Arica a Caballo 
 
(Cabalgatas Turísticas y de Aventura y Algunos Trucos Ecuestres) 
 
Actualizado a mayo 2009 
 
 
Renato Aguirre Bianchi 
Casilla 651, Arica, Chile 
lautaro@yahoo.com 
 
Introducción 
 
El clima de Arica bastaría para hacerla un lugar privilegiado para la equitación, pero además está su extensa playa Las Machas, sus hermosos valles de Azapa y Lluta, los cerros y pampas vecinos y la maravilla geológica y de remanentes de culturas prehispánicas de la precordillera. 
 
No se necesita ser un equitador experto para disfrutar de una manera tan singular los paisajes ariqueños. Con mis amigos y algunos miembros de mi familia he cabalgado por las playas y valles de Arica y disfrutado de largas cabalgatas a la sierra, casi siempre llevando a algunos principiantes, a quienes cuidamos con esmero pues la equitación es un deporte peligroso si no se dispone de la asistencia de uno o más jinetes experimentados. 
 
Algunas de las rutas que hemos recorrido al sur del valle de Lluta se muestran en la siguiente imagen: 
 
Resumen de sólo algunas cabalgatas. Las líneas amarillas serradas son tramos que hemos cabalgado; las simples son otras rutas troperas prehispánicas por explorar. El círculo rojo identifica a Arica. Se observan cuatro valles: desde arriba a abajo, Lluta, Azapa, quebrada de Las Higueras (que empalma con Azapa) y Camarones.
 
Los caballos reaparecen en mis recorridos por la sierra el año 2000, cuando mi amigo Carlos Requena decide recorrer la ruta caravanera entre Arica y Codpa, intensamente transitada hasta hace unos 30 años. Fue una difícil gestión conseguir a los caballos apropiados, a un grupo de jinetes dispuesto a explorar rutas desconocidas, a un guía conocedor de éstas y todo el apoyo logístico, pero resultó una aventura inolvidable que no hemos cesado de repetir, posteriormente incorporando a niños, damas que nunca antes habían montado, extranjeros y a otras personas atraídas por la aventura o el placer de cabalgar. Inevitablemente, empezamos a explorar otras rutas y nos faltará vida para recorrerlas todas, pues el tránsito de auquénidos y caballares desde el altiplano y la parte alta de nuestros valles y de un valle a otro era muy intenso antes de que existieran las carreteras y aún mucho antes de que se descubriera a América. Hay miles de años de historia involucrados. 
 
Creo que nuestros animales han disfrutado de las aventuras y por cierto han evolucionado. Tras un par de cabalgatas serranas, un potro flojo y dócil pasó a ser el líder de la tropa, siendo el único que se atrevía a pasar por tramos difíciles, dando un ejemplo para que los otros animales se atrevieran a seguirlo. Lo llamábamos el “Nunca Galopo”, pero a los pocos meses ya lo hacía con entusiasmo y disciplina y lo renombramos “Caballero”. Otro potro muy antipático se apaciguó al caparlo y con él viajé decenas de horas en buena armonía, pero terceros lo malcriaron y ya no forma parte de nuestra tropa. Algunos han muerto en sus lugares de reposo y otros animales llegaron, algunos muy poco domados que se hicieron amistosos y dóciles a través del cariño que reciben. Una yegua resultó muy débil para la sierra; una inmensa mole de tiro nos sorprendió al aprender con facilidad y entusiasmo a ser animal de monta, y un caballo de aspecto debilucho ha demostrado un genio fuerte pero predecible, una intrínseca capacidad para encontrar el sendero apropiado y entusiasmo por dejar bien puesto a su jinete de una manera que no calza con su físico. La más dulce de nuestras yeguas llegó preñada. Luego compramos otra que tenía mala fama y botaba a sus jinetes, pero con nosotros se hace cada vez más dulce y es mi regalona. La faena de incorporar nuevos animales nos ha obligado a aprender tanto o más de lo que ellos aprenden, y aún nadie ha tenido un accidente grave. Los animales difíciles los montamos nosotros para asegurarnos que aprendan a responder a los mismos estímulos, y no tardan en adquirir buenas costumbres. 
 
No hay nada más fácil que malcriar a un caballo si no se piensa como ellos y reciben castigos u órdenes contradictorias. Los equinos tienen un encéfalo muy pequeño, no apto para pensar sino diseñado para manejar la compleja armonía de sus poderosos músculos, albergar instintos de fuga derivados de su condición de animales de fácil presa para sus depredadores, obedecer al líder y una extraordinaria memoria para aprender a reaccionar según el estímulo. Hemos investigado la psicología del equino (etología cuando se trata de animales) y, convencidos de que los caballos no son para nada inteligentes pero sí tienen una fabulosa memoria que les permite aprender actitudes en función del adiestramiento, hemos llegado a la hoy en boga conclusión de que sólo hay cuatro instancias que autorizan a castigarlos físicamente: nunca, nunca, nunca e inmediatamente después de que me muerde (pero no después de dos segundos del evento y con una fuerte patada o puñetazo en la nariz o bajo la barbilla). Esta excepción se justifica sólo porque el animal debe comprender que no puede invadir mi espacio pues yo soy el que manda en la pareja. Así son las relaciones entre ellos en estado salvaje: el jefe manda y no acepta discusiones. El jinete debe ser el jefe, por su propia seguridad y para que ambos, caballo y jinete, puedan disfrutar de la cabalgata sin conflictos. Por eso, por ejemplo, jamás permito que el caballo rasque su cabeza contra mi cuerpo: si intenta hacerlo se lo impido con los huesos de mi antebrazo para que sepa que hay una barrera infranqueable, pero eso no es un castigo, sino una firme barrera que le enseña que soy yo quien pone las condiciones. 
 
A los caballos les gusta que les haga cariño su jinete habitual, cuando éste decide que es apropiado hacerlo. Antes o después de montar a mi voluntariosa yegua, o en cualquier momento que estoy cerca de ella, le acaricio la tuza, la frente debajo de la chasquilla, las depresiones que existen encima de los ojos, el tronco, etc. Inicialmente díscola y desconfiada, después de un tiempo ella me permitió acariciarle las orejas y abrazarle la cabeza. Al mismo tiempo le hablo con dulzura y le susurro palabras dulces en sus orejas. Siempre le hablo y la acaricio cuando cabalgamos, para premiarla por un buen esfuerzo. Otras veces uso un tono de voz más enérgico cuando quiero que me obedezca, pero nunca la reto, pues no entendería mi intención y sólo empeoraría su conducta. Nunca deje de hablarle a su caballo de vez en cuando y premiarle un buen comportamiento con una golosina. Antes de montarla le cierro los párpados y acaricio sus ojos: si me lo permite es porque acepta mi autoridad y si no lo hace, algo malo le pasa (puede ser un problema físico o una actitud de rebeldía) y mejor lo corrijo antes de montarla para cuidar mi integridad. Pero, obligación de jefe, debo corregirlo antes de renunciar a montarlo, porque si lo dejo que me gane la próxima vez que intente montarlo tratará de demostrar que puede ser rebelde y eso no es conveniente para mi integridad física. 
 
Aquí quiero expresar algo muuuuy importante. No hay una clara definición que diferencie a un jinete que es dueño de un caballo del entrenador que lo domó o le enseñó a obedecer. En otras palabras, Ud. le paga a un experto para que le quite las mañas a un caballo y se lo devuelven tan suave como una seda. No es mala idea, pero el domador debe no sólo enseñarle al caballo a obedecer apropiadamente, sino que también a Ud. para que le mantenga lo aprendido. Lo que quiero decir es que, si Ud. tiene un caballo propio, Ud. DEBE transformarse en su entrenador. El profesional puede de haberle resuelto tal o cual problema, pero si Ud. no fue debidamente entrenado volverá a malcriarar al caballo. En otras palabras, ser JINETE no es lo mismo que pilotear a un avión recién overholeado. Este reaccionará bien ante cada maniobra, pero el caballo tiene personalidad y por muy bien que se lo hayan entrenado, si Ud. no tiene la capacidadad de dominarlo, controlarlo y darle órdenes precisas y bien implementadas, el caballo descartará lo aprendido y volverá a ser un problema. “Andar a caballo” es casi patético. Cabalgar como se debe en el caballo suyo es una armonía que sólo se consigue cuando el jinete es en todo momento y para siempre el entrenador del caballo. Entonces, aprenda a entrenarlos, no deje de entrenarlos y olvídese de que todo el esfuerzo lo hace el animal: montar bien a un caballo implica una rica interacción que lleva a lúdicas cabalgatas cuando Ud, es un buen “jefe” y  no un fardo que deja que el animal haga lo que quiere cuando quiere. Si monto a un animal desconocido, trato de areglármelas como mejor pueda. Pero si monto a mi yegua o a otros de mis animales, nunca renuncio a mi rol de domador, dominador por las buenas y entenador. Para hacerlo, tuve que preparme yo antes que el caballo. Definitivamente, la equitación verdadera no es pasiva para quien quiere considerarse “jinete” ni tampoco es un trabajo agotador: es una fascinante y pacífica interacción que equilibria lo que el caballo quiere hacer con lo que Ud. quiere que haga. Si lo hace bien, su caballo confiará en Ud. y hasta me atrevería a decir que lo amará. En el otro sí, el caballo llegará a ser un porfiado voluntarioso que hace lo que quiere. En el pasado ya “matamos” a nuestra más pacífica yegua, pues de pacífica que era se la pasábamos a inexpertos y nunca nos preocupamos de reentrenarla. En definitiva, con su propio caballo, el domador es y no puede dejar de ser Ud... 
 
Esta estrecha y autoritaria pero amistosa relación con nuestros animales nos ha revelado las mañas de cada uno de ellos y hemos podido corregirlas. El mismo animal que parece espectacularmente brioso cuando se lo pide un jinete apropiado, lo montaba con toda tranquilidad mi nieto cuando aún no alcanzaba los estribos. 
 
Muchos de mis amigos montan en forma intuitiva, otros a lo huaso, pocos con la formalidad inglesa y uno de los hijos de Carlos monta en pelo de mananera admirable al animal que sea, pero todos, humanos y equinos, forman una unidad armónica durante las cabalgatas serranas bajo el liderazgo de Carlos. 
 
Tal vez me extendí demasiado en esto de la relación caballo-jinete, pero quise explicar que cada caballo necesita a un jinete apropiado para que la equitación sea placentera y segura. Las pobres bestias depresivas que hemos montado en elegantes centros turísticos nacionales y extranjeros nos dieron una pena enorme, así como las aterradas bestias de algunos jóvenes azapeños que buscan la espectacularidad, pero de ellas y de otros sofisticados caballos de centros ecuestres aprendimos que la equitación es un equilibrio entre lo que se le ha enseñado al animal y lo que puede hacer de él el jinete. Aunque algunos tienen una inmensa tolerancia a las torpezas del jinete, no todos pueden ser montados por cualquiera. Cada cual con quien le corresponde y con respeto al animal...  
 
Nuestros caballos no son finos, sino modestos ejemplares de campo, pero entrenados para nuestras necesidades. Tampoco nadie de nuestro grupo pretende ser maestro de equitación, pero sí nos entusiasma el tema y queremos compartir lo que vamos aprendiendo. Iremos agregando páginas a medida que creamos que los nuevos circuitos están bien implementados y también temas referentes a la equitación en general, a medida que los maduremos. El objetivo es estimular la equitación en Arica y además creo que no sería justo si esta dimensión de las posibilidades turísticas de nuestra ciudad no se expusiera al público. 
 
Nota final para agradecer a Arica. Por ahora, mi pasión vuelve a ser la equitación tras haberla dejado de lado por un par de décadas. Pero he compartido intensamente otras pasiones deportivas con quienes quiero y con mis amigos. Arica, su territorio adyacente, su mar, sus pampas, valles y sierras y las aventuras que tan fácilmente se implementan, no sólo me han permitido realizarme fuera del ámbito profesional, sino compartir puras e indelebles relaciones con mi familia nuclear: nadando o buceando; navegando botes, zodiacs, windsurfers y yates; volando avionetas; atravesando pampas en motocicletas e impresionantes sierras a pie o en vehículos, o simplemente acampando en el litoral o en la sierra y tras muchas otras gestiones, no sólo he aprendido a ser persona sino que he podido compartir con mi familia y amigos momentos inolvidables. Si me hubiera quedado en Santiago, no sería más que un cirujano adinerado pero opaco ante mi familia y mi propio yo. 
 
Sin descuidar lo profesional (muy por el contrario), Chile ofrece al provinciano un extenso ámbito para el desarrollo personal. No es mi intención vanagloriarme de lo obtenido por haber elegido a tiempo ser “ariqueño” más que “chileno” (santiaguino), sino transmitir el siguiente mensaje: Ya con más de 60 años, debiera sentirme viejo, pero gracias a Arica me faltará vida para disfrutar de los inumerables proyectos no financieros que me tientan. 
 
He comprobado que tanto el texto como las fotos han sido “pirateadas” en muchos sitios de la Web y en varios libros, sin mi autorización y pese a que tengo derechos de autor. No me importa, porque lo que me interesa es compartir información. Pero, por decencia y aunque no me importe figurar en lo personal, por lo menos espero que me pidan permiso, aunque no me mencionen, pero sí que la palabra “Arica” no debe omitirse. 
 
 
Cuando era paracaidista, era inevitable que me aislara de la familia. Los caballos, en cambio, han contribuido fuertemente a unirnos, y no sólo durante las cabalgatas. Basta un simple domingo para compartir lindos momentos en mi jardín.
 
Galopar en armonía con quien se quiere es una intensa experiencia lúdica, ¿podría generar momentos como éste, cuando y como quisiera y sin grandes preparativos si fuera “chileno” (santiaguino)?.
 
Mi hija menor (con su uniforme escolar) y mi nieto Israel: En cuanto podían corrían a nuestra casa para interactuar con Sansón, un pony de mal genio. Fotos del 2001; escenas de todos los días. ¡Cuántas vivencias acumuladas desde entonces!. A fines del 2006, siendo ya Israel un buen jinete todo-terreno y de picadero, reencontró y volvió a montar a Sansón.
 
Para la Navidad del 2005, cuando tenía nueve años y tras ocho meses de disciplinados esfuerzos por aprender a cabalgar como se debe, mi nieto Israel recibe su primer caballo propio, el Jisk’a (”chico” en aymara). Este no fue un simple regalo del bolsillo del abuelo. Mis amigos Carlos Requena y Carlos Jr. y Jerónimo el arriero, dedicaron muchas horas buscando al animal apropiado y transportándolo hacia y luego desde Putre para iniciar su doma en la cordillera. Es que en Arica los amigos y colaboradores son parte de la familia y ésta quiso premiar el esfuerzo de Israel incorporándolo a nuestro ámbito ecuestre. La gratuita gestión de todos ellos supera inmensamente lo que invertí en el Jisk’a. 
 
 
Al día siguiente, mi hija Valeria y su prima Lina de Suecia llegaron a Arica por vía aérea, sin sospechar la sorpresa que les esperaba. Con otros dos jinetes las aguardábamos con caballos para ellas a la salida del edificio del aeropuerto y así, a un galope suave, atravesamos los 6km de pampa y luego entramos a Arica... 
 
Del avión al caballo...
 
Linda aventurilla, pero es sólo una entre muchísimas otras que hemos gozado gracias a las posibilidades de Arica. Y si no hay más planes, pues cabalgamos por nuestro vecindario o en nuestra parcela. Un ejemplo reciente: el 2008 adquirí una yegua adiestrada en un Centro Ecuestre. Hubo que re-adiestrarla para que se acostrumbrara a las “amenazas” que ella percibía en campo abierto, pero no dejamos de aprovechar su capacidad para saltar y cada vez que quería revivir lo ya aprendido, Israel improvisaba con su padre un circuito de salto en nuestro jardín y la yegua, feliz, se los agradecía comportándose como una dama, como lo demuestra el video que sigue (Nota: si está leyendo desde Internet, el archivo puede demorar algunos minutos en cargarse. Puede pasarlo por alto si quiere...): 
 
 
 
Algunas de nuestras cabalgatas son largas, difíciles y peligrosas, pero éstas son obviamente esporádicas, dependiendo de la ocasión y de nuestro tiempo disponible. Pero casi no hay festivos, sábados ni domingos que no aprovechemos para hacer paseos tranquilos y cortos (una a ocho horas) por nuestro vecindario, con la familia, amistades y alumna(o)s y aprovechando nuestros tan diversos parajes y atractivos a lo largo de las rutas que conocemos bien. Algunas de éstas las describimos en este e-book y la foto siguiente muestra nuestras alternativas dominicales, pero aún queda tanto espacio... 
 
Tramos conocidos para cabalgar antes o después de un asado en nuestras parcelas vecinas a la ciudad. Y aún nos queda espacio para varios años...
 
Aprovechando lo mucho que hemos aprendido, mi amigo y compañero de aventuras, Carlos Requena, consiguió crear la infraestructura necesaria para ofrecer a los compatriotas y turistas parte de lo que Arica tiene para ofrecer en el ámbito ecuestre. Yo sólo colaboro con pero no soy parte de esta financieramente benigna gestión comercial. Mayores detalles al respecto, incluyendo un video promocional, en este link
 
En definitiva, si su vida es monótona y asfixiante y ama a los caballos, hágase ariqueño y le cambiará la vida. Para disfrutar de una vida tranquila matizada por aventuras ecuestres, Arica es insuperable, aunque muchos ariqueños no lo sepan...