestas religiosas los aymaras, aún
cuando puedan sentirse profundamente católicos, raramente mencionan o se refieren a Dios y aún a la Virgen: su
atención es acaparada por los apóstoles o símbolos como la cruz, más acordes con la intimidad de su
pensamiento religioso. En definitiva, más allá del espectáculo de sus fiestas religiosas, queda la impresión que
expresa tan acertadamente Malú Sierra cuando, al referirse al Mundo Aymara, lo define como "donde todo es altar".